¿Qué hacer con el lindo gatito que se come la biodiversidad?

¿Qué hacer con el lindo gatito que se come la biodiversidad?

¿Qué hacer con el lindo gatito que se come la biodiversidad?

Los científicos no tienen la menor duda. Los gatos fuera de las casas son un desastre ambiental. La depredación por parte de los felinos domésticos y asilvestrados es la causa más importante de mortalidad de pequeños mamíferos y aves. Los científicos piden controlar las colonias de gatos asilvestrados, pero los animalistas ponen trabas a cualquier medida. Hay que encontrar cuanto antes la solución, ética y viable, a un viejo problema que tiene enfrentados y cada vez más radicalizados a los defensores de los animales domésticos frente a quienes defienden a la fauna salvaje


César Javier Palacios
Madrid | 27 mayo, 2022


Una pequeña gran guerra lleva años enfrentando a conservacionistas y animalistas por culpa de nuestra mascota más suya: el gato. Los primeros responsabilizan a los felinos de ser “los depredadores no nativos más dañinos para la biodiversidad”, culpables directos de la extinción de numerosas especies únicas. Los segundos niegan tales acusaciones y a su vez cargan contra los primeros acusándolos de exterminar gatos como la solución más sencilla a un problema muy complejo.

Probablemente ambos bandos tienen parte de razón, pero cada vez que alguien trata de acercar posturas tendiendo puentes de entendimiento el fuego cruzado se dirige con furia hacia el mediador. Y, sin embargo, como defiende la periodista experta en animales de compañía Melisa Tuya, “la protección animal bien entendida aspira a lograr lo mismo que los conservacionistas, que no haya gatos en la calle y menos aún en el campo”.

El anteproyecto de ley de protección, derechos y bienestar animal aprobado por el Gobierno español en febrero pasado ha echado gasolina al fuego de este encendido debate, pues entre otros avances pretende garantizar la protección y el apoyo de las colonias felinas.

Si no hay enmiendas a esta futura norma, quedará terminantemente prohibida la eliminación de los gatos callejeros o asilvestrados, reemplazando el sacrificio por el control de fertilidad, que es considerado más ético. Algo que los animalistas consideran un gigantesco avance en la protección de los derechos de los animales, pero los científicos y gestores ambientales tachan de absoluto disparate pues es urgente retirar de los espacios naturales aquellos ejemplares que provocan graves daños a la biodiversidad.

Un gato al acecho en una caja nido para aves. | FOTO: Anna Hilde
Un gato al acecho en una caja nido para aves. | FOTO: Anna Hilde

¿Tan malos son los gatos?

El ser humano es el depredador que mayor número de especies vertebradas ha extinguido de la faz de la tierra. El segundo es el gato, nuestro fiel compañero doméstico desde hace 9.000 años, el aparentemente inocente rey de las redes sociales.

Los científicos no tienen la menor duda. Los gatos fuera de las casas son un desastre ambiental. No lo dicen porque no les gusten, por manía hacia ellos. Basan sus afirmaciones en evidencias científicas, en datos contrastados a lo largo de más de un siglo de estudios por todo el planeta, en miles de artículos verificados que demuestran cómo después del ser humano, el siguiente animal que más la está liando en la naturaleza es el gato.

«El ser humano es el depredador que mayor número de especies vertebradas ha extinguido de la faz de la tierra. El segundo es el gato»

Así lo acaba de certificar “la creme de la creme” de los expertos mundiales en biología de la conservación, un grupo de importantes científicos españoles entre los que se encuentra Miguel Delibes de Castro junto a investigadores de la Universidad Pablo de Olavide, la Estación Biológica de Doñana – CSIC, la Universidad Miguel Hernández, el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados – CSIC-UIB y el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología – CSIC.

Todos ellos firman un artículo en la revista científica Conservation Science and Practice donde afirman sin tapujos que los gatos que campan a su antojo por el campo son terriblemente dañinos para la biodiversidad. Y por ello solicitan a las autoridades el control efectivo de las colonias felinas y de los gatos asilvestrados “más allá de la esterilización de sus individuos”. Porque esterilizados o no, bien alimentados o famélicos, los gatos siguen teniendo un potente instinto natural que los empuja a cazar toda clase animales salvajes. Ya lo dice el viejo cuplé (pelín machista) de Lilian de Celis, “los hombres como los gatos son de iguales condiciones, teniendo comida en casa se van a buscar ratones”.

