‘Ovejas bombero’ para prevenir incendios

‘Ovejas bombero’ para prevenir incendios

‘Ovejas bombero’ para prevenir incendios

La ganadería extensiva está en regresión en España, pero solo esta práctica es capaz de mantener la salud de los montes y mitigar el impacto del cambio climático. Ovejas y cabras que pastorean los bosques, guiadas por una nueva generación de jóvenes pastores y pastoras, ayudan a evitar unos fuegos cada vez más devastadores


Adeline Marcos | Especial para El Ágora
Madrid | 19 junio, 2020


Esta semana se ha presentado el plan para la Campaña 2020 contra incendios forestales que, coordinada desde el Ministerio de Interior, moviliza a miles de personas, cientos de medios aéreos y terrestres y cientos de millones de euros. Pero como explican los expertos en gestión forestal, la mejor forma luchar contra los incendios. Y eso pasa por una gestión preventiva de los montes.

“Bombas de relojería forestales”. Así denominan los ecologistas a los montes españoles con gran facilidad para arder. En 2019, nuestro país conoció el quinto peor año de la década con 10.717 incendios, 14 de ellos responsables del 41 % de la superficie total quemada. Agravados por el cambio climático, los fuegos se vuelven cada vez más intensos y destructivos.

Un bombero forestal lucha contra las llamas en un incendio| Foto: EFE, Kai Försterling
Un bombero forestal lucha contra las llamas en un incendio| Foto: EFE, Kai Försterling

“Estamos ante incendios que los bomberos y expertos califican de sexta generación, de una intensidad y magnitud muy elevada que supera todas las capacidades de extinción de los cuerpos”, explica para El Ágora Emma Soy, ingeniera agrónoma y técnica en la Fundación Pau Costa, de ecología del fuego y gestión de incendios, creada en 2011.

En España, donde se destinan 1.000 millones de euros al año para las labores de extinción, habrá cada vez más incendios que no serán posibles de sofocar. “Tenemos que estar preparados para que se quemen muchas hectáreas”, asevera Soy.

Sin embargo, la solución no pasa por conseguir más medios técnicos para actuar frente a los incendios. “Los bomberos ya no necesitan más helicópteros; no se trata de invertir más en extinción. La solución pasa por cambiar el paisaje, para que esté preparado para ser lo más factiblemente posible de extinguir”, recalca Soy.

Pastor con ovejas en Torroella de Montgri, Cataluña. | Foto: Paisatges Verticals

En la actualidad, existen diferentes medidas de prevención como la delimitación de áreas estratégicas, los cortafuegos o las franjas de protección de núcleos habitados, pero ante la intensidad de los incendios, estas no son suficientes. A esto se añade que la cuenca mediterránea se caracteriza por unos bosques poco gestionados y muy vulnerables.

“La única manera de prevenir los incendios, sobre todo estos que se están produciendo, es la ganadería extensiva”, afirma para El Ágora Marc Castellnou, jefe del equipo de GRAF de bomberos de la Generalitat.

Beneficios ambientales del pastoreo

Cabras, ovejas, vacas y cerdos que pastan en los montes realizan en realidad una función medioambiental mayor de lo que la sociedad imagina. El pastoreo no es solo una actividad económica, también compagina beneficios ecológicos. El ganado que vaga por los bosques consume libremente hierbas y matorrales más ricos y nutritivos, y controla así la expansión de la vegetación susceptible de arder.

“Con la ganadería extensiva hay menos biomasa y, por lo tanto, menos combustible, es decir, hay menos matorrales y el pasto es más tierno, de menos tallos”, explica para El Ágora Teodoro Lasanta, profesor de investigación del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) del CSIC. Este paisaje, menos homogéneo y más fragmentado y en mosaico, está más limpio que sin pastoreo, lo que favorece la extinción de incendios.

De este modo, las áreas donde pastan los animales y los bosques sin sotobosque actúan de cortafuegos. “Todo ello hace que haya menos incendios y cuando los hay son más controlables y, por tanto, causan menos daños”, continúa Lasanta, autor de un estudio, que ha analizado estas prácticas en la sierra riojana en los últimos 30 años.

“Allí se desbroza en áreas seleccionadas cubiertas por matorrales para eliminar biomasa y favorecer el desarrollo de la ganadería extensiva”, explica el investigador, que también participa en LIFE MIDMACC, un proyecto cuyo objetivo es activar el desarrollo local de estas zonas y, a su vez, gestionar los paisajes del sur de los Pirineos para hacerlos más resistente al cambio climático.

Ganado, diversidad, sobrepastoreo
Un pastor cuidando de su rebaño.

En su investigación, Lasanta y su equipo demostraron que esta práctica –cuya historia se remonta en España a más de 6.000 años– permite disminuir drásticamente el número de incendios. Ejemplo de ello es que entre 1983 y 1985 –no existen estadísticas anteriores– se quemaron en el valle del Leza, en La Rioja, 329,5 hectáreas de bosque, mientras que desde 1986 –año del inicio de la política de desbroces– hasta 2019 solo se han quemado 16,8 hectáreas.

