Agua y salud, los ámbitos que más sufrirán el cambio climático en España - EL ÁGORA DIARIO

Agua y salud, los ámbitos que más sufrirán el cambio climático en España

Los recursos hídricos y la salud, seguidos por las infraestructuras, son los ámbitos que sufrirán más el impacto del cambio climático en nuestro país según el informe ‘Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España’, que prevé un aumento de la temperatura media del país entre 2 y 6,4 grados centígrados este siglo


Los recursos hídricos y la salud, seguidos por las infraestructuras, son los ámbitos que sufrirán más el impacto del cambio climático en España, según el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España, elaborado en el marco del Proyecto LIFE Shara, promovido por la Oficina Española de Cambio Climático, con la colaboración del Basque Centre for Climate Change (BC3).

El informe prevé un aumento de la temperatura media del país entre 2 y 6,4 grados centígrados en el presente siglo y, como documento de apoyo a los Planes Nacionales de Adaptación al Cambio Climático, identifica 73 riesgos provocados por el calentamiento global en 10 categorías: recursos hídricos, el medio marino, la salud, el turismo, los ecosistemas terrestres, las costas, la energía, la agricultura y la ganadería, las áreas urbanas y el transporte. De ellos, 34 riesgos requieren una actuación urgente, aplicando nuevas medidas o impulsando la investigación para identificar soluciones.

En lo que se refiere a los recursos hídricos, el informe identifica 9 riesgos de alto impacto, de los que seis requieren la adopción de medidas urgentes: la reducción de los caudales de los ríos, la pérdida de biodiversidad de especies de agua dulce, la disminución de la disponibilidad de recursos hídricos, tanto para abastecimiento y consumo humano, como para uso agrícola e industrial; el incremento del riesgo de inundaciones, y una mayor eutrofización, que comprometerá la calidad de las masas de agua.

Unos datos que contrastan con la escasa inversión en esta materia prevista en los planes de reconstrucción y resiliencia, que limitan a 1.100 millones de euros las actuaciones previstas a corto plazo, con el foco puesto únicamente en el cumplimiento de la Directiva Marco de Agua en lo que a saneamiento y depuración se refiere.

Hugo Morán, secretario de Estado de Medio Ambiente, destacaba durante la presentación del informe los problemas que afrontan las políticas para mitigar el impacto del cambio climático, sobre todo en dos ámbitos: la ocupación urbanística de la primera línea de las costas y el ahorro de agua en la agricultura.

“Las encuestas revelan que tenemos un elevado nivel de conciencia climática, y que es reivindicativa, de exigencia de acción frente al calentamiento global, pero seguimos teniendo pendiente esa asignatura de la traducción de la conciencia global al ámbito de la conciencia local”.

Menos recursos hídricos

Rio Tajo.

Sobre los recursos hídricos, el informe de impacto del cambio climático en España espera un aumento generalizado en la intensidad y magnitud de las sequías, que ya se ha observado en una reducción del caudal de los ríos, y que afectará a todos los usos. Asimismo, el informe pronostica un aumento de otros fenómenos extremos, como las inundaciones, que cuestan 5.300 millones de euros al año a escala europea.

Los expertos destacan que este aumento generalizado en la intensidad y magnitud de las sequías meteorológicas e hidrológicas, bajo escenarios de cambio climático, se agravan principalmente por el aumento de la evapotranspiración y, secundariamente, por la reducción de las precipitaciones. Estos cambios se traducen en proyecciones de escorrentía y recarga subterránea decrecientes, y por tanto una reducción de la aportación hídrica a los ríos.

Ya se ha observado una reducción del caudal de los principales ríos de la península ibérica durante la segunda mitad del siglo XX, con una tendencia a la baja de los caudales anuales más pronunciada en primavera e invierno, que se puede atribuir a varias causas, incluyendo los cambios en el patrón de lluvias estacionales, además de a otros factores no climáticos de gran importancia y que deben tenerse en cuenta para explicar mejor las tendencias temporales y espaciales.

El incremento de las temperaturas, la posible disminución de la precipitación anual, el cambio en la estacionalidad, el cambio de régimen nival o la intensidad de las precipitaciones, así como el aumento del nivel del mar, pueden producir alteraciones en los procesos del ciclo hidrológico en su fase subterránea (salinización, concentración de contaminantes) y superficial (inundaciones por eventos extremos o deshielo rápido, etc.).