Un joven ejemplar de gato con una codorniz asiática en las fauces. | FOTO: Reality images
Un joven ejemplar de gato con una codorniz asiática en las fauces. | FOTO: Reality images

Los datos que aporta la ciencia son abrumadores. De acuerdo con este último estudio español, el gato doméstico está implicado en más de una cuarta parte de las extinciones contemporáneas de especies animales en todo el mundo. La depredación por parte de gatos es, según confirman las investigaciones, la causa más importante de mortalidad de pequeños mamíferos y aves, por delante de los animales atropellados, el envenenamiento e incluso de la caza.

Sólo en Gran Bretaña, se calcula que los ocho  millones de gatos caseros censados cazan al año no menos de 75 millones de aves silvestres como gorriones, petirrojos o mirlos. Con esa misma proporción, los 50 millones de gatos europeos consumirían anualmente más de 400 millones de pajaritos.

«Los científicos solicitan a las autoridades el control efectivo de las colonias felinas y de los gatos asilvestrados»

Los impactos de los gatos son especialmente severos en las islas, donde sobrevive una frágil biodiversidad exclusiva y muy amenazada. Es la razón de que los gestores ambientales de Canarias y Baleares hayan advertido de que la futura ley española de protección animal pondría en peligro la conservación de las faunas endémicas de  ambas regiones al dificultar un control gatuno efectivo. Numerosos reptiles endémicos y aves marinas de estos dos archipiélagos están ahora mismo gravemente amenazados por culpa de los gatos. Limitar las acciones de control contra ellos supondría llevar a las especies amenazadas hacia un punto de difícil retorno.

Como ejemplo, los investigadores citan la triste historia del chochín de la isla Stephens, en Nueva Zelanda. En un solo invierno, el de 1895, el gato del farero acabó con la totalidad de los pocos ejemplares de la población mundial de este pajarito incapaz de volar que allí habitaba.

ilustración del extinto chochín de Stephens ('Xenicus lyalli') especie única de un islote de Nueva Zelanda cuya población mundial fue eliminada del todo en el siglo XIX por un solo ejemplar de gato, que pertenecía al farero de la isla.
ilustración del extinto chochín de Stephens (‘Xenicus lyalli’) especie única de un islote de Nueva Zelanda cuya población mundial fue eliminada del todo en el siglo XIX por un solo ejemplar de gato, que pertenecía al farero de la isla.

Por todo ello, los investigadores consideran “contradictorio que el mismo Ministerio encargado de cumplir con los objetivos de la Agenda 2030, incluida la detención de la pérdida de biodiversidad, proponga la mejora y el mantenimiento de un poderoso impulsor de la pérdida de biodiversidad”.

La respuesta de los amigos de los gatos ha sido tan contundente como negacionista. En las redes sociales se tacha con dureza a los científicos de “antigatos”, de odiar a estos animales sin razón, e incluso de ser unos asesinos despiadados. Los más benevolentes defienden que la naturaleza es sabia y a lo largo de la historia muchas especies se han extinguido, por lo que el conflicto de los gatos es algo tan natural como la lucha misma por la vida.

La investigadora Martina Carrete, de la Universidad Pablo de Olavide, no acepta este último supuesto. “Priorizar el bienestar y el destino de los individuos de unas pocas especies sobre el funcionamiento de los ecosistemas y la biodiversidad global promoverá biotas empobrecidas y homogéneas dominadas por un puñado de animales privilegiados”.

Reticencias de los amigos de los gatos

Al igual que otros muchos amigos de los gatos, Matilde Cubillo, presidenta de la Federación de Asociaciones Protectoras de Animales de Madrid, se muestra reacia a aceptar las conclusiones de los científicos. Sostiene que “no existen estudios científicos que demuestren la muerte de especies protegidas por los gatos”, pues esos restos que se encuentran en excrementos y estómagos pueden haberlos consumido cuando los animales ya estaban muertos.

“Nadie ha podido probar que los gatos mataron a esos animales, podrían haber muerto por otras causas”, asegura. También considera “irreales, pura invención” esos cálculos de millones de aves y reptiles consumidos todos los años por los gatos. “No negamos que puedan cazar algún animal, pero no aceptamos que la solución sea exterminarlos”. Y añade enfadada: “Esta alarma reciente con artículos antigatos fomenta perseguirlos, es injusto”.

