Belén Rosado, una matemática española en la Antártida

Belén Rosado, una matemática española en la Antártida

Belén Rosado, una matemática española en la Antártida

La presencia española en el continente helado, un epicentro de investigación climática y protección ambiental, es elevado. Hablamos con una matemática que lleva seis años acudiendo al continente helado para estudiarlo


Ana Alemany
Madrid | 10 junio, 2022


La Antártida, ese sexto continente que permanece helado en la mayor parte de su extensión, es una auténtica desconocida. Su hostilidad, lejanía y el estatus que le concede la Declaración de Patrimonio de la Humanidad por el Tratado Antártico el 1 de diciembre de 1959 hacen que sea un lugar del mundo de difícil acceso.

Este tratado, firmado por 53 países desde entonces, convierte a la Antártida en un lugar con fines pacíficos, desmilitarizado, dedicado a la investigación científica y cooperación internacional. También queda prohibida la explotación de sus recursos naturales y es obligada la protección de sus ecosistemas.

España se adhirió al Tratado Antártico en 1982 y fue admitida como Parte Consultiva en 1988. Y, desde entonces, una élite de científicos, militares y demás personal español han podido disfrutar, mientras trabajan, de este continente tan desconocido. Una de ellas es Belén Rosado, doctora en Matemática y profesora en la Universidad de Cádiz. La investigadora nos explica en qué consiste una campaña en la Antártida, desde que se planifica hasta que concluye. La de este año ha sido su sexta campaña, por lo que es ya toda una veterana, a pesar de su juventud, porque Belén cuenta con 30 años.

“Belén Rosado es ya toda una veterana en el Polo Sur a pesar de su juventud; ha realizado seis campañas a sus 30 años”

Paisaje en la isla Livingston, Antártida.

PREGUNTA.- Cuéntenos para ‘El Ágora’ cómo es el viaje desde su casa, en Cádiz, hasta la Base Gabriel de Castilla, en la isla Decepción.

RESPUESTA.- El viaje desde Cádiz se planifica meses antes. Las dos ciudades de entrada a la Antártida son Punta Arenas en Chile o Ushuaia en Argentina, en función del calendario de la campaña antártica, y en una de esas ciudades se tomará el barco que nos llevará a la Antártida. También puede ocurrir que se viaje hacia la Antártida en avión, cogiéndolo en Punta Arenas y yendo hacia el aeródromo situado en la isla Rey Jorge. Allí, nos recoge alguno de los buques españoles y nos lleva a las bases. Éste último fue mi itinerario este año: Jerez-Madrid-Santiago de Chile-Punta Arenas-isla Rey Jorge.

Este año, por la situación de la pandemia, tuvimos que cumplir los requisitos del protocolo COVID para acceder a la Antártida. Tuvimos que hacer un período de cuarentena de siete días en un hotel en Punta Arenas, realizándonos varias pruebas PCR. Si todas ellas salían negativas, podíamos continuar nuestro viaje a la Antártida.

Una vez en Rey Jorge, nos recogió el buque Sarmiento de Gamboa para llevarnos a las distintas bases españolas. La primera parada fue en la isla Livingston, para desembarcar al personal que iba a la base Juan Carlos I. Al día siguiente nos marchamos a la isla Decepción, donde desembarqué en mi querida base Gabriel de Castilla el 27 de enero de 2022, comenzando así mi sexta campaña antártica.

El Sarmiento de Gamboa navegando entre los hielos antárticos
El buque oceanográfico ‘Sarmiento de Gamboa’, navegando entre los hielos antárticos

P.- ¿En qué consiste su trabajo?, siempre que la meteorología lo permita, claro.

R.- El investigador principal de los dos proyectos en los que trabajamos es Manuel Berrocoso Domínguez, catedrático de matemáticas de la Universidad de Cádiz. Lleva más de 30 años realizando investigaciones en la Antártida, siendo uno de los pioneros en la investigación española en la Antártida.

