Pescar sin el plomo: el siguiente desafío en los ríos salmoneros

Pescar sin plomo: el siguiente desafío en los ríos salmoneros

Pescar sin plomo: el siguiente desafío en los ríos salmoneros

Lo que hace dos décadas descubrió un grupo de ambientalistas en sus excursiones submarinas y en aguas continentales les convenció de que hay que conseguir alternativas a las técnicas de pesca con piezas de plomo que se desprenden de la línea


Analía Iglesias
Madrid | 6 mayo, 2022


Hace unos 20 años, un grupo de naturalistas hacía una filmación submarina en aguas del río Sella, en Asturias, uno de los ríos salmoneros más estéticos de España, que nace en los Picos de Europa y desemboca en el Cantábrico. De repente, descubrieron que el fondo del río parecía lleno de pelitos erizados y, al tirar de uno de ellos, descubrieron que esos hilos eran trozos de sedal que terminaban en el ojal de una pieza de plomo de pescar: se trataba de miles y miles de plomadas que se parecían a las piedras del lecho fluvial.

Entonces nació la idea de comenzar una tarea de limpieza que permitiera dejar al río libre de un metal que, con el tiempo y la degradación, resulta muy contaminante. Es, sin duda, un veneno, pero menos para las aguas del presente que para las del futuro, cuando esas piezas se acumulen en tejidos de peces y humanos.

José Ángel Sanz Wollstein presidente de la asociación Océano Alfa y director de Medio Ambiente de la Asociación de Buceo de Recreo de España (ABRE) formó parte de la epopeya de gestionar los grupos de buzos voluntarios que extraerían manualmente esas piezas (porque hay que identificar una a una las piezas, despejándolas de la grava y las piedras circundantes).

En 2002, los submarinistas comenzaron la ciclópea misión (que se relata en el vídeo que se muestra líneas arriba) y llegaron a extraer media tonelada de plomo en 20 metros cuadrados (estimaron que, en un tramo de dos kilómetros, había depositados unos 500.000 kilos de plomo).

«Alternativas al plomo en el aparejo para pescar salmón hay muchas, pero los  cambios de hábitos son lentos»

Tras un tiempo de arañar, literalmente, ranuras de piedras y raspar grava para limpiar hasta los sitios más recónditos, a mano, llegaron a la conclusión de que la tarea era infructuosa si no se conversaba con los pescadores y se cambiaban las técnicas de pesca o se sustituían las plomadas por otras, de materiales más amables con el medio ambiente, como ha sucedido en países como en el Reino Unido, donde hace décadas que el plomo no tiene cabida. Alternativas hay, pero en cuestiones de cambios de hábitos, la cosa va más lenta.

Salmones remontando una cascada.

En lugar de la mosca

A diferencia de la pesca del salmón con mosca, de la que se echa mano en los ríos menos profundos y con cauces amplios de América del Norte, la técnica en estos ríos salmoneros estrechos y con tanta vegetación consiste en usar una pequeña pieza de plomo en los aparejos de pesca.

Hay pescadores artesanos que las fabrican ellos mismos, con cañerías recicladas, por ejemplo. Esta se sostiene en el sedal con un pequeño nudo que se desata en cuanto el pez pica el anzuelo. Hay veces en que incluso la pieza (cada una pesa alrededor de 100 gramos) se suelta antes, y cae al agua, porque apenas hace contrapeso a  la carnada (hecha de gusanos y quisquillas). Es una costumbre “muy arraigada en un sector muy amplio de los pescadores de ríos de montaña, algo que forma parte de su cultura”, en palabras del submarinista Sanz Wollstein, por lo que cualquier transformación que se emprenda debe contar con su consentimiento y su impulso.

