El coronavirus deja sin mano de obra al campo - EL ÁGORA DIARIO

El coronavirus deja sin mano de obra al campo

En plena campaña de recogida de frutos rojos y espárragos y a apenas dos semana de que comience la cosecha de cerezas y fruta dulce, el campo español empieza a tener dificultades para la contratación de mano de obra por el cierre de fronteras que impide que temporeros de Rumanía, Polonia, Bulgaria o África Subsahariana cubran las necesidades de un sector esencial en tiempos de pandemia


La agricultura, la ganadería y la pesca son sin lugar a dudas sectores estratégicos que garantizan el alimento básico y esencial para la población en tiempos de pandemia.

La llegada de la primavera trae consigo una de las épocas de más actividad en el campo. En Huelva ya están inmersos en plena campaña de recogida de frutos rojos y fresas, donde habitualmente se precisan en torno a 15.000 trabajadoras procedentes de Marruecos fundamentalmente.

Este año antes del cierre de fronteras como medida de contención de la difusión del coronavirus, solo dio tiempo a que entraran 6.000 de esas jornaleras lo que tensiona la necesidad de mano de obra en las explotaciones que, en muchos casos, ya dan por perdida la cosecha no recogida.

Pero, además, una vez que finalice la temporada de frutos rojos esas 6.000 mujeres no podrán regresar a su país y desde el Gobierno se buscan soluciones para ampliar sus permisos de trabajo y buscarles reubicaciones laborales en otras campañas de otras regiones según ha explicado a este diario el responsable del campo de CCOO José Fuentes.

Llegan importantes cosechas de fruta

Fuentes apunta que este mes comenzarán las campañas de recogida de la cereza, melocotón y nectarina, y la fruta de hueso con especial incidencia en Murcia, Extremadura y Aragón, Lleida o La Rioja que ya ven que sus recursos humanos, que habitualmente proceden de centro Europa este año no podrán venir a trabajar.

Y de estirarse el cierre de fronteras nos metemos en la vendimia para la que se necesitan más de 150.000-170.000 temporeros.

Pese a que la agricultura siempre ha sido un sector refugio, como ya se vio en el año 2008, la cercanía de las principales campañas hace temer que haya dificultades para conseguir la mano de obra necesaria que garantice que esas cosechas lleguen a los hogares. Y las organizaciones agrarias y los sindicatos piden al Gobierno que atienda a esta circunstancia para facilitar las contrataciones y los requisitos para acceder a los puestos de trabajo.

José Fuentes ha explicado que se está haciendo un llamamiento a desempleados por la crisis del coronavirus y a quienes suelen entrar en la hostelería por estas fechas para cubrir esa mano de obra, ya que dado el cierre de los restaurantes ahora pueden ver el campo como una opción alternativa.

Además, como así lo ha explicado el ministro de Agricultura, Luis Planas, se está trabajando para flexibilizar las limitaciones al transporte que impone el Estado de Alarma para garantizar los desplazamientos de estos trabajadores haciéndolo compatible con las medidas de seguridad que impone la prevención del riesgo de contagio de coronavirus.

En este sentido organizaciones agrarias, sindicatos y Administración está trabajando en la autorización del uso de transportes colectivos, como los autobuses escolares, con las convenientes medidas de seguridad y prevención para desplazar a las cuadrillas desde los alojamientos a las fincas.

Una de las cosas que más preocupan es que en 20 días va a comenzar la temporada de la cereza en el Bajo Aragón, así como en la zona de Caspe y Maella. Muchos de los temporeros están en otras provincias y no se sabe si van a poder acudir ni cómo se van a poder trasladar a las fincas, explican desde UAGA Teruel.

La organización añade que las campañas de olivar, almendra y cereal (aunque la cosecha se prevé en un par de meses) ya están finalizadas por lo que la crisis no las ha afectado de lleno.

