Los hipopótamos del narco Pablo Escobar causan estragos en los ríos de Colombia

Los hipopótamos del narco Pablo Escobar causan estragos en los ríos de Colombia

Los hipopótamos del narco Pablo Escobar causan estragos en los ríos de Colombia

No se sabe a ciencia cierta cuántos son los hipopótamos que pueblan los ríos colombianos. Se cree que pueden ser hasta 80 los descendientes de los primeros cuatro animales que el narco introdujo en su finca Nápoles en 1981. Ahora un ataque a un campesino ha abierto el debate sobre qué hacer con ellos. La caza de control está prohibida desde 1999 cuando se capturó a Pepe, uno de los primeros individuos, aunque no se descarta


Eva M. Rull | Especial para El Ágora
Madrid | 16 octubre, 2020


Luis Enrique Díaz es campesino. Tiene 43 años y vive en el municipio de Puerto Triunfo (en la zona media del río Magdalena, Colombia). El pasado 11 de mayo fue atacado por un animal salvaje mientras llenaba de agua el tanque de su fumigadora. Sintió miedo, empezó a correr y consiguió zafarse.

Lo sorprendente del caso es que el animal que le atacó era un inmenso hipopótamo. ¿Qué le pasó? ¿Se asustó con el ruido, con la presencia del hombre? Y, sobre todo, ¿qué hace un hipopótamo, animal exclusivamente africano en Colombia?

Los animales, porque son decenas, llegaron aquí, concretamente a la Hacienda Nápoles, por un capricho del narco Pablo Escobar. El conocido capo de la droga estaba tan obsesionado con la belleza de este lugar y con la fauna africana que decidió construirse una finca inmensa, la Hacienda Nápoles, a unos 250 kilómetros de Bogotá y montar un zoo con ejemplares de más de 1.500 especies exóticas y, por tanto, invasoras.

Escobar adquirió tres hembras y un macho de hipopótamo en Estados Unidos en 1981; dicen algunas voces que a un cazador de Texas que los traía directamente de sus batidas en África. Además, había jirafas, leones, tigres, avestruces

Hipopótamos africanos vagando libres por Colombia tras ser liberados tras la muerte del narco Pablo Escobar, que los custodiaba en su zoo particular. | Perla Sofía

El asunto, al principio casi privado, se ha convertido con el tiempo en una pesadilla más para el Gobierno y la sociedad colombiana, ya de por sí rodeada diariamente por complicaciones. Y es que cuando el narco muere en 1993, la Dirección General de Estupefacientes expropia el terreno y los animales se quedan en un limbo, sobre todo los escurridizos y agresivos hipopótamos.

“Las autoridades no tomaron las mejores decisiones, ya que cuando por fin se los quiere trasladar a un zoológico como al resto de especies, los hipopótamos ya habían criado y muchos se habían escapado de la Hacienda”, explica Germán Jiménez, profesor de Biología en la Pontificia Universidad Javeriana y estudioso de las invasiones biológicas en Colombia.

Un problema ambiental

Si durante un tiempo el más buscado fue el narco Escobar, desde hace más de una década lo son los hipopótamos de su zoo. Se han hecho tan famosos que Netflix les está preparando una serie. Y es que desde entonces no se sabe qué hacer con estos extraños herederos. Los cuatro ejemplares se han convertido en entre 60 y 80 desde que quedaron en libertad. Y aunque no se sabe muy bien cuántos son, las estimaciones hablan de que si no se controla su población, para 2050 podría haber hasta 5.000 individuos en toda Colombia.

“El número crece a un ritmo anual de entre el 7% y el 11%”, dice un estudio de 2017, el único hasta la fecha que ha puesto una cifra sobre la mesa. Ahora con este nuevo ataque a un campesino, el tema de qué hacer con los hipopótamos se ha vuelto a reabrir. Una demanda popular solicita al Ministerio que intervenga para detener los ataques, pero lo que se debate va desde si recurrir a la eutanasia, a la esterilización, la captura o el traslado.

“Los cuatro ejemplares se han convertido en una población de entre 60 y 80 hipopótamos desde que quedaron en libertad”

Venta de artículos alusivos al narco Pablo Escobar en Medellín, Colombia. | Foto: Mauricio Garcia Echeverri

Parece una decisión fácil, pero como todo lo que rodeaba a Escobar, no es tan simple. Por un lado, está la relación de los habitantes con los hipopótamos. Primero por el turismo. La finca privada se convirtió en el Parque temático Hacienda Nápoles en 2007 y los hipopótamos se quedaron dentro como parte de la atracción (también se puede ver la mansión o la avioneta en la que Escobar sacó de Colombia su primer alijo de coca).

La mascota del parque casualmente es una hipopótama llamada Vanesa. En la población  de Doradal hay incluso un proyecto de Carnaval del hipopótamo, cuenta el diario El Comercio. “Él es mansito, no es bravo ni grosero, la gente lo rodea, le toma fotos, se divierte en verlo, pero nadie lo ataca. Se siente orgulloso de que todo el mundo lo esté mirando y lo quieran tanto”, decía una vecina de esta población tras el paso de uno de estos colosos hace escasos meses.