«No hay la menor duda. Los gatos fuera de las casas son un desastre ambiental»

Félix Manuel Medina, biólogo del Cabildo Insular de La Palma ahora trabajando para el CSIC en el estudio del impacto del volcán de Cumbre Vieja en la biodiversidad, es uno de los mayores expertos mundiales en influencia de los gatos en ambientes insulares. A ellos dedicó su tesis doctoral en 1992 y desde entonces no ha dejado de seguir investigando en este campo. Medina rechaza las dudas de Matilde Cubillo. “No tiene ningún fundamento negar que los gatos son depredadores, defender que son carroñeros y que lo que aparece en sus estómagos lo encontraron muerto en el campo es un absoluto disparate”. Y lanza un reto a esos animalistas a quienes tacha de mascotistas: “Si dudan de nuestros trabajos hagan ciencia, estudien sus dietas, vigílenlos con cámaras y GPS como hacemos nosotros, pero no enfrenten evidencias a creencias que en algunos casos están convertidas casi en una religión”.

Otro de los argumentos defendidos por las asociaciones de protección de los animales es que los gatos callejeros son un excelente raticida ecológico. Defienden que hay comunidades de vecinos que pidieron a sus ayuntamientos que quitaran los gatos de sus calles y ahora piden que vuelvan porque han aparecido ratas y ratones. El problema, sostienen los científicos, es que, aunque estos animales cacen roedores, su impacto negativo sobre las especies silvestres es inaceptable.

“Está claro que la culpa nunca es del gato, es nuestra, y por eso tenemos que ser responsables y evitar daños en la naturaleza que nadie quiere”, remacha el naturalista Juanjo Ramos. “El abandono de animales está prohibido, es un delito”, recuerda el doctor en biología Félix Manuel Medina. Y advierte: “Mientras no se cambien las actuales leyes europeas de protección de la biodiversidad estamos obligados a evitar que los gatos pongan en peligro la naturaleza”.

Un gato doméstico con un jilguero en la boca. | FOTO: Klimek Pavol
Un gato doméstico con un jilguero en la boca. | FOTO: Klimek Pavol

¿Hay que acabar con los gatos sin dueño?

En el hipotético caso de que se lograra llegar al consenso de que los gatos son malos para la biodiversidad y hay que reducir su impacto, las posturas siguen enfrentadas en cuanto al método a desarrollar. “Evidentemente, nosotros no queremos matar animales que estén sanos, el exterminio es inaceptable”, remarca la presidenta de la Federación de Asociaciones Protectoras de Animales de Madrid.

“Erradicar no significa matar”, sostiene Medina. “Nosotros proponemos extraer esos animales de donde están provocando graves daños a la biodiversidad, esterilizarlos y dárselos a particulares o asociaciones que se comprometan a no dejarlos volver al campo”. Aunque tampoco se le escapa que algunos ejemplares asilvestrados se comportan ya como animales salvajes y esa readecuación en ambientes domésticos resulta prácticamente imposible. De hecho, un problema parecido ocurre con los gatos callejeros. Una vez que se han acostumbrado a vivir en la calle es muy difícil conseguir que puedan vivir recluidos en un piso.

«Domesticados o no, esterilizados o no, los gatos siguen teniendo un potente instinto natural que los empuja a cazar toda clase animales salvajes»

De una manera u otra, los científicos del CSIC defienden la necesidad de “reducir los impactos negativos de los gatos que deambulan libremente, minimizando su número en el menor tiempo posible y limitando el acceso al aire libre de los gatos con dueño tanto como sea posible”. Recuerdan que la gestión de especies invasoras está siempre encaminada a su erradicación. Y los gatos, nos gusten más o menos, son una especie invasora muy dañina cuyo impacto es necesario minimizar.

Los amigos de los gatos defienden a estos animales como “seres sintientes” y que no sean tratados como cosas, rechazando de plano el sacrificio. Apuestan mayoritariamente por el conocido Método C.E.S. (Capturar-Esterilizar-Soltar), que afirman ha demostrado ser el más eficaz para controlar el crecimiento de las poblaciones de gatos callejeros. Y mantienen una potente campaña contra el abandono de animales, sin duda la madre de todos los problemas.

