Identifican seis nuevos tipos de coronavirus en murciélagos de Asia

Identifican seis nuevos tipos de coronavirus en murciélagos de Asia

Identifican seis nuevos tipos de coronavirus en murciélagos de Asia

Los autores de la investigación, de la Smithsonian Institution, advierten que no se parecen mucho al virus que causa el COVID-19 y no son una amenaza para la salud humana. Los zoólogos recuerdan que el contacto entre personas y animales por la destrucción de la naturaleza aumenta la posibilidad de contagio entre especies


Pedro Cáceres | Director adjunto
Madrid | 16 abril, 2020


La naturaleza es un reservorio de virus y otros patógenos. Durante milenios, el ser humano ha convivido con ellos, pero en las últimas décadas el aumento de población y de actividades agropecuarias y la destrucción del medio natural ha provocado que el contacto entre la fauna silvestre y las personas sea más estrecho y constante, y esto ha multiplicado la posibilidad de infecciones cruzadas entre especies.

Con la epidemia de Covid-19 aterrando al mundo, los investigadores multiplican las tareas para comprender todo lo posible sobre la enfermedad. Cómo combatirla con medicamentos o evitarla con vacunas y también entender la genética del virus y la de otros patógenos similares a él.

En ese sentido, un equipo de Investigadores del Global Health Program de la Smithsonian Institution de EEUU acaba de dar a conocer el descubrimiento de seis nuevos tipos de coronavirus totalmente nuevos en murciélagos en Myanmar (la antigua Birmania). La investigación se ha publicado en la revista científica PLOS ONE.

Estos virus pertenecen a la misma familia que el SARS-CoV-2, responsable de la enfermedad COVID-19 (Coronavirus Disease 2019). Según los investigadores, los seis nuevos coronavirus no están estrechamente relacionados con éste ni tampoco con los otros dos tipos de coronavirus que en los últimos años han causado alertas sanitarias mundiales: el SARS-CoV, que provoca el  Severe Acute Respiratory Syndrome (SARS) que causó la pandemia 2002-2003 con origen en Asia; y el MERS-CoV que provoca el llamadoMiddle East respiratory syndrome (MERS) que afectó a los países arábigos en 2012.

 

En ese sentido, los investigadores afirman que los nuevos virus, dada su relativa distancias con los anteriores, no son inicialmente dañinos para el ser humano, pero sí es muy importante su hallazgo y estudio para ampliar el conocimiento de este campo tan sensible.

“Los hallazgos pueden ayudar a comprender la diversidad de los coronavirus en los murciélagos e iluminar los esfuerzos globales para detectar, prevenir y responder a enfermedades infecciosas que pueden amenazar la salud pública, particularmente a la luz de la pandemia de Covid-19”, afirma la Smithsonian Institution en un comunicado.

¿Por qué los murciélagos?

Los investigadores descubrieron los virus mientras estudiaban murciélagos en Myanmar como parte del programa PREDICT financiado por la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) para identificar enfermedades infecciosas que tienen el potencial de saltar de animales a humanos.

Una fuente importante de enfermedades zoonóticas son los murciélagos, explica los investigadores. Los quirópteros tienen sistemas inmunes fuertes que les permiten albergar patógenos sin ser infectados. Esa resistencia a las infecciones junto con su capacidad de desplazarse largas distancias los convierte en vehículos principales para transportar y transmitir virus.

Paisaje rural cerca de Hpa-an, estado de Kayin, Myanmar, una de las tres localizaciones donde los investigadores del programa PREDICT estudiaron la presencia de virus en murciélagos. | Foto: Mazur Travel

Los murciélagos portan a veces coronavirus, una familia de virus que pueden causar infecciones respiratorias y gastrointestinales en aves y mamíferos. De hecho, las investigaciones previas han demostrado que los murciélagos fueron los anfitriones originales del SARS y el MERS, ambas enfermedades respiratorias causadas por coronavirus. El SARS pasó de los murciélagos a otro mamífero hospedador, seguramente las civetas, antes de dar el salto al ser humano. Y el MERS infectó a los camellos antes de pasar a las personas.

Según el consenso actual, también se cre que el SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, también se originó en los murciélagos y saltó a un huésped intermediario. Algunos autores han señalado al pangolín como este puente para el SARS-CoV-2, pero la cuestión no está resuelta todavía.