La leyenda de Pepe

Pepe era uno de los primeros habitantes de la Hacienda. Tras una pelea con el viejo macho dominante se escapó con su pareja Matilda para establecerse a unos 150 kilómetros aguas abajo. Por el camino tuvieron una cría. Corría el año 2009. En ese momento, el Ministerio de Medio Ambiente decretó sacrificarlo y para ello se recurrió a voluntarios.

El hecho de que estos fueran dos ejecutivos alemanes de una prestigiosa marca de coches y que todo esto se filtrara a la prensa (incluido su posado junto a la cabeza del ejemplar a modo de trofeo), supuso un antes y un después en la vida el resto de la población original. El shock social fue tan grande que desde entonces solo se esterilizan los animales y se prohibió la caza de control. Pepe se convirtió en una especie de leyenda local y, a pesar de haber muerto, algunas de las apariciones de estos enormes seres se le siguen atribuyendo a él.

“Una de las medidas propuestas es esterilizar a los ejemplares, pero el coste es de 3.000-6.000 dólares por individuo”

Sin embargo, detrás del idílico espectáculo turístico de los animales también se esconden graves problemas. Los pescadores dicen que están en riesgo sus capturas, los campesinos que les dañan las cercas y al ganado… Además un estudio hecho en Colombia con la colaboración de Universidad de California en San Diego afirma que estos animales dejan mucha carga de sedimentos y demasiada materia orgánica en los ríos en los que habitan. Los excrementos de los animales están fertilizando excesivamente las aguas. Por otro lado, “se está viendo hacia el Norte que los ejemplares se acercan a las poblaciones del manatí del Caribe, ya en peligro de extinción, y los están desplazando”, relata Jiménez.

El mundo perdido de los grandes herbívoros

Un reciente estudio de  la Universidad de Massachusetts Amherst (EE UU) y aparecido en la revista PNAS viene a decir algo así como que los hipopótamos podrían no ser tan malos. Su tesis es que estos grandes herbívoros introducidos por los humanos podrían restaurar muchos rasgos importantes del ecosistema del Pleistoceno en América.

“El 64% de los herbívoros introducidos por los humanos son más similares a las especies extintas que a las nativas locales”, concluye el estudio. ¿Significa esto que la ciencia dude de si es mejor dejar estos animales allí?

“Aunque estas especies introducidas puedan suplir en parte nichos ecológicos dejados vacantes, el mundo que la megafauna dejó atrás ha cambiado y los resultados de su introducción pueden desestabilizar ecosistemas actuales tan frágiles como el colombiano o el australiano. En este sentido, nuestro trabajo muestra que la desaparición de la megafauna dejó vacíos ecológicos en sus ecosistemas, modificando las relaciones entre las especies supervivientes. Además, proporciona nuevas herramientas para continuar con el debate actual sobre qué es un ecosistema original, qué funciones debe cumplir y si estas pueden ser restauradas con las especies con las que contamos hoy en día”, explica uno de sus autores Óscar Sanisidro, investigador de Ciencias de la Vida de la Universidad de Alcalá de Henares.

¿Cómo se he llegado hasta aquí?

“Parece una mezcla entre desidia administrativa, falta de recursos y condiciones favorables. Por un lado, desde que se crea el parque temático, las autoridades permiten que se queden y que los dueños los mantengan. El parque cada vez se hace más popular y crece el interés de los turistas, atraídos sobre todo por las crías de hipopótamo. Los animales pasan a vivir muy cómodo y sin control de natalidad”, explica el biólogo Germán Jiménez.

Desde el principio los animales se fugan porque “se mueven entre riachuelos y pozas, pasando de unos brazos a otros hasta llegar el río Magdalena, donde ya se hace imposible controlarlos”, continúa el investigador. El resto de causas que explican su crecimiento son compatibles con las de cualquier otra especie invasora. No cuenta con sus depredadores naturales, tienen un clima favorable y recursos y alimento por el que no tienen que competir.

Un hipopótamo en un río colombiano. | Foto: Perla Sofia

¿Y ahora qué?

“El ministerio nos llamó para hacer una mesa de trabajo y hacer las labores de contención, pero primero hay que localizar las poblaciones”, dice Jiménez. De acuerdo con la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), hay presencia de hipopótamos al menos en tres jurisdicciones distintas y ocupan un terreno de 2.000 kilómetros cuadrados.

Cornare, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Universidad Javeriana y el Instituto Humboldt están trabajando juntos para empezar a esterilizar en 2021. Aunque hay otro pequeño handicap: el coste. Aproximadamente se necesitan entre 3.000 y 6.000 dólares para esterilizar un individuo. “Las autoridades no tienen dinero para hacer frente a este gasto mientras mantienen el resto de programas de conservación de las especies autóctonas”, explica Jiménez. La caza de control, de momento, sigue prohibida, pero es una opción que los organismos dedicados a la conservación nunca han descartado.



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