Uno de los proyectos es el llamado Mantenimiento de series temporales geodésicas geotérmicas y oceanográficas en las islas Livingston y Decepción durante la campaña 2021-2022.

“Nuestro trabajo consiste en la vigilancia volcánica de la isla Decepción”

Nuestro trabajo consiste en la vigilancia volcánica de la isla Decepción desde el punto de vista de la deformación. La isla Decepción es un volcán activo cuyo último proceso eruptivo fue de 1967 a 1970, y por eso cada año, científicos de la Universidad de Granada y desde hace dos años también del IGN (Instituto Geográfico Nacional), realizan la vigilancia volcánica desde el punto de vista sísmico, y nosotros desde el punto de vista de la deformación, es decir, medimos cómo y cuánto se deforma la isla.

Hielo flotante en la Antártida. | Foto: Pixabay

Dentro de este proyecto también se incluye el mantenimiento de series temporales geodésicas, que consiste en la instalación de equipos GPS en distintos puntos de la isla para controlar la deformación. Además, realizamos el mantenimiento de series temporales geotérmicas, para lo cual tenemos una estación termométrica en una zona de la isla llamada Cerro Caliente, que se caracteriza por tener anomalías térmicas en el suelo, que puede alcanzar los 80 grados.

Y por último llevamos a cabo el mantenimiento de series temporales oceanográficas, con el fondeo de varios mareógrafos para medir la temperatura y el nivel medio del mar en otro punto de la isla.

El otro proyecto es el Seguimiento y vigilancia de procesos geodinámicos activos mediante deformaciones geodésicas GNSS en diferentes escenarios: Golfo de Cádiz, Antártida y Latinoamérica. Para ello, a finales de enero instalamos equipos GPS en distintos puntos de las islas Shetland del Sur, con el apoyo del buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa.

“’El Polo Sur es una vía de inspiración constante, un auténtico paraíso para poder investigar’, afirma Belén Rosado”

P.- ¿Cómo es un día normal en la base antártica?

R.- A las 8:00 horas se toca diana. Los que están de servicio ponen música para que todos nos levantemos, y a las 8:20 es el desayuno. A las 9:00 comienzan las actividades programadas para la mañana. A las 15:00 es la comida y las 16:30 se reanudan las actividades de la tarde.

A las 20:00 tenemos la reunión de coordinación de cada día, donde le decimos al jefe de la base lo que hemos hecho durante el día y los trabajos que tenemos programados hacer para el día siguiente, para que pueda coordinar todas las actividades a realizar y los apoyos que necesitaremos, siempre condicionados por la meteorología.

A las 21:00 es la cena, y las 23:00 h a descansar. Es cierto que, como nos estamos desplazando continuamente por toda la isla, se necesita una buena condición física para realizar el trabajo de manera cómoda y eficaz.

Este horario se cumple de lunes a domingo, los 7 días de la semana.

Una panorámicaa de la isla Decepción, en la Antártida, con tres veleros anclados en la bahía. |FOTO: Nikolay Khil
Una panorámicaa de la isla Decepción, en la Antártida, con tres veleros anclados en la bahía. |FOTO: Nikolay Khil

“En la Antártida se aprovecha hasta el último minuto de los tres meses que suele durar una campaña”

P.- ¿Y si la meteorología no lo permite? ¿Qué se hace esos días?

R.- Entonces aprovechamos para hacer trabajo de ordenador en el módulo científico, realizando análisis de datos. En la Antártida se aprovecha hasta el último minuto de los tres meses que suele durar una campaña.

P.- ¿Qué fauna encuentra en la isla Decepción? 

R.- Es muy diversa. En la isla tenemos una de las mayores pingüineras de pingüino barbijo (Pygoscelis antarcticus) de las Islas Shetland del Sur. También solemos ver pingüinos papúa y algún adelia. Además, hay focas cangrejeras y de Wedell, y focas leopardo, que son las más peligrosas. Tenemos también lobos marinos, que comienzan a venir a la isla a finales de enero y ocupan prácticamente todas las playas de la isla.