Los responsables de colonias felinas sostienen que exterminar gatos nunca es una solución viable ni éticamente aceptable, ya que mientras siga existiendo el abandono de animales seguirán apareciendo más ejemplares en las calles. Por eso promueven incansables el Método C.E.S. como alternativa más realista hasta que, gracias a la concienciación de la sociedad en el respeto y la responsabilidad con las mascotas, las esterilizaciones surtan efecto y poco a poco las colonias felinas vayan desapareciendo.

Pero los científicos españoles que firman el polémico escrito contra los gatos niegan la efectividad de la estrategia C.E.S. pues «al final el control de fertilidad se tiene que perpetuar en el tiempo infinitamente». También aseguran que «en muchas ocasiones el número de gatos ferales no sólo no se reduce, sino que sigue aumentando, tanto en ciudades como en áreas rurales, lo que hace que sus impactos sobre la biodiversidad se mantengan y se intensifiquen a largo plazo«.

Colonia de gatos callejeros. | FOTO: Funtay
Colonia de gatos callejeros. | FOTO: Funtay

«Hay que encontrar cuanto antes la solución, ética y viable, a un viejo problema que tiene enfrentados y cada vez más radicalizados a los defensores de los animales domésticos frente a quienes defienden a la fauna salvaje»

Ser gato callejero no es una buena idea

En 2020 se registraron en España como animales de compañía 3,8 millones de gatos frente a 6,7 millones de perros. Es una cantidad que se mantiene estable al menos desde la última década. Pero en realidad hay muchos más. Porque estas cifras oficiales no incluyen a los gatos domésticos no controlados, a los de las colonias felinas, los cientos de miles que ocupan granjas, establos y alquerías, además de a los igualmente cientos de miles que viven en estado salvaje o semisalvaje en el campo español.

De acuerdo con los expertos, solo los gatos domésticos que pasan toda su vida en casas no tienen efectos negativos sobre otros animales. Pero son muchos a quienes los dueños les dejan salir a su antojo por las calles (o se les escapan) y que en sus deambulares felinos de horas, días e incluso semanas seguramente cazarán algún animal más por instinto que por hambre. Muchos de ellos suelen volver a casa con pájaros o lagartos ensangrentados que dejan a las puertas con orgullo, algo así como el trofeo con el que quieren demostrar a sus cuidadores que son buenos cazadores.

El naturalista y gestor ambiental Juanjo Ramos defiende que “los gatos son animales domésticos que deben estar en casa, pues la misma palabra lo dice. No son peluches que salen a pasear. Nadie deja suelto un león por las calles, y en las islas los gatos se comportan como si fueran leones, cazando especies sin control y poniendo en peligro su supervivencia”.

Un gato comiéndose una paloma. | FOTO: Daniel Muresan
Un gato comiéndose una paloma. | FOTO: Daniel Muresan

«En 2020 se registraron en España como animales de compañía 3,8 millones de gatos y 6,7 millones de perros»

En algunos casos, como el tristemente famoso del farero neozelandés, pueden acabar con poblaciones enteras de especies muy amenazadas. Más cerca, en espacios insulares como el islote de Lobos, al norte de Fuerteventura, los gatos han sido responsables de la desaparición de colonias enteras de aves marinas de cuyos ejemplares solo dejaron un reguero de plumas.

Otro problema diferente es el provocado por las colonias de gatos, poblaciones callejeras que se han hecho habituales en las ciudades. Las hay por miles. Solo en la ciudad de Madrid el Ayuntamiento tiene censadas 1.171 colonias al cuidado de entusiastas voluntarios, responsables de invertir tiempo y dinero en alimentarlos, cuidarlos y darles tratamientos veterinarios. Antes se hacía un poco de tapadillo, pero ahora se han hecho más visibles y muchas veces cuentan con cierto apoyo municipal.

La periodista Melisa Tuya ama los gatos y por eso defiende que esas colonias deberían desaparecer cuanto antes. En un reciente artículo tan polémico como valiente, coincide con los científicos en que no puede haber gatos deambulando por las calles, porque además de su impacto ambiental son animales que sufren. “Cuando están en libertad los gatos atrapan y comen pájaros, lagartos y pequeños roedores sin reparar si son especies protegidas. Eso cuando comen. Los gatos, cuando están en libertad, pasan hambre. Viven poco y mal. Enferman, sufren accidentes y gamberradas. Son a su pesar como las estrellas de rock; viven y mueren demasiado rápido. Y no dejan cadáveres hermosos, quedan restos legañosos, consumidos, con cicatrices de una vida breve y dura”.