«En esta técnica de pesca propia de los ríos salmoneros, la pieza de plomo se sostiene en el sedal con un pequeño nudo que se desata en cuanto el pez pica el anzuelo, por lo que esta cae al lecho»

Para estas asociaciones ambientalistas, la clave pasa por “buscar iniciativas con el sector de la pesca recreativa”, y que ellos les “aporten conocimiento”. De hecho, en algún momento de este peregrinar por las riberas del Cares o del Sella, les propusieron a los pescadores cambiar las plomadas por unas pequeñas piedritas talladas, que podrían venderse como ahora se venden las bolsas de dos kilos y medio de plomo.

Pero, al probarlas ante esta corriente brava de los ríos, resultó que las piedras no estabilizaban la línea, porque no eran lo suficientemente pesadas. “Necesitamos que ellos nos digan ‘esto no funciona’, pero esto sí’ para lograr técnicas nuevas y materiales alternativos que impidan la acumulación de plomo, evitar su abrasión, que se entierre más o que llegue a las cadenas tróficas”.

Actualmente, la Unión Europea se decanta por la sustitución del plomo por materiales como el zinc, el bismuto o el acero. De hecho, de enero de 2021 datan las directrices de la Comisión Europea, dentro del marco de la normativa sobre productos químicos de la UE, que pretenden que los estados miembros reduzcan significativamente el uso de ese elemento metálico en caza y pesca, con un horizonte que no va más allá de los tres años, tanto para aguas marinas como continentales.

Según el presidente de Océano Alfa, no obstante, el problema en el mar es menos acuciante, porque la gente que pesca en él no utiliza técnicas de pesca que consistan en perder el plomo. En efecto, lo que allí se desprende es accidental, tanto si se trata de la línea de abajo (de mallas y redes) como de los aparejos. A eso se le llama “la pesca fantasma”, porque refiere a lo que les sigue ocurriendo a los peces cuando ya no se los pesca voluntariamente.

Puente romano sobre el río Onís a su paso por Cangas de Onís, Asturias. | FOTO: Marques
Puente romano sobre el río Onís a su paso por Cangas de Onís, Asturias. | FOTO: Marques

Lo que queda por hacer

Lo primero es seguir investigando, según Sanz Wollstein. “A lo largo de los años 2001, 2002 y 2003, Océano Alfa colocó indicadores (pequeñas piezas de plomo a diferentes profundidades y geolocalizadas) para ver qué evolución tendrían en las  siguientes décadas.

«Queremos saber cómo se ha cómo se ha reducido o se ha ido degradando ese plomo, y cómo se ha adaptado al ecosistema. Este es el momento de recogerlas y llevarlas al laboratorio, porque nos podrían aportar información muy valiosa”, explica el buzo conservacionista. Y añade que este análisis podría, sin duda, complementarse con datos sobre el cambio climático; a saber, “cómo incidiría el aumento de temperatura que ya sufren los ríos por el calentamiento global (algo que altera su índice de acidez) en la abrasión del plomo”.

Aparejos de plomo para pesca. | FOTO: Optimarc
Aparejos de plomo para pesca. | FOTO: Optimarc

“Necesitamos que los pescadores nos digan ‘esto no funciona’, pero esto sí’ para lograr técnicas nuevas y materiales alternativos que impidan la acumulación de plomo, dice. José Ángel Sanz Wollstein»

Paralelamente a la investigación científica, en su criterio, “es necesario desarrollar experiencias de gobernanza conjunta, como las que ellos ya han desarrollado en el medio marino, a través de acuerdos con cofradías de pescadores”.  En estos asuntos, “las alianzas entre sectores son fundamentales a la hora de presentar propuestas consensuadas a las administraciones”, opina. Además, “nadie quiere que se pierda la riqueza natural y, mucho menos, los pescadores, que saben muchísimo”.

La siguiente decisión será qué hacer con esas toneladas de plomo que se extraigan de las aguas frías de los ríos de cordillera. “Se pueden reciclar en placas de protección frente a rayos X para el personal sanitario, por ejemplo”, imagina el submarinista. Hay mil cosas nuevas por pensar, pero para eso habrá tiempo e imaginación colectiva por convocar.



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