Pero en toda la península ibérica, los montes pueden adoptar la ganadería extensiva. “Todas las áreas de montaña y piedemontes podrían pastarse. El problema es que hay pocos pastores, como consecuencia de la dureza del oficio y la escasa rentabilidad de las explotaciones ganaderas”, advierte el científico.

Rebaños de fuego

La presencia de rebaños en las áreas forestales ha ido disminuyendo, en general, en todo el país, en algunos casos a favor de la ganadería intensiva, que mantiene a los animales confinados en granjas y fábricas.

Según Castellnou, la desaparición del pastoreo se debe a que ya no consumimos productos ecológicos. “Tendemos a los productos de la ganadería intensiva, por precio y calidad, pero si nosotros mismos no lo promovemos la ganadería extensiva desaparecerá”, señala el técnico de bomberos.

Para continuar con esta tradición surgió Rebaños de fuego (Ramats de Foc, en catalán), que une a todos los agentes, públicos y privados, para promover el consumo de alimentos procedentes de estos rebaños con un valor añadido: la prevención de incendios en áreas forestales estratégicas, definidas por bomberos o ingenieros forestales del departamento de Agricultura.

“Es un proyecto que nace en colaboración con el gremio de carniceros y charcuteros de Girona y que promueve la ganadería extensiva en ganados que ya existen en zonas estratégicas para incendios forestales”, señala Emma Soy. Los técnicos forestales, que priorizan las actuaciones en los puntos más estratégicos, muestran a los pastores las zonas más oportunas para el silvopastoralismo.

Rebaño de ovejas con pastor y perro en Oiz, País Vasco. | Foto: Jesús Keller

“Es ahí cuando llamamos a ganaderos y ganaderas para que salgan con sus rebaños a mantener el excedente de la vegetación, es decir a conservar estas zonas con baja carga de combustible, que es lo que es necesario para actuar en caso de facilitar operaciones de extinción o poder cambiar el comportamiento del fuego”, añade la experta.

Los pioneros en este tipo de iniciativa fueron los andaluces con la RAPCA (Red de Áreas Pasto-Cortafuegos de Andalucía), promovida por la Junta de Andalucía. “Es el proyecto de más largo recorrido y envergadura en España, y está vinculado al dispositivo de prevención y extinción de incendios de Andalucía”, informa para El Ágora Elsa Valera, investigadora en el Centro de Investigación en Economía y Desarrollo Agroalimentario (CREDA) de Barcelona.

Las claves de su funcionamiento son dos: el compromiso a largo plazo por parte de la administración, que lo financia con fondos propios y no está sujeto a los vaivenes de las subvenciones europeas, y la profesionalidad de los técnicos de la RAPCA, con un conocimiento profundo del territorio, que localizan a los pastores locales que podrían prestar sus servicios en montes públicos.

“Una vez el pastor accede a participar en el programa se le encomienda una zona de cortafuegos y áreas aledañas donde se encarga de prestar los servicios de prevención de incendios. El cumplimiento de su actividad se evalúa antes del inicio de la campaña de incendios por parte de los técnicos y en función de ese cumplimiento y la dificultad de la zona,  se realiza el pago”, aclara Valera, que ha publicado un trabajo sobre estos procedimientos.

Ovejas merinas durante la trashumancia. | Foto: Marcos del Mazo

Con los años, este programa se ha replicado en otras comunidades como Madrid, Cataluña, Castilla-La Mancha, Valencia, etc., siempre con la misma filosofía: compensar a los pastores que van a zonas estratégicas a pastorear. “Este modelo, adaptado quizás a montes privados y no solo públicos se podría adoptar en toda España”, subraya la científica del CREDA.

La principal limitación es la falta de pastores. “Sin ellos nos quedamos sin los actores claves que podrían ayudarnos a reducir la vulnerabilidad de nuestros montes y paisajes a los incendios”, lamenta Valera.

Pastores y pastoras del siglo XXI

A pesar de la crisis del sector, está apareciendo una nueva generación de pastores y pastoras que quiere trabajar en el campo. “La cabaña ganadera se ha multiplicado por tres desde los años 70, con la llegada de pastores jóvenes, lo que contribuye a mantener vivo el territorio”, dice Teodoro Lasanta del IPE.

Gracias a la voluntad de crear nuevos proyectos de rebaños nació en 2018 Fire Sheperds, un proyecto de ERASMUS + que colabora con 15 socios de España, Francia, Portugal y Alemania. “Habíamos identificado que los jóvenes pastores no tenían una formación muy concreta de qué es trabajar en silvopastoralismo y prevención de incendios. Las escuelas de pastores o escuelas formativas agrarias no tenían módulos formativos concretos sobre este tema”, cuenta Soy.

