Tecnología para rentabilizar la agricultura de precisión en pleno cambio climático - EL ÁGORA DIARIO

Tecnología para rentabilizar la agricultura de precisión en pleno cambio climático

El Pacto Verde Europeo y los compromisos mundiales hacia la descarbonización, junto con el impacto del cambio climático, empujan a la agricultura a un cambio de paradigma en el que la precisión en el uso de recursos se hace más necesaria que nunca


La agricultura es el sector más castigado por los desastres naturales. Según el último informe sobre el impacto de las catástrofes climáticas, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el grueso de las pérdidas provocadas por desastres naturales se produce en el sector agrícola, que padece un 63% de las repercusiones de catástrofes, un desproporcionado porcentaje frente a otros sectores como la industria, el comercio o el turismo.

La única manera que apuntan los expertos para afrontar este desolador panorama es apostar por la innovación y nuevas herramientas para la recopilación de datos, como la compilación de información geoespacial, los drones y la robótica, sin olvidar, especialmente en el caso de España, la reconversión hacia variedades más resistentes a la salinidad o a la sequía.

Agricultura de precisión

Un sistema de visión artificial detectará la almendra amarga para poner fin a su comercialización en España

En este contexto el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación se ha erigido como uno de los grandes impulsores de la sostenibilidad para hacer frente al cambio climático, y ha destacado en reiteradas ocasiones la imprescindible necesidad de apostar por la innovación en todos los procesos de la cadena agroalimentaria, así como por la digitalización del sector; herramientas que permitirán mejorar la competitividad y, con ello, la rentabilidad de todos los actores que participan en el ecosistema agrario, garantizando de esta forma, además, el necesario relevo generacional.

La agricultura es uno de los motores de la economía española por su aportación directa e indirecta al Producto Interior Bruto (PIB), así como a la generación de empleo, proporcionando una estabilidad al alcance de muy pocos sectores.

Los datos así lo han demostrado, especialmente durante el año pasado, cuando se convirtió en el sector con mejor resiliencia ante la Covid-19: cerró 2020 con un aumento del 4,9% del PIB, frente a los descensos generalizados en el resto de las actividades. Asimismo, la agricultura también fue la única rama económica que aumentó su Valor Añadido Bruto (VAB) en 2020, con un avance del 4,7%, lo que supone la cifra más alta desde 2004.

Esta importancia estratégica y el desafío que tiene ante sí la agricultura la obliga a impulsar constantemente procesos de innovación y mejora, en aras de conseguir producir más con menos, haciendo frente, entre otras, a la escasez de recursos y las consecuencias derivadas del cambio climático, al continuo aumento de la población o a la necesidad de reducir las huellas hídrica y de carbono.

Retos en los que solo se puede avanzar con innovaciones y nuevas tecnologías capaces de garantizar el futuro de los agricultores, dando respuesta, de forma integral, a los retos en materia de sostenibilidad, innovación, digitalización, relevo generacional y rentabilidad.

El reto de optimizar el uso de cada gota de agua que se utiliza para producir alimentos es uno de los más urgentes; y España está en una buena posición para afrontarlo, gracias en gran medida a su capacidad de reutilización de aguas regeneradas para el regadío, y al puntero y modernizado sistema nacional de regadío, donde la premisa de que cada gota cuenta y se cuenta es una auténtica realidad. Así lo demuestra el hecho de que, a pesar de haberse incrementado las hectáreas regables, el regadío ya ha logrado disminuir un 20% su consumo de agua.

En esta apuesta por la mejora de la utilización del agua encontramos en España claros ejemplos de éxito.

La agricultura de precisión quintuplica los rendimientos del almendro

El almendro ocupa, tras el olivar y el viñedo, el tercer puesto en España por superficie de cultivo, consolidándose año tras año como el fruto seco de mayor importancia en el arco Mediterráneo. 

Actualmente, la superficie de cultivo de almendro supera en España las 657.000 hectáreas, una cifra que ha crecido un 25% en el último año por el creciente interés de los productores en este fruto debido a la creciente demanda a nivel global (las cifras hablan de 200.000 nueva hectáreas de almendro en España, según el Ministerio de Agricultura).