Una persona da de comer a los gatos en la calle. | FOTO:Razzaq Raya
Una persona da de comer a los gatos en la calle. | FOTO:Razzaq Raya

«Solo en la ciudad de Madrid el Ayuntamiento tiene censadas 1.171 colonias de gatos al cuidado de entusiastas voluntarios»

Los expertos añaden un dato preocupante, esas colonias felinas son también un grave problema sanitario, dada la alta densidad de individuos y sus intensas interacciones con personas y gatos domésticos. Señalan que los gatos fueron responsables del grave brote de leucemia felina que estuvo a punto de acabar con la población de linces ibéricos de Doñana en 2007. También pueden contagiar a sus cuidadores el temido Toxoplasma gondii, un parásito que genera serios problemas de salud pública pues puede llegar a causar problemas en la visión e incluso afectar a madres gestantes y sus fetos.

Espacios naturales libres de gatos

A medio camino entre acabar con todos los gatos callejeros o dejarlos deambular a sus anchas, un equipo de investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) ha propuesto declarar libres de gatos zonas de las ciudades con alto valor ambiental.

Basan su trabajo en un nuevo estudio, realizado en la ciudad de Madrid, donde toman como base las distancias de huida de los pájaros, el miedo mayor o menor que estos tienen a los depredadores resultado de sus malas experiencias. Han comprobado que en las zonas donde hay colonias de gatos callejeros la distancia de huida de las aves fue un 10% mayor, y las aves se refugian a un 33% más altura que en las zonas en donde no se alimenta a los felinos.

Mucha gente habla más de sentimientos que de realidades y así no hay forma de encontrar soluciones”

Los resultados han sido publicados en la revista Science of the Total Environment. Y confirman que las colonias de gatos aumentan el miedo en las aves, disminuyendo su abundancia aún sin contar con los efectos directos de la depredación. Por culpa de ese miedo dedican menos tiempo a otras actividades y el propio estrés tiene efectos negativos sobre su salud.

En un claro ejercicio de búsqueda de entendimiento con los animalistas, los investigadores del MNCN-CSIC proponen que los ayuntamientos designen áreas de interés natural vedadas a las colonias de gatos callejeros con el fin de que las aves puedan vivir sin sobresaltos. Pero esta propuesta de coexistencia pacífica, lejos de suscitar el aplauso de los animalistas les ha granjeado durísimas críticas en las redes sociales, donde se les acusa de manipular la realidad, fomentar la mala fama sobre los felinos e incluso servir a intereses espurios que tan solo persiguen el exterminio felino.

Un gato manipula una curruca americana recién cazada. | FOTO: Forestpath
Un gato manipula una curruca americana recién cazada. | FOTO: Forestpath

La polémica no le ha sorprendido al responsable de este trabajo, el doctor en biología Mario Díaz, profesor del departamento de biogeografía y cambio climático del Museo Nacional de Ciencias Naturales, editor de tres de las más importantes revistas científicas de ecología y biodiversidad animal del mundo. Díaz acepta como un mal menor de estos tiempos que algunos ciudadanos lean sus estudios “en diagonal” para a continuación expresar una opinión inmutable carente de toda base científica. Defiende que la ciencia huye siempre de opiniones personales que puedan influir en los resultados. “No somos imparciales (nadie lo es), pero nuestras medidas y análisis sí lo son”, certifica.

A lo que no está dispuesto el experto es a negar certezas científicas. “Las colonias felinas son un peligro para las aves”, confirma. “Hay bastantes evidencias al respecto, tanto de depredación directa (poniendo cámaras a los gatos se ve lo que comen y cuándo, pues suele ser bastante y de noche, por lo que la gente no lo ve) como estudiando los efectos indirectos del miedo que nosotros analizamos”.

“Habrá especies perjudicadas, incapaces de convivir con los gatos y que acabarán extinguiéndose. También habrá supervivientes, pero serán menos, lo que empobrecerá los hábitats”

Mario Díaz también rechaza una teoría animalista muy extendida que asegura que las aves terminarán adaptándose a la presencia de los gatos como un depredador más, lo que a la larga terminaría solucionando el problema. “Ya se están adaptando”, reconoce, pero lo hacen “muy despacio”, y en esta carrera por la supervivencia siempre habrá ganadores y perdedores. “La tendencia es que habrá especies perjudicadas, incapaces de convivir con los gatos y que acabarán extinguiéndose. También habrá supervivientes, pero serán menos, lo que empobrecerá los hábitats”.