En concreto en Aragón, el sector necesita más de 15.0000 personas para poder desarrollar las labores agrarias y ha sido el propio presidente aragonés, Javier Lambán, el que trasladó ayer al presidente del Gobierno la necesidad de plantearse una legalización provisional de aquellos empadronados en los municipios que no tienen regularizada la documentación para trabajar, como se hizo con anterioridad con personas procedentes de países con conflictos bélicos.

El dirigente aragonés insistió en la Conferencia de presidentes celebrada ayer telemáticamente que “en las actuales circunstancias va a ser muy difícil que se produzca la recogida, con el agravante de que esta actividad no es demorable porque sencillamente madurará y se caerá de los árboles”.

El cierre de las fronteras de la Unión Europea por la pandemia del coronavirus impide la llegada de unos 300 uruguayos que todos los años participan desde últimos de marzo en la campaña de esquileo de ovejas en Extremadura, cuyo retraso está asegurado e incluso existe la amenaza de que queden animales sin pelar.

En declaraciones a la Agencia EFE, el gerente de la sociedad agraria extremeña Fovex, Gaspar González, explica que sólo han conseguido traer a 14 uruguayos antes de que se cerrasen las fronteras: un número “a todas luces insuficiente” para cubrir la demanda de sus ganaderos.

Europa tampoco tiene manos para el campo

En el resto de Europa la situación no es tan cercana en el tiempo pero el problema es el mismo. El cierre de fronteras en la Unión Europea (UE) les deja sin la imprescindible mano de obra extranjera en la recogida de sus cosechas, más de 500.000 trabajadores solo en el caso de Alemania y Francia.

Las autoridades alemanas han lanzado una iniciativa para contratar hasta 300.000 trabajadores para afrontar las próximas cosechas de espárrago, fresa y col, con la sugerencia de que se sumen efectivos de otros sectores actualmente paralizados por la pandemia.

Temen las consecuencias, por ejemplo, de la falta de temporeros polacos en la recogida del espárrago, imprescindible para el consumidor alemán y presente en el menú del país durante la primavera.

En el caso de Francia, su ministro de Agricultura, Didier Guillaume, ha hecho un llamamiento a los desempleados y a las personas que se encuentren sin actividad por las medidas de confinamiento a trabajar en el sector agrario, que tiene actualmente 200.000 empleos directos sin cubrir.

Desde el principal sindicato agrícola francés, FNSEA, han puesto en marcha una plataforma para poner en contacto a posibles candidatos con los agricultores, bautizada “Brazos para tu plato”, además de expresar sus protestas por la entrada de producto español (espárrago y fresa) a precios bajos en la gran distribución.

En Italia, uno de los países más castigados por el coronavirus, la situación es delicada desde hace semanas, cuando los trabajadores extranjeros volvieron a sus países, dejando al campo sin su mano de obra mayoritaria y reclamando facilidades para contratar y atraer a los nuevos desempleados que está dejando esta crisis.

De acuerdo a los datos de su patronal agrícola, Confagricoltura, ven peligrar la recogida de fresa, cereza y melocotón, entre otros cultivos; también están muy afectados los sectores de flores y plantas, la leche fresca y los quesos de corta conservación como la mozzarella, y el vino.

Sus peticiones coinciden con las planteadas por los agricultores austríacos, que sin los temporeros extranjeros buscan trabajadores locales para asegurar el suministro de alimentos, sean desempleados, ayuda del Ejército o los 30.000 refugiados con permiso laboral.

Se estima que cada año unos 13.800 trabajadores de países como Hungría, Eslovaquia o Rumanía trabajan en diferentes campañas agrícolas en Austria, como la del espárrago o el rábano, que comienza en abril.

La otra cara de la moneda es Marruecos, donde las restricciones a la movilidad no han afectado a su sector agrícola y cuyos productores han admitido que sus exportaciones han comenzado a beneficiarse de la crisis sanitaria en España, Italia y Portugal, y han visto aumentar su demanda en los países del Norte de Europa y Norteamérica.

Esta crisis pone de manifiesto el carácter estratégico de la seguridad alimentaria en Europa y demuestra, una vez más, que la PAC debe contar con un presupuesto suficiente, en su actual nivel.


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