La deforestación de la Amazonía se acelera a pesar del coronavirus

La deforestación de la Amazonía se acelera a pesar del coronavirus

Las alertas de deforestación en la Amazonía brasileña crecieron en mayo un 12,2%  y han obligado a Brasil a desplegar el ejército, tras un año en el que la tala de la selva fue la mayor en más de una década y con la amenaza de nuevos incendios este verano


El año pasado, las imágenes de la mayor selva tropical del planeta en llamas dieron la vuelta al mundo. La Amazonía ardía y las autoridades brasileñas parecían totalmente desbordadas por la situación. Sin embargo, y a pesar de que tras el verano los incendios remitieron, la acción humana sigue destruyendo el pulmón del mundo a una velocidad alarmante: las alertas de deforestación crecieron en mayo un 12,2% en relación al mismo periodo de 2019 y alcanzaron un nuevo récord para el mes desde que se empezaron a recopilar estos datos en 2015. Brasil ha decidido movilizar al Ejército para intentar contener una pérdida de biodiversidad que en 2019 vivió su peor temporada en once años.

Los datos no invitan al optimismo. De acuerdo con un estudio divulgado por el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE), la Amazonía brasileña perdió 10.129 kilómetros cuadrados de su cobertura vegetal entre agosto de 2018 y julio de 2019. Este área equivale al territorio de un país como Líbano y supone el mayor nivel de deforestación para un año desde 2008.

Y la deforestación ha continuado en esta primera mitad del año, a pesar de la emergencia que ha supuesto la pandemia de coronavirus, que ha arrasado Brasil convirtiéndolo en el segundo país con más víctimas mortales del mundo. En mayo, el mismo INPE contabilizó alertas de deforestación en 829 kilómetros cuadrados de la Amazonía brasileña. Esta superficie equivaldría a casi la mitad del área de Sao Paulo, la mayor ciudad de Suramérica, y aumenta la preocupación ante la posible aparición de incendios en esas zonas durante la época seca, que acaba de comenzar.

Pero lo que más contraría a las autoridades brasileñas es que la tala indiscriminada ha persistido pese a la presencia de tropas del Ejército desde principios de ese mes en la región, donde se desarrolla una operación para evitar la tala indiscriminada de árboles. Es la segunda vez que las Fuerzas Armadas se despliegan en la Amazonía, después de que en agosto pasado el presidente Jair Bolsonaro decidiera movilizar tropas para intentar contenter los incendios masivos. Ahora, más de 4.000 efectivos se han vuelto a desplegar en la selva tropical para intenar frenar los madereros ilegales.

Deforestación de la selva amazónica.

Sin embargo, la oposición y las organizaciones ecologistas brasileñas denuncian que dejar la coordinación de las operaciones para reprimir los incendios y la deforestación en manos de las Fuerzas Armadas en lugar de los organismos de inspección especializados puede traer complicaciones y comprometer su eficacia. De hecho, la inversión en la operación militar, de un mes de duración, supone casi la misma cantidad que el presupuesto anual del Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama), que es el encargado de realizar permanentemente acciones de control e inspección ambiental en todo el territorio brasileño.

Miedo al verano

A pesar del aumento de las alertas por deforestación en los últimos meses, lo que más preocupa a las autoridades ambientales brasileñas es la llegada de la temporada seca, que podría reactivar los incendios. Unos 4.500 kilómetros cuadrados de selva de la Amazonía brasileña, equivalentes a más de siete veces la superficie de Madrid, pueden ser quemados este año en Brasil, provocando una repetición anunciada de la crisis ambiental de 2019, según un estudio divulgado la ONG brasileña Instituto de Pesquisa Ambiental de la Amazonía (Ipam).

De acuerdo con los expertos, a finales de junio comienza la estación más seca y ardiente de la Amazonía, que este año puede incluso ser más fuerte que la que golpeó en 2019. En esta época es cuando empiezan las quemas en a Amazonía, que para este año se estima abarcarán 4.509 kilómetros cuadrados de selva (el área que ha sido deforestada hasta el momento). Este tipo de acciones generalmente es promovida por grandes hacendados que fomentan la deforestación de la selva para dar un nuevo uso a esas tierras y volverlas cultivables o convertirlas en pastizales para la ganadería.

Pese al crecimiento progresivo de la deforestación en los últimos tres años, desde los 6.947 kilómetros cuadrados destruidos en 2017, el área devastada en 2019 es casi la tercera parte de los 29.059 kilómetros cuadrados de cobertura vegetal que la Amazonía perdió en 1995, hasta ahora un récord. La deforestación en el último período fue un 3,76 % superior a la calculada por el mismo INPE en noviembre pasado, cuando el organismo, con base en un sistema de proyecciones, divulgó que la Amazonía había perdido en el último año 9.762 kilómetros cuadrados.

Fotografía tomada el 11 de agosto de 2019 por el satélite Aqua, que muestra desde el espacio los focos de incendios forestales en la Amazonía brasileña. | FOTO: Observatorio Terrestre de la NASA

De acuerdo con el Ipam, en 2019, el aire del Amazonas estuvo de media un 53% más contaminado que en 2018, una situación que en la coyuntura actual podría complicar la situación en la región, fuertemente azotada por la pandemia y con un servicio de salud colapsado. Y es que, cuando las quemas abarcan tanta área deforestada, cientos de personas terminan internadas en los centros de salud y hospitales de la región amazónica, y si el problema se repite este año la situación puede salirse de control, indica el informe.

Los expertos señalan que la mala calidad del aire, afecta especialmente a niños y ancianos en la Amazonía, pero también a las comunidades aisladas de indios que terminan respirando esas humaredas que llegan hasta sus aldeas impulsadas por los vientos. Lo que parece evidente es que una nueva temporada de incendios salvajes podría afectar seriamente a la ya dañada reputación de Bolsonaro y su retórica antiambientalista. De hecho, el líder ultraderechista defiende la explotación de los recursos naturales del mayor bosque tropical del mundo y ha condenado en repetidas ocasiones el “ecologismo extremista” de las ONG.

Greenpeace denuncia la importación española de carne procedente de la deforestación de la Amazonía

Greenpeace ha denunciado la importación de algunas empresas españolas de carne congelada procedente de la deforestación producida por la expansión ganadera en el interior de espacios protegidos de Brasil. En concreto, la organización ha asegurado que algunas empresas importadoras de esta carne congelada, principalmente ubicadas en el archipiélago Canario, “presumen de tener entre sus clientes a las grandes cadenas hoteleras como Barceló, Iberostar o N10 Hotels”.

Así lo pone de manifiesto una investigación conjunta de Greenpeace Brasil y Repórter Brasil, que, según ha asegurado la organización en un comunicado, “ha puesto en evidencia los vínculos entre la deforestación producida por la expansión ganadera en el interior de espacios protegidos de Brasil, las exportaciones brasileñas de carne congelada y el consumo de esta carne en los mercados internacionales, incluidos los países de la UE”.

La investigación de Greenpeace se centra en el Parque Estatal Ricardo Franco, un espacio protegido de 158.000 hectáreas creado en 1997 en la frontera entre Mato Grosso, en Brasil, y Bolivia, que fue creado bajo la categoría de ‘protección integral’. Según el análisis, desde la creación del parque, más de 12.000 hectáreas han sido deforestadas y, en la práctica, el 71% de su área es reclamada por el sector ganadero como propiedad privada.



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