La Antártida, el único lugar (por ahora) libre de covid-19 - EL ÁGORA DIARIO

La Antártida, el único lugar (por ahora) libre de covid-19

Los científicos piden que se limite la presencia humana en la Antártida y se extremen las medidas de prevención en los contactos con la fauna. Una zoonosis inversa podría ser devastadora para los animales del continente helado, en especial para los cetáceos


El coronavirus ha llegado a los confines del mundo y nadie está a salvo de contraer esta enfermedad que ha cambiado por completo las costumbres de la población. El único lugar del planeta que aún está libre de covid-19 es la Antártida, el continente cubierto de hielo. En estos 14 millones de kilómetros cuadrados tienen residencia permanente unas 140 personas pero la población varía entre 1.000 y 5.000 personas a lo largo del año debido, principalmente, a las estancias de investigadores de todo el mundo en las bases científicas y, en menor medida, al turismo.

Por ello, la comunidad científica ha propuesto un conjunto de recomendaciones para que el continente helado siga libre de coronavirus. Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han planteado limitar la presencia humana y extremar las medidas de prevención, en especial, en los contactos con la fauna.

Los cetáceos tienen gran riesgo de infección mientras que el peligro en focas y pingüinos parece menor

Entre las medidas propuestas, los científicos piden que se realice pruebas de PCR y se ponga en cuarentena a quienes vayan a visitarlo, el confinamiento de las personas con síntomas  así como la desinfección de todo el material textil y de manejo, cada vez que se tenga contacto con la fauna.

Además, plantean que durante el manejo de animales sea obligatorio el uso de gafas, guantes y equipos de protección y que el material de trabajo nunca debe dejarse desatendido evitando que la fauna pueda acercarse a él y debe limitarse al máximo el tráfico de personas entre las diferentes bases o barcos.

“Desconocemos el alcance que podría llegar a tener la expansión de este virus en la fauna antártica, por eso es imprescindible guardar la mayor de las precauciones”, señala en investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, Andrés Barbosa.

Zoonosis inversa

Los investigadores temen una llamada ‘zoonosis inversa’ (un salto del virus de un humano a un animal) en la fauna antártica cuyas consecuencias son impredecibles. Por ello, insisten en la importancia de que se aplique allí el principio de precaución para evitar infecciones en la fauna.

El grupo de trabajo de seguimiento de la salud de la vida silvestre antártica del Comité Científico para la Investigación de la Antártida (SCAR)  ha analizado qué posibilidades existen de que la enfermedad llegue y se expanda por el continente a través de las actividades relacionadas con la investigación y el turismo.

En la actualidad, los datos de los primeros análisis sugieren que los cetáceos tienen gran riesgo de infección mientras que el riesgo en las focas o los pingüinos parece menor.

“Hemos evaluado el riesgo de transmisión inversa, de humanos a animales, en la fauna antártica considerando la información disponible sobre la susceptibilidad de los hospedadores, las dinámicas de infección entre humanos así como las interacciones que se producen entre seres humanos y la fauna antártica”, explica el investigador del MNCN Andrés Barbosa.

Ballena jorobada sumergiéndose junto a unas personas en kayak.

Asimismo, ha explicado que las condiciones ambientales del continente son “a priori favorables para la estabilidad y propagación del virus” en las instalaciones cerradas de las bases donde conviven los investigadores o las embarcaciones, lo que podría facilitar la posible transmisión y expansión.

También ha alertado de que los cruceros turísticos podrían favorecer la transmisión entre humanos y, en función de sus movimientos, entre distintas localidades, el virus podría esparcirse “fácilmente por todo el continente”.

En concreto, ha añadido que a partir de lo que se conoce sobre la transmisión, el grupo de mayor riesgo sería el de los equipos de investigación que entran en contacto con la fauna mientras que los turistas o el personal de apoyo solo suponen un riesgo significativo cuando se aproximan a menos de cinco metros de la fauna antártica.

A juicio de los investigadores, esos acercamientos “dadas las normativas que rigen en el continente helado, no deberían producirse en ningún caso”.

En definitiva, insisten en que todo lo expuesto se debe aplicar el principio de precaución y ser “extremadamente cuidadosos” hasta que futuras investigaciones demuestren la presencia humana en la Antártida es segura para el ecosistema austral.



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