Bibliotecas de semillas para preservar variedades únicas

Bibliotecas de semillas para preservar variedades únicas

Bibliotecas de semillas para preservar variedades únicas

Conseguir semillas en algunos pueblos de Aragón es tan fácil como conseguir un libro: basta con ir a la biblioteca municipal. El único requisito es cultivar para mantener viva la simiente y devolver el año siguiente al menos la misma cantidad que se retiró


Eva M. Rull | Especial para El Ágora
Madrid | 9 julio, 2021


Ir a la biblioteca y retirar una variedad local de semilla ya es posible, al menos en Aragón. La red comarcal de Bibliotecas verdes de la comarca de Somontano de Barbastro ha ideado este sistema para recuperar simientes que estaban desapareciendo de los campos. Quien quiera puede ir y cultivar estas variedades con el único compromiso de devolver al año siguiente al menos la misma cantidad que se le prestó. De esta forma se garantiza la productividad de las semillas, es decir, que estas se mantenga fértiles generación tras generación, y el compromiso de los vecinos por mantener vivo su patrimonio tradicional y autóctono. “

“Estamos consumiendo semillas creadas en laboratorio que ni siquiera son fértiles de un año para otro, cuando tenemos un gran capital de variedades adaptadas de forma natural a climas extremos. Además de ser parte de nuestro patrimonio, estas semillas tienen mayor resistencia a plagas y enfermedades y mayor capacidad de adaptación a las condiciones locales. Por eso necesitan menor aporte de insumos externos como plaguicidas o fertilizantes con el efecto negativo que estos tienen para los ecosistemas y la salud humana. Tienen usos y cualidades específicas que forman parte de nuestra gastronomía, enriquecen nuestra base alimentaria, contando con sabor y aroma. Son más adaptables y permiten trabajar con sistemas agrícolas diversificados y complejos. Además, favorecen el desarrollo de la economía local”, explican desde el área de Desarrollo de la comarca.

Todo empezó en 2014 con una campaña de sensibilización sobre el interés de las variedades locales. “Entonces se hizo un llamamiento para que quien tuviera semillas nos las diera”, dice Nuria Gil, portavoz comarcal. Durante ese programa, bautizado como “Tu semilla es un tesoro” se recogieron unos 170 tipos diferentes de plantas hortícolas, cereales y frutales que se estaban perdiendo. El trabajo se llevó a cabo durante dos años y afectó a unas 50 localidades. Para hacerse una idea se obtuvieron nada menos que 150 registros de tomates, también de los de colgar, una variedad de invierno típica de esta zona.

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Distintos tipos de hortalizas locales se exhiben en unas jornadas organizadas por la Red de Semillas de Aragón. | RSA

Se fue casa por casa buscando entre los terrenos los tesoros de las familias. Algunas simientes salieron de los bolsillos de viejos abrigos y algunas descansaban en antiguos arcones. Muchas habían pasado de padres a hijos. Y es antes de que llegara la agricultura industrial, cuando dos personas se casaban, los parientes de los contrayentes que no eran del mismo pueblo, regalaban las mejores semillas de sus comarcas de origen. Estas se guardaban en casa como si fueran un tesoro.

Desde el inicio de las campañas contaron con el apoyo del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y la Red de Semillas de Aragón, una organización formada por personas y entidades que se encargan de recuperar variedades. El objetivo era aprender el mejor método para recoger, almacenar, conservar y ofrecer en buen estado estas semillas a los nuevos hortelanos que desearan incorporar esta biodiversidad en sus huertas. En esa primera edición participaron 50 voluntarios.

Semillas y tiempo

En algún caso le han tenido que echar bastante paciencia al tema de la recuperación, ya que para que esto se produzca tiene que plantarse cierta cantidad de simiente y, además, que esta sea productiva. “Ha habido años que se han plantado 50 semillas de algunas especies y han salido solo tres plantas. Se necesita tiempo para ir haciendo semillero y que los voluntarios estén dispuestos a reservar un trozo de terreno para apostar por estas variedades para que se multipliquen”, cuenta Gil.

Hay varios ejemplos de éxito de este programa de conservación en la zona. El más famoso es el del tomate rosa de Barbastro. Esta variedad local se estaba perdiendo hasta hace unos diez años, momento en el que se decidió intervenir. Su producción ha pasado de los 50.000 kilos a unos 2.250.000 en 2019, según medios locales y, aunque se sigue trabajando de forma artesanal, este tomate ha conquistado los mercados de Madrid y Barcelona. Por su parte, la localidad de El grado decidió invertir en sus variedades tradicionales de frutales. Un trabajo muy adecuado respecto al cambio climático, porque se trata de especies adaptadas de forma natural al clima seco y árido.

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Diferentes tipos de semillas ordenadas y catalogadas en unas jornadas organizadas por la Red de Semillas de Aragón. | RSA

Tras años recopilando semillas, la comarca decidió primero convertir las bibliotecas municipales en lugares de difusión ambiental y después en semilleros o, como las llaman aquí, guardianas de la biodiversidad hortícola tradicional. La primera experiencia de este estilo de la que se tiene constancia es una biblioteca en la ciudad de Quebec en Canadá creada en 2015.

Este es el germen, porque este tipo de instituciones se está apareciendo por todo el mundo. Solo en EEUU ya se contabilizan más de 500 iniciativas como esta, pero es que de bancos de semillas hay cerca de 2.000. El más grande de ellos es el del archipiélago noruego de Svalbard. Además, “al participar en el proyecto, los usuarios colaborarán aportando los datos sobre sus cultivos en Conectat-e, la primera Wikipedia creada para recoger y transmitir conocimientos tradicionales sobre plantas, animales, hongos, variedades tradicionales y ecosistemas”, concluyen desde la comarca.



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