Solo el 3% de la Tierra está libre de perturbaciones humanas

Solo el 3% de la Tierra está libre de perturbaciones humanas

Un nuevo estudio indica que si se tienen en cuenta las perturbaciones humanas y la pérdida de especies desde el año 1500, solo un 3% de la Tierra se presentaría en su forma más prístina, lo cual es un pésimo indicador para nuestros objetivos de conservación y protección


Los ecosistemas ecológicamente intactos son una prioridad desde hace más de 30 años en la consecución de nuestros objetivos de protección y mantenimiento de la biodiversidad. Sin embargo, las actividades humanas no han parado de mermar estas áreas hasta el punto de reducirlas al mínimo.

Evaluaciones pasadas, basadas en definiciones abstractas del término “integridad” sobre estos ecosistemas, defienden una extensión intacta en la Tierra libre de perturbaciones humanas equivalente al 20%. Algunas de las más optimistas apuntan a una extensión del 40%, lo cual sería bastante positivo teniendo en cuenta los objetivos marcados por las distintas agendas ambientales.

No obstante, un nuevo estudio, publicado en la revista Frontiers in Forests and Global Change, estima que quedan muy pocas áreas del mundo que puedan caracterizarse por tener una integridad ecológica excepcional, es decir, “que conservan conjuntos de especies intactas en densidades ecológicamente funcionales”, según su definición.

En este sentido, encuentran que solo el 2,8% de la superficie del planeta tienen una huella humana baja sin pérdida conocida de especies y sin especies conocidas que se reduzcan por debajo de las densidades funcionales.

“La pérdida de hábitat y la degradación resultante del ecosistema es uno de los principales impulsores de la pérdida de especies, aunque no el único. La sobreexplotación, los efectos de las especies invasoras y las enfermedades son factores que dañan estos ecosistemas y que, por lo tanto, se deben tener en cuenta a la hora de mapear estas regiones prístinas”, señalan los autores en el estudio.

Así pues, para llevar a cabo su investigación, los autores no solo se centraron en el impacto humano, sino que utilizaron cinco criterios generales para identificar Áreas Clave de Biodiversidad (KBA), el llamado criterio C. Este estándar determina que una comunidad ecológica intacta es aquella que no ha perdido especies desde un punto de referencia concreto.

“El estándar de KBA proporciona algunas pautas sobre cómo se debe medir la integridad ecológica y establece que debe ser observado o inferido de medidas directas de composición de especies y abundancia / biomasa entre grupos taxonómicos y ausencia de impacto humano industrial directo”, informan los autores.

Asimismo, la necesidad de establecer un punto de referencia les condujo a optar por centrarse en los cambios que han ocurrido desde el año 1500 d.C debido a que “es la fecha de referencia para evaluar la extinción de especies dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza”.

Así pues, con todos estos parámetros, “los mejores que pudieron encontrar”, según los autores, obtuvieron que aproximadamente el 3% de la Tierra está intacta desde ese año de referencia. Además, observaron que solo el 11% de los sitios medidos están cubiertos por áreas protegidas: “Las áreas identificadas como funcionalmente intactas incluyen el este de Siberia y el norte de Canadá para los biomas boreales y de tundra, partes de los bosques tropicales de la cuenca del Amazonas y el Congo y el desierto del Sahara”, argumentan.

Al final de su estudio, los científicos señalan que aún puede haber una esperanza para revertir esta situación, por lo menos en el 20% de la superficie terrestre ya que estas zonas, al reintroducirse ciertas especies estratégicas, podrían recuperarse.

“Los resultados muestran que podría ser posible aumentar el área con integridad ecológica hasta en un 20% a través de reintroducciones específicas de especies que se han perdido en áreas donde el impacto humano aún es bajo, siempre que las amenazas a su supervivencia pueden abordarse y reconstruirse los números a un nivel en el que cumplan su función funcional”, concluyen.



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