El agua contaminada de Fukushima, un desafío pendiente para Japón

El agua contaminada de Fukushima, un desafío pendiente para Japón

Con los Juegos Olímpicos de Tokyo en el horizonte, se cumplen nueve años del accidente nuclear de Fukushima y el Gobierno de Japón aún tiene que hacer frente al desafío del agua contaminada de la central, que todavía sigue acumulándose en tanques junto al recinto


La llama olímpica está cada día más cerca de Tokyo. La capital nipona se prepara, si no lo evita el coronavirus, para acoger los Juegos este verano, con un infausto recuerdo en la memoria: el accidente nuclear de 2011 en la central de Fukushima. A pesar de haber pasado ya casi una década, el reactor siniestrado sigue requiriendo trabajos de descontaminación y refrigeración que necesitan de toneladas de agua para llevarse a cabo. Este agua, contaminada por radioación, se guarda en la propia central y supone un enorme “desafío” a futuro para Japón, que debe buscar fórmulas para deshacerse de ella.

Ese el análisis que hace la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), que sin embargo alaba el trabajo del Gobierno japonés para descontaminar la zona y gestionar la crisis. El director general de la OIEA, Rafael Mariano Grossi, ha señalado que la organización lleva trabajando desde el primer día tras el accidente nuclear y ha visto “todo este progreso” en los trabajos realizados, lo que les lleva a hablar de una “tendencia muy alentadora”.

“Todavía hay desafíos que abordar en los próximos años”, ha admitido, no obstante, al tiempo que ha apuntado que el principal es la eliminación de la generación de agua contaminada en la planta que actualmente está almacenada en tanques junto al recinto.

Grossi visitó recientemente la J-Village, una instalación deportiva a 20 kilómetros al sur de Fukushima Daiichi, que cuenta con 11 campos de fútbol y rugby que fueron aparcamientos para miles de trabajadores de la emergencia tras el accidentes. Desde 2019 ha vuelto a acoger equipos deportivos de élite y en pocas semanas será el punto de partida del relevo de la antorcha olímpica de los Juegos Olímpicos.

“Las instalaciones de capacitación de J Village pueden verse como un símbolo para la reconstrucción de la región cerca de la planta de Fukushima“, concluyó Grossi tras visitar las instalaciones.

Pero, ¿porqué sigue generando agua radioactiva Fukushima? ¿Qué pasó exactamente hace ahora nueve años?

Reactores dañados

La costa japonesa recibe el impacto del maremoto en marzo de 2011. | EFE/Archivo/Kimimasa Mayama

El 11 de marzo de 2011, un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter cercano a las costas japonesas provocó un tsunami que arrasó casi 600 kilómetros de litoral, causando 19.000 muertos. La ola gigante inundó la central atómica de Fukushima, dañando sus sistemas de refrigeración y provocando la fusión total o parcial de tres de sus reactores.

Aunque estos reactores estaban cubiertos por unas vasijas de contención, la alta presión hizo que varias explosiones de hidrógeno rompieran los muros y liberaran grandes cantidades de partículas radioactivas a la atmósfera. Estas fugas obligaron a evacuar a 80.000 personas que vivían en un radio de 20 kilómetros alrededor de la planta.

Las vasijas se lograron volver a cerrar y los reactores quedaron sellados, pero aún no tenemos la tecnología necesaria para retirar el combustible fundido de los reactores, ya que es tan radioactivo que un ser humano moriría en cuestión de segundos con solo acercarse a él. Para que el combustible no vuelva a hacer estallar el muro de contención ni libere más radiación a la atmósfera, es necesario inyectar agua subterránea a los reactores para refrigerarlos y mantenerlos a 30 grados.

Agua contaminada

Varios periodistas visitan en 2018 los trabajos de descontaminación de Fukushima. | EFE/KIMIMASA MAYAMA

Tepco, la empresa responsable de la central, ha ido almacenando ese agua que pasa por los reactores en más de mil tanques especiales instalados en la central, lo que supone supone más de un millón de toneladas de agua contaminada. Para poder hacer frente a un ciclo interminable, de en torno 150-200 metros cúbicos de agua residual al día, la empresa sigue construyendo más contenedores, que tienen capacidad para recibir entre 1.000 y 1.200 toneladas de agua y tarda en llenarse entre siete y diez días.

La empresa ya ha avisado de que en tres años se quedará sin espacio. Y, en cualquier caso, tener grandes cantidades de agua contaminada en una zona propensa a terremotos y tsunamis, no parece una solución definitiva.

Por ahora, para impedir filtraciones y reducir el bombeo de agua al mínimo posible, se ha construido un muro de hielo subterráneo alrededor de los reactores. El objetivo es matener la tierra circundante a una temperatura de 30 grados bajo cero para evitar cualquier fuga de agua radiactiva al mar. Además, se han cambiado los suelos de la central para que sean capaces de atrapar partículas radioactivas, lo que ha reducido la contaminación en el aire y permitido que no haga falta un traje especial de protección en el 90% del recinto.

Limpiar o diluir

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Empleados de Tepco se protegen con trajes y máscaras mientras pasan por delante de tanques con agua radioactiva en la central nuclear de Fukushima. | EFE/Tomohiro Ohsumi

En cualquier caso, a finales de 2018 una misión de expertos de la OIEA aconsejó a Japón que tomara una “decisión urgente” sobre la ruta de gestión del agua, que ahora se trata con un proceso llamado ALPS (Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos).

A principios de febrero de este año, el comité de expertos de Japón presentó al Gobierno un informe en el que planteaba diferentes opciones, que aún se desconocen, para eliminar el agua después de limpiar los contaminantes radiactivos salvo el tritio. La OIEA también ha tenido acceso al informe y ha señalado que considera que las opciones de eliminación son “técnicamente factibles” y que están “en línea con la práctica internacional”.

Una opción muy real es la de verter los residuos al mar para diluirlos, una vez limpios de casi todos sus componentes radioactivos. Es lo que aseguró hace meses el ministro de Medio Ambiente nipón, Yoshiaki Harada, que sostuvo que Tokio no tiene más opción que “tirar el agua al mar y diluirla”, algo que ha causado la furia de pescadores y asociaciones ecologistas, además de provocar preocupación en los países vecinos.

Mientras se decide qué hacer con el problema del agua, la vida parece que va volviendo a la normalidad. Las autoridades de Japón han levantado el pasado fin de semana parcialmente la orden de evacuación de una localidad de la prefectura de Fukushima. Un paso sin duda simbólico a solo tres semanas de que la antorcha olímpica llegue a la zona: está previsto que parta el 26 de marzo de una academia de fútbol situada 20 kilómetros al sur de la central nuclear.



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