Pero como señala el responsable de Birding Canarias, Juan José Ramos, “frente a la evidencia de los hechos, algunas personas reaccionan negándolo todo, como esas madres que piensan que su hijo es bueno, aunque esté preso en la cárcel acusado de asesinato. Mucha gente habla más de sentimientos que de realidades y así no hay forma de encontrar soluciones”.

Ramos también justifica el creciente interés de la sociedad por el mundo de los gatos frente al de los animales salvajes en que “a mucha gente le gusta acariciarlos, piensa más en ellos como si fueran peluches, y por eso prefieren gatos a bichos salvajes que no se dejan tocar y casi no los puedes ver”.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Ante el hecho inevitable de que mucha gente permite a sus gatos que salgan de cacería por el barrio, un método sencillo para evitar esa caza no deseada de especies protegidas consistiría en ponerles a los gatos cascabeles que les estropeen la efectividad cinegética.

Pero esta alterativa es rechazada de plano pues se considera una pequeña tortura para el animal. Al hilo del viejo cuento infantil, nadie está dispuesto a ponerle un cascabel al gato. Porque afectaría a su salud. Al tener un oído finísimo, el ruido de la campanita puede provocarle un estado permanente de ansiedad. Igualmente, algunos gatos son tan inteligentes que incluso con cascabel aprenden a moverse con sigilo dando pequeños y controlados pasos que evitan hacerlo sonar, se las saben todas.

Un gato campando al aire libre pero con cascabel puesto. | FOTO Bangtalay
Un gato campando al aire libre pero con cascabel puesto. | FOTO Bangtalay

«Evidentemente, la culpa no la tienen los gatos. Somos las personas las que los abandonamos en cualquier sitio»

Una alternativa es ponerles collares chillones. Grandes colleras de telas en colores brillantes que les hace ser más visibles frente a sus presas y les estropea la caza. Algunos estudios científicos, como el publicado en la revista Global Ecology and Conservation en 2015, certifican que algo tan sencillo ayudaría a reducir en más de un 87% la captura de aves por parte de los felinos. En concreto, los gatos que usaban collares especiales de la marca americana Birdsbesafe mataron 19 veces menos pájaros que los gatos sin collar en el experimento a que fueron sometidos en primavera y 3,4 veces menos pájaros en otoño.

La especial forma y tamaño de ese tipo de collares distorsiona la silueta mimetizada del gato y facilita su detección por la posible presa. Incluye una cinta reflectante que ayuda a divisar al gato por la noche, pero al mismo tiempo cuenta con una banda elástica que permite un fácil desprendimiento si se engancha en alguna rama.

Pero la mayor reticencia a esta solución es la de sus dueños. Muchos piensan como Gabriella Pinna: “Yo a mi gata no le pongo un collar así de escandaloso ni loca, parecería una payasita”.

Científicos y gestores ambientales rechazan de plano este tipo de aditamentos. Defienden una “tolerancia cero” con los gatos que vagan libres fuera de las casas. Lleven cascabel, collar chillón o calcen botas de siete leguas.

Un gato provisto de un collar llamativo que permite que las aves detecten a los felinos a distancia y sean cazadas por estos. | FOTO: Pavol Klimek
Un gato provisto de un collar llamativo que permite que las aves detecten a los felinos a distancia y sean cazadas por estos. | FOTO: Pavol Klimek

Amenaza para el lagarto gigante de Tenerife

Adrián Flores es un conocido ambientólogo canario especializado en biodiversidad terrestre y conservación. Junto con el doctor en Biología de la Universidad de La Laguna Juan Carlos Rando acaba de publicar una investigación sobre la dieta de los gatos en uno de los últimos refugios de una especie única y amenazada, el lagarto gigante de Tenerife (Gallotia intermedia), del que apenas sobrevive un millar de ejemplares en todo el mundo.