P.- ¿Suelen colaborar con las bases vecinas?

R.- A 1,5 kilómetros aproximadamente está la base argentina, que permanece abierta también durante el verano austral. En cada campaña hacemos una comida de confraternización, pero debido a la pandemia no ha sido posible realizarla ni tener apenas contacto con ellos, pues los protocolos COVID de España y Argentina son distintos.

Restos de antiguas perquerías en la isla Decepción, en la Antártida. | FOTO: Nuek66
Restos de antiguas perquerías en la isla Decepción, en la Antártida. | FOTO: Nuek66

P.- La solidaridad antártica tiene fama, ¿es cierto?

R.- El sentimiento de cooperación que existe ojalá se pudiera tener en el resto del mundo. Es una de las mejores cualidades que tiene la Antártida.

Nosotros, en la base, contamos con buen acceso a internet mientras que en la base argentina no disponen de las mismas comunicaciones. El equipo español les instaló los equipos necesarios para que tuvieran conexión a internet, respetando en todo momento los requisitos del protocolo COVID español.

O, cuando surgió el brote de COVID en el Hespérides, éste no pudo ir a la base y traernos los víveres que se esperaban. Los compañeros de la base argentina nos suministraron los alimentos puntuales que nos faltaron.

“Para la investigadora la Antártida es ‘un sueño cumplido’, a nivel profesional y personal”

P.- Para terminar, cuéntenos qué es para usted la Antártida

P.- Es un sueño cumplido. A nivel profesional, supone una vía de inspiración constante, un auténtico paraíso para poder realizar mi investigación. Ir a trabajar cada día caminando por una isla volcánica y encontrar a pingüinos andando por la playa, o que de repente salga un lobo marino del agua… O ir en zodiac a algún punto de la isla, navegando por la bahía interior inundada de un volcán y que comience a nevar mientras el frío congela tu cara… Es una experiencia única e inolvidable.

A nivel personal, cambió mi vida y cambió mi forma de pensar. Estar en contacto con la naturaleza de esa forma tan intensa y pura, hace que tenga conciencia de lo pequeños que somos, pero de las cosas tan grandes que podemos hacer.

Cada campaña, la isla no cambia, a excepción de la cantidad de nieve que pueda tener. Pero lo que realmente hace valer una campaña son las personas que se conocen allí.

Convivir varios meses con personas de distintos lugares, edades y profesiones, trabajando codo con codo para que las investigaciones de todos se puedan hacer, para que todo en la base funcione, hace que se creen vínculos que permanecen para siempre.

Al inicio de la campaña somos desconocidos, pero al finalizarla somos algo que solo se entiende si se ha tenido el privilegio de realizar una campaña antártica: una nueva familia, la familia antártica.

«Ha sido la primera campaña polar en la que ‘mi padre no me ha despedido en el aeropuerto’, dice Belén Rosado recordando a su progenitor recientemente fallecido»

Esta campaña 2022 para mí tenía un valor especial. Esta ha sido mi sexta campaña antártica, pero en muchos sentidos ha sido la primera. Antes de 2020 realicé cinco campañas antárticas seguidas, pero en febrero de 2020 mi padre falleció, y desde entonces no había vuelto.

Este 2022 he podido volver a la Antártida, a mi isla Decepción, siendo la primera campaña en la que mi padre no me despedía en el aeropuerto, no me preguntaba cómo estaba yendo la campaña, no explicaba orgulloso todo lo que su hija estaba haciendo en el sur del mundo ni me recibía al volver a casa.

Ha sido la primera campaña en la que mi mayor admirador no ha podido viajar conmigo a mi isla Decepción, disfrutar conmigo cada día de la campaña y entender por qué la Antártida enamora de esta manera.



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