Proteger la naturaleza ya es más rentable económicamente que explotarla

Proteger la naturaleza ya es más rentable económicamente que explotarla

Los beneficios económicos de proteger ecosistemas ricos en biodiversidad como humedales y bosques superan con creces la rentabilidad que podría obtenerse del uso de la tierra para la extracción de recursos, según un nuevo estudio


Proteger la naturaleza no solo es una cuestión ética, sino que entra de lleno en el terreno de la lógica ecónomica. Y es que los beneficios de conservar o restaurar los espacios naturales “superan con creces” el potencial de beneficio que supone el explotarlos para un uso humano intensivo, según el mayor estudio de la historia sobre el valor económico de la biodiversidad y los ecosistemas, en el que se compara el valor de la protección de la naturaleza en determinados lugares con el de su explotación.

Esta es la principal conclusión de una investigación elaborada por científicos de la Universidad de Cambridge y la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB), en Reino Unido, cuyos hallazgos han sido publicados en la revista Nature Sustainability. Para llegar a ella, un equipo multidisciplinar ha analizado un total de 62 espacios, desde Kenia hasta Fiji y desde China hasta el Reino Unido, en seis continentes. En todos ellos, calcularon el valor monetario de los “servicios ecosistémicos”, como el almacenamiento de carbono y la protección contra inundaciones, así como los posibles dividendos de convertirlo para la producción de bienes como cultivos y madera

La investigación se produce apenas unas semanas después de que un informe histórico del profesor de Cambridge Partha Dasgupta pidiera que el valor de la biodiversidad se coloque en el corazón de la economía mundial. Para lograr precisamente un cálculo más exacto de se valor, los autores del estudio se concentraron en 62 espacios y compararon sus estados “naturales” y “alternativos” calculando el valor neto anual de una variedad de bienes y servicios para cada sitio en cada estado y proyectando los datos durante los próximos 50 años.

Uno de los beneficios económico más importantes de los hábitats naturales proviene de su regulación de los gases de efecto invernadero que impulsan el cambio climático, incluido el secuestro de carbono. Y es que, suponiendo que cada tonelada de carbono tiene un costo de 31 dólares (unos 20 euros) para la sociedad global, una suma que muchos científicos ahora consideran conservadora, entonces más del 70% de los sitios tienen un mayor valor monetario como hábitats naturales, incluido el 100% de los sitios forestales.

Es más, si al carbono se le asigna el “miserable” coste de 5 dólares (algo más de 3 euros) la tonelada, muy por debajo de su impacto real, el 60% de los espacios aún brindan un mayor beneficio económico cuando no se convierten o se restauran a hábitats naturales. De hecho, incluso si el carbono se elimina por completo de los cálculos, los investigadores encontraron que casi la mitad (42%) de los espacios todavía valen más para nosotros en su forma natural.

Un objetivo en sí mismo

“Detener la pérdida de biodiversidad es un objetivo vital en sí mismo, pero la naturaleza también sustenta fundamentalmente el bienestar humano. Necesitamos divulgación financiera relacionada con la naturaleza e incentivos para la gestión de la tierra centrada en la naturaleza, ya sea a través de impuestos y regulaciones o subsidios para los servicios del ecosistema”, ha explicado el doctor Richard Bradbury, autor principal del estudio y miembro honorario de la Universidad de Cambridge.

Es más, según Andrew Balmford, profesor de Ciencias de la Conservación en la Universidad de Cambridge y también autor principal de la investigación, “las tasas actuales de conversión del hábitat están impulsando una crisis de extinción de especies diferente a cualquier cosa en la historia de la humanidad”.

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Los ecosistemas de manglares son fundamentales para mitigar los impactos del cambio climático

Además, es probable que los resultados de los espacios mejor estudiados sean conservadores, dicen los científicos. Y es que, aunque muchos servicios de los ecosistemas no son fácilmente evaluables desde el punto de vista económico, los datos de los 62 espacios analizados muestran que, por lo general, los hábitats naturales los proporcionaron a un nivel mucho más alto, por lo que tener en cuenta su valor “haría que el argumento económico a favor de la conservación fuera abrumador”.

La coautora del estudio, Anne-Sophie Pellier de BirdLife International, agrega que los resultados “se suman a la evidencia de que conservar y restaurar áreas clave de biodiversidad tiene sentido no solo para salvaguardar nuestro patrimonio natural, sino también para brindar beneficios económicos más amplios a la sociedad”.

Hace una década, los científicos diseñaron TESSA (un kit de herramientas para la evaluación basada en el sitio de servicios del ecosistema), que permite a los usuarios medir y, cuando sea posible, asignar un valor monetario a los servicios proporcionados por un espacio bajo la naturaleza: agua limpia, recreación basada en la naturaleza, polinización de cultivos, y así sucesivamente, y cuando se convierta para la agricultura u otros usos humanos. Ahora, el nuevo estudio sintetiza los resultados de 62 aplicaciones de TESSA en todo el mundo: 24 espacios con datos económicos relativamente detallados y otros 38 con datos suficientes para evaluar si los servicios aumentarían o disminuirían después de la conversión del espacio.

Bosques y humedales

En cualquier caso, la mayoría de los espacios con alto valor económico son en su mayoría bosques o humedales. Por ejemplo, los científicos que utilizaron TESSA descubrieron que si el Parque Nacional Shivapuri-Nagarjun de Nepal perdiera su protección y se convirtiera de bosque en tierra de cultivo, reduciría el almacenamiento de carbono en un 60% y reduciría la calidad del agua en un 88%, junto con otros costos, dejando 11 dólares (7 euros) de déficit al año.

TESSA también reveló que Hesketh Out Marsh, una marisma salada cerca de Preston, en Reino Unido, tiene un valor de más de 2.000 dólares (1.290 euros) por hectárea al año solo en mitigación de emisiones, lo que supera cualquier ingreso no percibido por cultivos o pastoreo.

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Los ecosistemas fragmentados impiden la conservación de las especies.

De hecho, los hábitats conservados o restaurados se asociaron fuertemente con un mayor “valor actual neto” general en el 75% de los 24 espacios principales en comparación con su estado alternativo dominado por humanos. Los investigadores también dividieron los bienes y servicios en los que son un recurso común y los bienes “privados y de pago” que benefician sólo a unas pocas personas. El valor de los bienes comunes fue mayor para los hábitats naturales en el 92% de los 24 espacios.

Los hábitats incluso proporcionaron mayores beneficios económicos en términos de algunos bienes privados, por ejemplo, plantas silvestres cosechadas, en el 42% de los sitios principales. Eso sí,  allí donde las ganancias económicas de los bienes privados fueron mayores en el estado alternativo modificado por humanos, fue de los “cultivos básicos” de alto precio, como los cereales y el azúcar. Sin embargo, en muchos sitios que actualmente sufren la degradación causada por el cultivo de caucho, té y cacao, el valor financiero general sería mayor si se hubieran mantenido como hábitats naturales.



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