Los resultados de sus investigaciones han disparado todas las alarmas. En los acantilados de Guaza, donde se refugia la población más numerosa de este raro reptil, los felinos se los están literalmente comiendo por docenas. Y lo que es peor, no solo cazan muchos lagartos endémicos, sino que, a pesar de las protecciones de las que goza el espacio, cada vez los cazan en mayor número. “La situación es crítica”, confirma Flores. “O paramos con urgencia a los gatos o nos quedaremos sin lagartos”.

La explicación a este extraño comportamiento parece ser consecuencia de la desaparición de otra especie introducida, el conejo. Estos gatos se habían especializado en capturar conejos, pues en Canarias son de tamaño más pequeño que los peninsulares. Pero debido a la incidencia del virus de la enfermedad hemorrágica del conejo (RHDV), las poblaciones silvestres del lagomorfo se han venido abajo y los felinos, a falta de otros recursos, han cambiado de dieta y ahora cazan sobre todo lagartos gigantes. También otras especies salvajes muy amenazadas como los petreles de Bulwer, una pequeña ave marina que cría entre los huecos de las piedras de los acantilados.

Ejemplar de petrel de Bulwer ('Bulweria bulweri'), ave marina propia de Canarias y otras islas del archipiélago macaronésico. | FOTO: Agami Photo Agency
Ejemplar de petrel de Bulwer (‘Bulweria bulweri’), ave marina propia de Canarias y otras islas del archipiélago macaronésico. | FOTO: Agami Photo Agency

El desastre ambiental provocado por los gatos asilvestrados en ese espacio es brutal a decir de Flores. En términos de biomasa consumida, de carne obtenida, un 11,5% de su dieta se basa en amenazados lagartos tinerfeños y un 39% procede de esos oscuros petreles a los que los canarios llaman perritos pues su reclamo se parece a un tímido ladrido.

“De seguir al ritmo actual, lagartos y petreles se extinguirán, pero no los gatos, que siempre tendrán la posibilidad de acercarse a las urbanizaciones para completar su dieta con esos alimentos que mucha gente les deja en las calles”, se lamenta el ambientólogo.

«Los gatos canarios devoran  especies salvajes muy amenazadas como los petreles de Bulwer, una pequeña ave marina que cría entre los huecos de las piedras de los acantilados»

Curiosamente, como señala Adrián Flores, los gatos que depredan sobre fauna silvestre en los acantilados protegidos de Guaza no son mayoritariamente ejemplares asilvestrados. Los técnicos del Cabildo de Tenerife han confirmado que la mayoría de ellos son bien alimentados gatos domésticos o procedentes de colonias felinas cercanas que acceden a la zona crítica de los acantilados empujados por su instinto natural de caza.

Frente a los animalistas que desconfían de este tipo de trabajos, Adrián Flores confirma haber visto personalmente a estos gatos cazando lagartos y petreles. De estos últimos se comen el cuerpo, dejando las alas y muchas plumas cortadas con sus afilados dientes, lo que es prueba inequívoca del ataque felino.

“Nadie puede defender que el gato sea carroñero, todo el mundo sabe es un animal cazador”, ratifica el investigador, quien pide no comparar datos científicos, obtenidos a lo largo de muchos años de rigurosos estudios en el campo, con lo que él denomina “hipótesis sensacionalistas” surgidas de un amor incondicional a las mascotas. Amor que él mismo profesa pues tiene dos gatos a los que, reconoce, adora. “Pero soy responsable, los tengo esterilizados y nunca salen de casa, no les permitiría que estén matando bichos por el campo”.

Vallados antigatos en Canarias

Los lagartos canarios se llevan muy mal con los gatos. Evolucionaron durante millones de años en unas islas sin depredadores. Esta circunstancia favoreció que adoptaran un torpe gigantismo que desde que personas y gatos llegamos al Archipiélago se ha convertido en una mala idea evolutiva.

El caso más conocido es el del lagarto gigante de El Hierro (Gallotia simonyi). Los gatos fueron acabando con sus poblaciones en toda la isla hasta que los últimos ejemplares quedaron atrincherados en un risco inaccesible, en la vertical e inabordable Fuga de Gorreta. Descubierto este refugio en los años 70, cuando ya se le había dado por extinguido, ha sido fácil reproducirlo en cautividad. Pero cada vez que se ha probado su liberación en nuevas zonas de la isla, los gatos asilvestrados se los han zampado. La única nueva población que prospera en la actualidad es la ubicada en el Roque Chico de El Salmor, un diminuto peñasco en medio del mar al que no pueden llegar los mininos.

