La advertencia climática de los Juegos Olímpicos de Tokio

La advertencia climática de los Juegos Olímpicos de Tokio

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 que se han clausurado este domingo han sido descritos por algunos atletas como “los más calurosos de la historia”, debido a un cambio climático que ha llevado al límite a los deportistas y pone en riesgo la celebración futura en verano de este histórico evento


Una de las múltiples imágenes que dio la vuelta al mundo de estos Juegos Olímpicos de Tokio recién clausurados no fue una gesta deportiva o un nuevo récord mundial, sino una consecuencia del cambio climático. La tenista española Paula Badosa abandonaba la Pista 4 del complejo olímpica en silla de ruedas y con una toalla cubriéndole la cabeza debido a una indisposición consecuencia del fuerte calor. No fue la única: mientras revisaba sus puntuaciones, la arquera rusa Svetlana Gomboeva tuvo un golpe de calor con el que se desmayó que obligó a los asistentes sanitarios a retirarla en camilla. Pero estas atletas no han sido las únicas afectadas por las altas temperaturas de la capital japonesa: las escenas de deportistas sufriendo e incluso vomitando tras superar sus extenuantes pruebas ha sido una constante durante las tres semanas que ha durado este evento celebrado cada cuatro años y que se postergó a 2021 por culpa de la pandemia. ¿El principal culpable? El calentamiento global.

Y es que las temperaturas de Tokio se mantuvieron entre los 29 y los 33 grados centígrados todos los días desde que comenzaron los Juegos el 23 de julio, un dato que combinado con la fuerte humedad de la capital nipona creaba un efecto peligroso para la salud que llevó al Ministerio de Medio Ambiente japonés a mantener la alerta roja por calor durante tres semanas. Pero esta situación no se explica sin el cambio climático y el efecto de isla de calor de las zonas urbanas que provoca que las ciudades se calienten más y más rápido que las zonas rurales: en comparación con 1900, las temperaturas son ahora en Tokio 2,86 °C más calientes que en 1900 y los días en los que los termómetros marcan registros superiores a 30 °C son ya la tónica en verano.

“A los cinco segundos de entrenar la salida de tacos, las yemas de los dedos me ardían, pero no es excusa”, contaba a El País el atleta español Óscar Husillos tras la prueba de 400m. “Había descansado, la aclimatación era perfecta. Por mucho que yo sea de clima seco y la humedad aquí sea alta, no encuentro explicación al sofocón que me llevado al final y la vomitona que he echado. No entiendo nada”, añadía este plusmarquista palentino, visiblemente afectado  por la meteorología y la deshidratación.

En Tokio es habitual el calor en verano, pero no al nivel que han tenido que enfrentar los atletas este año. Sin embargo, pronto formarán parte de la normalidad: las temperaturas muy elevadas son cada vez más frecuentes en las ciudades de Asia oriental, según un estudio de Greenpeace. Investigadores de la organización han analizado los datos de temperatura de 57 ciudades en China continental, Corea y Japón y han descubierto que el calor ha llegado este año antes que nunca a más del 80% de las metrópolis. En Tokio y Seúl, el primer día caluroso del año (de 30 ° C o más) llegó un promedio de 11 días antes durante el período 2001-2020 en comparación con las dos décadas anteriores. Es más, en la capital nipona el número de días con una temperatura de 33 °C o más se ha duplicado desde la década de 1960, tal y como muestra el análisis.

¿Juegos en otoño?

“Durante las últimas dos semanas hemos visto colapsar a varios atletas olímpicos en los Juegos Olímpicos de Tokio debido a golpes de calor. Además, a principios de este verano, las temperaturas extremas en Guangdong (China) obligaron a cerrar las fábricas y en Corea cientos de miles de cabezas de ganado murieron debido a las olas de calor. Estos eventos de calor extremo son consistentes con el clima cambiante de la región. Este tipo de temperaturas extremas serán cada vez más frecuentes a menos que los Gobiernos hagan una apuesta firme por el fin de los combustibles fósiles y cambien a un sistema sustentado por fuentes de energía más limpias, incluidas la eólica y la solar”, ha señalado Mikyoung Kim, responsable de la campaña de Emergencia Climática de Greenpeace Asia Oriental.

Eso sí, la situación podría haber sido incluso peor. Las temperaturas fueron tan altas como se pronosticaron, pero no hubo una ola de calor, como hubo en los veranos de 2018, 2019 y 2020, donde las temperaturas alcanzaron los 30 e incluso los 40 grados centígrados, causando más de mil muertes en exceso en todo Japón. En este contexto, los científicos descubrieron que la ola de calor más extrema, en 2018, no podría haber ocurrido sin el cambio climático causado por los humanos.

Juegos Olímpicos de Tokio
El keniata Eliud Kipchoge, tras cruzar la línea de meta en primer lugar y ganar la medalla de oro en el Maratón Masculino. | EFE/KIMIMASA MAYAMA

Conscientes de las dificultades que plantea este problema provocado por el cambio climático, cada vez más atletas y organizaciones olímpicas piden empezar a considerar como posibilidad el que los Juegos se celebren en otoño en vez de verano, para evitar los episodios de temperaturas más altas. De hecho, en 1964, mucho antes de que la humanidad fuera consciente de los terribles efectos del cambio climático que este lunes ha vuelto a poner en valor el último informe del IPCC, los Juegos Olímpicos de Tokio de entonces se trasladaron a octubre para evitar poner en riesgo la salud de los atletas.

Sin embargo, tal y como explica a Climate Home News Ben Bright, el entrenador del equipo de triatlón británico, la solución debería estar en la lucha climática y no en los posibles cambios de fecha. “Creo que hablar de lo que incluso los organizadores y los atletas pueden hacer para mitigar las condiciones extremas es una forma incorrecta de ver las cosas. Por supuesto que debería ser parte de la conversación, pero tenemos que abordar la causa, no poner una tiria sobre la lesión”, afirma.

El rendimiento de un deportista merma un 30% si le falta un 2% de agua

El rendimiento de un deportista puede mermar un 30% si le falta un  % de líquido en su organismo, por lo que su hidratación es importante y debe ser constante, ha afirmado a Efe el experto en nutrición deportiva y docente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Antonio Murillo, que subraya que es trascendental que los deportistas de élite estén bien hidratados, especialmente aquellos que compiten en modalidades “extremas”, como el triatlón, en las que los participantes llevan su cuerpo al límite y se enfrentan a diferentes cambios ambientales.

En este sentido, Murillo cree que algunos de los deportistas de élite que compiten en pruebas de velocidad evitan hidratarse de manera suficiente antes de la competición, con el fin de pesar menos e intentar ganar en potencia, algo que “no es ético porque en carreras de alta intensidad y longitud se lleva el cuerpo al límite”.

Además, ha aclarado que alimentarse y hidratarse de forma incorrecta antes de una competición no facilita el buen funcionamiento del deportista, cuyo organismo puede sufrir “un gran deterioro” y llegar exhausto al final de la carrera, “algo que ya se ha visto en modalidades de triatlón y atletismo en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020”, aunque también apunta que las altas temperaturas pueden tener mucha influencia.



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