El programa trabaja ahora con cinco socios académicos, como la Escuela de Pastores de Cataluña, para realizar cursos formativos y un total de cinco trainings –ya se han realizado tres en Alemania, Cataluña y Gran Canaria, este último celebrado este mes de febrero–. El objetivo es que los futuros ganaderos entiendan estas iniciativas destinadas al control de incendios.

Un pastor con sus cabras en Álora, Malaga. | Foto: Caron Badkin

Pero ¿qué perfil tienen los alumnos? “Son jóvenes de unos 30 años que proceden de zonas urbanas o rurales, pero sin tradición familiar ganadera y agricultora. La mayoría tiene estudios superiores, y una parte ha hecho formaciones relacionadas con el medio rural como ingeniería agrónoma, biología, ciencias ambientales, veterinaria, etc.”, describe a los alumnos de su centro para El Ágora María Díaz, técnica de la Escuela de Pastores de Cataluña.

Además de hijos de ganaderos, también hay una parte del alumnado que “ha realizado formaciones que no tienen nada que ver con el sector agrario, como arquitectos o gimnastas, por ejemplo”, añade Díaz. De todos ellos, el 50 % son mujeres en la actualidad, aunque esta proporción ha ido variando a lo largo de los años en la escuela. “Esta tendencia se está igualando ahora”, señala la experta.

Los 15 o 20 alumnos realizan un curso cada año de seis meses (dos de teoría y cuatro de práctica) y efectúan prácticas en explotaciones o en montañas de Cataluña o Francia, en el caso del centro catalán. “Cuando acaban la formación, se recomienda que trabajen antes para otras personas, antes de tener su propio proyecto”, indica Díaz.

Su trayectoria se complica cuando quieren acceder a la tierra y crear su propio negocio. “Las zonas más productivas están ya cogidas, y este es el mayor impedimento, seguido del económico: acceder a un sitio donde puedan instalarse”, observa la técnica catalana. Los alumnos se acaban estableciendo en áreas que no reciben ayudas y que en la mayoría de los casos son bosques con matorrales.

Un pastor hace la trashumancia con sus ovejas en la provincia de Soria. | Foto: CSP
Un pastor hace la trashumancia con sus ovejas en la provincia de Soria. | Foto: CSP

“Una buena salida es acceder a este tipo de hábitat que se limpia con un rebaño y cobrar por el servicio que se da a ayuntamientos –que tienen que mantener por ley las franjas de protección de urbanizaciones limpias– o a grandes empresas eléctricas –que tienen que preservar la zona debajo de las líneas–”, recalca Díaz, para quien es más económico contratar a un ganadero con su rebaño que introducir maquinaria en los bosques.

Más cabrito ecológico en los platos

Para sensibilizar a los pastores hacia la prevención de incendios con sus rebaños, los expertos coinciden en que es necesario “buscar fórmulas para que el oficio de pastor sea menos duro y más valorado por la sociedad”, comenta el investigador Teodoro Lasanta. Una de las alternativas es ayudarles con la comercialización de sus productos.

“No es fácil, sobre todo en el sector cárnico. Hay una tendencia a consumir menos carne y a escoger otros tipos. El cabrito es una carne que se consume poco”, recalca Emma Soy. En lugar del cabrito, la población más joven elige otras carnes por razones sociales, culinarias o económicas, dice.

Desde Ramats de foc se ha creado un distintivo junto a los productos procedentes del pastoreo para comunicar al consumidor final su valor añadido. “Comercializamos con el sello en carnicerías y restaurantes tanto lácteos como cárnicos y se explica que provienen de rebaños que contribuyen directamente a la prevención del fuego”, señala Soy.

Un pastor cuida sus ovejas en un día de verano. | Foto: Juan Francisco García

Al escoger la carne de cordero, cabrito, vacuno o los lácteos de animales que han pastado e ingerido recursos de los montes, “el consumidor final puede contribuir a la prevención de incendios”, continúa. Además del precio más bajo, “es un producto de calidad, mucho más natural o ecológico que el que aporta la ganadería intensiva o estabulada”, añade Lasanta.

Sin embargo, los bajos precios del cordero y la mano de obra elevada (el ganado necesita un pastor que lo guíe) hacen que el número de explotaciones disminuyan y las que quedan se intensifiquen “para garantizar su viabilidad”, informa Elsa Valera.

El producto es invisibilizado en la cadena de valor. Los consumidores no conocen el producto extensivo ni este está siempre diferenciado en su etiquetado”, apunta Valera. Pero hasta hace poco no era así. El cordero y muchas de sus partes que ahora no se consumen sí se compraban. La situación podría cambiar en beneficio de los montes y de todos los agentes, desde el ganadero al consumidor, si se apoyara la ganadería extensiva de siempre, concluye Marc Castellnou.



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