Ejemplar de lagarto canario del género 'Gallotia'. | FOTO: Andrey Kanyshev
Ejemplar de lagarto canario del género ‘Gallotia’. | FOTO: Andrey Kanyshev

«En Canarias, los gatos asilvestrados devoran los últimos ejemplares que quedan de los lagartos gigantes de las islas, únicos en el mundo»

Lo mismo ocurre en La Gomera con otro grandullón en apuros, el lagarto gigante gomero (Gallotia bravoana), recluido en el inexpugnable Risco de la Mérica. En cuanto algún juvenil sale de la seguridad de los andenes es cazado por los gatos que se mueven con entera libertad por las inmediaciones de la vecina localidad de Valle Gran Rey. También ocurre a veces que algún gato más acróbata de la media logra alcanzar el risco y, según confirman los responsables del Cabildo de La Gomera, “hace una escabechina”.

La situación de las poblaciones de lagartos gigantes de Tenerife (Gallotia intermedia) es tan preocupante que las autoridades estudian levantar una gran valla antigatos que impida su acceso a los acantilados en la conocida como “zona crítica del Monumento Natural de la Montaña de Guaza”, entre la localidad de Los Cristianos y la urbanización Pal-Mar. Serían unos dos kilómetros de alto vallado fronterizo que se instalaría al borde del risco con el único fin de evitar el acceso de felinos.

En el caso de hacerse, se tratará de la primera actuación de estas características acometida en un espacio natural europeo. Pero la decisión todavía no está tomada. Expertos como Adrián Flores animan a ponerla en marcha “cuanto antes” dada la urgencia de evitar el desastre. Porque controlar el problema desde su origen, el descontrol gatuno en la zona, le parece mucho más complicado, lento y por lo tanto ineficaz.

“Esterilizado o no, un gato puede seguir cazando lagartos y aves durante sus 15 años de vida”

Expertos como Juanjo Ramos, de Birding Canarias, advierten que el método CES (Capturar-Esterilizar-Soltar) gatos callejeros no es factible cuando provocan un grave impacto ambiental. Porque “esterilizado o no, un gato puede seguir cazando lagartos y aves durante sus 15 años de vida”. Y para entonces quizás ya no queden lagartos gigantes de Tenerife en los acantilados Guaza.

Como ratifica el biólogo Félix Manuel Medina, “la solución no es vallar, es mantener a los gatos en casa”. Pero mientras algo tan difícil se logra, admite que estos vallados pueden ser una buena medida provisional que ayude a mantener a los gatos a raya, lejos de donde pueden hacer mucho daño.

gato en un árbol FOTO: Queen Nature
FOTO: Queen Nature

La solución está en la educación

Todos los entrevistados para este reportaje coinciden en un punto: hace falta más educación cívica. Mientras la gente siga abandonando gatos será, como señala Melisa Tuya, “la historia de nunca acabar”. Hay que poner fin a los abandonos, pero ante todo y sobre todo hay que poner fin a la costumbre tan extendida de dejar que estos animales se muevan a su bola por calles y campos.

Los primeros que no quieren que algo así ocurra son los responsables de las protectoras de animales. De hecho, cuando encuentran hogares para sus gatos, a los nuevos propietarios les advierten que además de identificados con microchip y tenerlos esterilizados no los pueden dejar salir de sus casas bajo ningún concepto. Les piden que pongan rejas en ventanas y balcones para evitar esas típicas salidas de campeo en busca de sexo y pajaritos. Los gatos, al contrario que los perros, son felices en un espacio cerrado.

Quienes trabajan por la protección de los animales domésticos, avala Melisa Tuya, no los quieren en libertad. “Ni en el campo ni en la ciudad”, subraya. Desean que todos los gatos vivan felices en hogares donde se les quiera, no abandonados en las calles donde sufren mucho y mueren pronto.

Evidentemente, la culpa no la tienen los gatos. Somos las personas las que los abandonamos en cualquier sitio, no los esterilizamos, los dejamos campear irresponsablemente por las granjas y las calles, pasamos de ellos. Y es nuestra responsabilidad encontrar cuanto antes la solución, ética y viable, a un viejo problema que tiene enfrentados y cada vez más radicalizados a los defensores de los animales domésticos frente a quienes defienden a la fauna salvaje. Porque nos guste o no, los lindos gatitos tienen las uñas muy afiladas.



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