Las fronteras artificiales desafían la adaptación animal

Un estudio encabezado por la Universidad de Durham concluye que las barreras fronterizas humanas suponen un enorme obstáculo para los animales que necesitan desplazarse, sobre todo por los impactos del cambio climático. Sus cálculos apuntan que unas 700 especies de mamíferos podrían verse atrapadas y sin posibilidad de adaptarse al nuevo escenario


El destino de la biodiversidad de este planeta no solo está sometido a la gravedad y distribución de los cambios en el clima, sino también al contexto humano en que ocurren. Por ejemplo, los conflictos entre naciones, la gobernanza e incluso las fronteras políticas pueden suponer fuertes factores que influyen en las tendencias de conservación de las especies.

En vista de los obstáculos que suponen las fronteras físicas entre países, un grupo de científicos dirigido por la Universidad de Durham, en Reino Unido, estudió alrededor de 32.000 kilómetros de fronteras fortificadas con vallas y muros para medir su potencial para frenar el movimiento de los animales.

Al mismo tiempo, se centraron en los impactos que podían tener en el movimiento de 12.700 especies de mamíferos y aves cuyos hábitats podrían verse afectados por el aumento de las temperaturas globales y, por lo tanto, obligados a desplazarse para encontrar espacios más favorables.

Las conclusiones arrojan que unas 700 especies (16,24%) de mamíferos no voladores pueden verse incapaces de adaptarse a un entorno de cambio climático debido a las barreras físicas humanas. De estos muros, el situado entre los Estados Unidos y México, las vallas a lo largo de la frontera entre China y Rusia y las que se están construyendo a lo largo de la frontera entre India y Myanmar podrían ser las más dañinas ecológicamente, advierten.

En concreto, en el estudio desvelan que solo el muro que separa los Estados Unidos de México solo podría obstruir el movimiento de 122 especies de mamíferos en un escenario de moderadas y altas emisiones. De entre las especies afectadas destacan algunas tan emblemáticas como el puma (Puma concolor), el coatí (Nasua narica) o el lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi).

Asimismo, destacaron que en este contexto las más de 2.000 especies voladoras podrían dispersarse sin ningún problema entre muchas de estas barreras, aunque con excepciones. Por ejemplo, el búho pigmeo ferruginoso (Glaucidium brasilianum) que habita cerca de la frontera entre EEUU y México podría obstaculizar su movimiento debido a su costumbre de no volar muy alto, de acuerdo con los autores, del mismo modo que podría ocurrir con insectos o especies de anfibios no tenidas en cuenta para este estudio.

El puma será uno de los animales que no podrá sortear con eficacia las barreras artificiales

“Las especies de todo el planeta están en movimiento a medida que responden a un clima cambiante. Nuestros hallazgos muestran lo importante que es que las especies puedan atravesar fronteras nacionales a través de hábitats conectados para hacer frente a este cambio”, señala Stephen Willis, líder del estudio conjunto, del Departamento de Biociencias de la Universidad de Durham.

Por otro lado, descubrieron que la pérdida de especies de aves y mamíferos sería mayor en los países más pobres con menores emisiones de dióxido de carbono al verse afectados de manera más significativa por el cambio climático global.

“Las marcadas desigualdades entre quienes contribuyeron más al cambio climático y quienes se verán más afectados plantean cuestiones realmente importantes de justicia internacional. Afortunadamente, nuestros modelos también muestran cómo las reducciones de emisiones fuertes y urgentes, en línea con el Acuerdo de París, podrían reducir en gran medida los impactos sobre la biodiversidad y aliviar la carga de tales pérdidas en las naciones menos ricas”, comenta Mark Titley, líder del estudio.

“Los líderes mundiales deben aprovechar la oportunidad en la conferencia climática COP 26 de noviembre en Glasgow para aumentar las promesas ambiciosas de reducir las emisiones o arriesgarse a dañar enormemente el mundo natural y nuestras sociedades que dependen de él”, concluye.



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