La veterinaria Suzan Murray, directora del Programa de Salud Global de la Smithsonian Institution y coautora del estudio, afirma: “Los patógenos zoonóticos, que se propagan entre los animales y los humanos, han causado casi tres cuartos de las enfermedades infecciosas para las personas en este siglo. Esta interacción ocurre debido a cambios en el uso de la tierra y otros comportamientos humanos. Realmente tiene sentido ir río arriba e intentar identificar y prevenir algo antes de que ocurra. Necesitamos estudiar los recursos silvestres y tener la capacidad de vigilar”.

Buscando en cuevas de Myanmar

Los autores llevaron a cabo su investigación en localizaciones de Myanmar donde los humanos tienen más probabilidades de entrar en contacto cercano con la vida silvestre.

Desde mayo de 2016 hasta agosto de 2018 recolectaron más de 750 muestras de saliva y heces de 11 especies distintas de murciélagos en estas áreas. El equipo de PREDICT en Myanmar estuvo formado por científicos del Smithsonian; la Universidad de California en Davis y los ministerios de Agricultura, Salud y Medio Ambiente de Myanmar.

“Muchos coronavirus pueden no representar un riesgo para las personas, pero cuando identificamos estas enfermedades desde el principio en los animales, en la fuente, tenemos una valiosa oportunidad para investigar la amenaza potencial” afirma Suzan Murray. “La atenta vigilancia, la investigación y la educación son las mejores herramientas que tenemos para prevenir las pandemias antes de que ocurran”, añade.

Ejemplar de murciélago de la especie ‘Hipposideros larvatus’, una de las investigadas. | Foto: Wibowo Djatmiko

Un trabajo arduo

Encontrar nuevas enfermedades no es un trabajo agradable. En medio de la noche, los investigadores se vestían con ropa protectora. Llevaban trajes que los cubrían de la cabeza a los pies, gafas, dos pares de guantes y botas. Luego iban a las cuevas y armaban redes para capturar murciélagos y lonas para recoger sus excrementos. Había tantos murciélagos que al equipo le tomaría solo unos minutos tener cientos para probar.

Las muestras se tomaron en tres lugares en Myanmar donde los humanos entran en contacto habitualmente con murciélagos. Son cuevas muy visitadas como atracción turística y destino de peregrinación religiosa y también como actividad económica. Una fuente de ingresos para los lugareños es recoger el guano, es decir, las deyecciones que los murciélagos dejan sobre el suelo de las cuevas, y venderlas como fertilizante.

Localización de las cuevas exploradas en Myanmar en busca de coronavirus en murciélagos. | Fuente: PLOS ONE

Los investigadores analizaron secuencias genéticas de estas muestras y las compararon con genomas de coronavirus conocidos.

Los nuevos virus se encontraron en tres especies de murciélagos: el gran murciélago amarillo asiático (Scotophilus heathii), que portaba un virus designado como PREDICT-CoV-90; el murciélago de labios arrugados (Chaerephon plicatus), que hospedaba los virus PREDICT-CoV-47 y -82; y el murciélago nariz de hoja de Horsfield (Hipposideros larvatus), que portaba PREDICT-CoV-92, -93 y -96.

“Las pandemias virales nos recuerdan cuán estrechamente está conectada la salud humana con la salud de la vida silvestre y el medio ambiente“, afirma Marc Valitutto, autor principal del estudio y veterinario del Programa de Salud Global del Smithsonian.

“En todo el mundo, los humanos interactúan con la vida silvestre con mayor frecuencia, por lo que cuanto más comprendamos sobre estos virus en los animales, lo que les permite mutar y cómo se propagan a otras especies, mejor podremos reducir su potencial pandémico”.

En ese sentido, los expertos en fauna señalan que los sistemas naturales inalterados reducen la posible transmisión de enfermedades, al estar “diluidos” los agentes patógenos entre la diversidad de especies, limitando también el contagio y la expansión.

En hábitats bien conservados, con abundancia de biodiversidad y alto número de ejemplares, los virus se distribuyen entre las distintas especies, pero también tienen muchas posibilidades de acabar en alguna que bloquea su dispersión, explica WWF en un informe reciente.

Además, existen predadores que eliminan preferentemente los ejemplares más débiles y enfermos. Todo ello contribuye a mantener controlados los efectos de posibles enfermedades en la propia población y a reducir notablemente el riesgo de transmisión a otras especies.

“En todo el mundo, los humanos interactúan con la vida silvestre con una frecuencia cada vez mayor, por lo que cuanto más comprendamos sobre estos virus en los animales, lo que les permite mutar y cómo se propagan a otras especies, mejor podremos reducir su potencial pandémico“, afirma Marc Valitutto.

“Se necesita más investigación para comprender el potencial que tienen estos seis virus recién descubiertos para trasladarse a otras especies y cómo podrían afectar la salud humana”, añade.



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