Una de las claves del cultivo de almendro, para obtener una adecuada rentabilidad, radica en el regadío. En España, el 90% de su producción se desarrolla en secano, lo que reduce notablemente la productividad, con un ratio medio de 150 kilos por hectárea que, como mucho, puede alcanzar los 500 kilos por hectárea.

Sin embargo, con la instalación de riego, el uso de variedades autofértiles de floración tardía y extratardía, y la aplicación de nuevos modelos agronómicos más rentables y eficientes, se han logrado alcanzar, e incluso superar, los 2.500 kilos por hectárea.

La disponibilidad del agua y su precio en muchos territorios de España suponen otro obstáculo añadido a la hora de mejorar la rentabilidad del cultivo extensivo, tal y como señalan desde Suez, una compañía líder en la gestión de recursos hídricos y servicios medioambientales que a través de su división de Agricultura, ha desarrollado una ambiciosa apuesta para impulsar los cultivos de alto valor, asesorando de forma personalizada a los productores en el manejo sostenible del agua, ofreciéndoles la posibilidad de producir este fruto seco en zonas más frías, paliando la escasez de agua de territorios de climatología más suave, sin poner en riesgo la producción al evitar la amenaza de las heladas primaverales, y mejorando con todo ello la rentabilidad del agricultor.

Así se ha demostrado en las más de 180 hectáreas de Aragón en las que se ha aplicado este sistema de gestión integral, o en las más de 130 hectáreas de Ciudad Real en las que se ha impulsado la transformación de cultivo extensivo a almendro.

El caso del aguacate

Otra de las producciones que avanza en sostenibilidad y rentabilidad, al tiempo que reduce a marchas forzadas su huella hídrica, es el aguacate.

El consumo de este superalimento no deja de crecer, y España se ha convertido en el último año en el país europeo con mayor nivel de exportación (se vendieron 80.000 toneladas de aguacate, generando a los agricultores rendimientos superiores a los 180 millones de euros).

Márgenes que serían absolutamente inalcanzables si no se realizase una producción sostenible y en consonancia con las demandas de mercado, teniendo en cuenta además que el árbol del aguacate tiene una vida útil superior a los 20 años, por lo que resulta imprescindible un conocimiento de la tierra adecuado que permita maximizar la producción.

En este sentido, para obtener una cosecha productiva es necesario que el fruto cuente con un riego constante de agua, y además,  esta debe ser repartida con precisión, por lo que es fundamental contar con sistemas de riego eficientes y dotarse de innovaciones tecnológicas que permitan optimizar el uso de los recursos.

Uno de los aspectos más destacados, que contará con financiación adicional de los Fondos de reconstrucción y resiliencia, es precisamente la digitalización del sector agrario, la incorporación de nuevas tecnologías y la utilización de energías renovables para la alimentación energética del bombeo, viables técnica y económicamente.

Tics que Suez Agriculture también ha desarrollado para la fase de gestión de la finca, incorporando imágenes por satélite y modelos predictivos, tanto de cosechas como de plagas y enfermedades, implicándose también en el análisis de ciclo de vida, con el estudio de la huella hídrica y la huella de carbono, y con la certificación de estas como garantía de sostenibilidad ante los mercados.

Política Agraria Común

En este contexto ha de tenerse en cuenta, además, que los cambios previstos en las directrices de la nueva Política Agraria Común (PAC), de cara a la recepción de las ayudas, supondrán un factor limitante para muchos productores que no den ese paso hacia estos proyectos de alto valor, que impulsen procesos de transformación y que suponen una herramienta fundamental en el camino hacia el relevo generacional.

Cerezo en flor en el Valle del Jerte, Cáceres

España cuenta con el clima, el agua y el suelo necesarios para hacer este cambio, y las empresas con el conocimiento y la innovación para proporcionar las herramientas tecnológicas y agronómicas para abordarlos, así como con el conocimiento para que el cambio sea una realidad altamente rentable para los agricultores.

Asimismo, no hay que olvidar que la agricultura, manejada desde un punto de vista sostenible, posee un gran potencial para revitalizar los paisajes rurales, cohesionar el territorio, generar crecimiento inclusivo en las zonas más desfavorecidas y lograr un cambio positivo en el marco de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, que dota al agua y a la agricultura de un papel muy destacado.


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