De igual forma, el aumento de la intermitencia de los flujos de agua o los cambios estacionales pueden impactar muy negativamente en algunos hábitats acuáticos de agua dulce (humedales, manantiales, etc.) y sus especies. En general, incluso en los escenarios de bajas emisiones, se prevén considerables repercusiones en el ciclo hidrológico, cuya consecuencia será la disminución de la disponibilidad de agua y su calidad.

Los recursos hídricos están íntimamente relacionados con todos los sectores económicos, especialmente aquellos que son más críticos para nuestra economía. Por lo tanto, los cambios en su disponibilidad y calidad podrían generar vulnerabilidad a nivel sistémico, con posibilidades de efectos de cascada.

Es importante resaltar la vulnerabilidad del sistema por el actual uso de los recursos hídricos, que está altamente regulado y con un uso muy intensivo en ciertas áreas. Esta elevada vulnerabilidad debería ser considerada para adoptar un enfoque sistémico en las respuestas de adaptación.

Desertificación y suelos

España es uno de los tres países de la Unión Europea con mayor riesgo de incendios, riesgo que puede verse incrementado

Las proyecciones sobre cambio climático en España apuntan, entre otras cosas, hacia una creciente aridez y un aumento de las temperaturas.

Aun cuando no se produjeran incrementos cuantitativamente importantes de las pérdidas de suelo, el incremento previsto de la aridez apunta a un aumento del riesgo de desertificación. Además, España es uno de los tres países de la Unión Europea con mayor riesgo de incendios, riesgo que puede verse incrementado.

En lo que respecta a los suelos, la disminución de la precipitación media o el aumento de fenómenos extremos (como sequías, inundaciones o incendios, entre otros) pueden provocar un incremento peligroso de la erosión, sobre todo en aquellos suelos sujetos a alta intensidad de manejo.

Se espera una disminución de la materia orgánica en los suelos ya pobres en carbono orgánico, en particular en suelos mediterráneos. La actividad, composición y estructura de las comunidades bióticas pueden verse afectadas en general de forma negativa, modificándose de manera sustancial su capacidad de proveer los nutrientes y los servicios que permiten la recuperación de las comunidades vegetales que soportan.

Los ciclos del nitrógeno y carbono pueden verse alterados. Se ha visto que la presencia de costras biológicas en los suelos semiáridos y áridos los hacen más resilientes, aunque el incremento de temperatura puede inducir a la reducción de las mismas.

Ecosistemas terrestres

El funcionamiento de los ecosistemas terrestres y sus componentes se verá afectado de diversas formas.
En las especies forestales se han observado ya cambios fenológicos, como el aumento o desplazamiento del periodo de permanencia de la hoja en especies caducifolias, y cambios en los periodos de floración y fructificación de muchas especies.

Estas alteraciones pueden llevar a cambios de comportamiento en las especies migratorias. De hecho, muchas ya están adelantado su llegada a la Península, o en especies locales, determinados insectos están adelantando la emergencia de los adultos.

Algunas especies forestales también se están viendo afectadas negativamente, con incrementos en la defoliación y aumento de las tasas de mortalidad. Estos fenómenos en muchos casos están también condicionados por la gestión de estos ecosistemas, que puede aumentar o disminuir su vulnerabilidad.

Es muy probable que la resiliencia de nuestros bosques pueda verse reducida en el futuro si se producen sequías recurrentes. Ya se han identificado complejos fenómenos de decaimiento, en los que el cambio climático puede estar jugando un papel junto con otros factores (por ejemplo, el abandono de la gestión o la entrada de patógenos exóticos).

Agricultura y ganadería

viñas
La industria vinícola supone un 4,93% del PIB de España.

Los principales impactos del cambio climático en la agricultura y la ganadería son los cambios fenológicos asociados al desplazamiento de las estaciones, el aumento del estrés hídrico, los daños por calor y por eventos extremos.

También sufre impactos indirectos derivados de los efectos del cambio climático sobre otros sectores (suelos, recursos hídricos, etc.).

Así, se espera un descenso en la producción tanto de cultivos herbáceos como leñosos, siendo mayor en los cultivos de secano.

El efecto de la posible limitación de los recursos hídricos para los cultivos de regadío dependerá de los requerimientos de cada tipo de cultivo y de la disponibilidad de dichos recursos en cada región. Ya hay evidencias constatadas del cambio fenológico en algunas especies frutales de hueso y en los cítricos en España debido al avance de las temperaturas primaverales y la falta de días fríos.

Asimismo, los viticultores han constatado un adelanto de la fecha de maduración de la uva. Estos cambios tienen efectos en la calidad de las cosechas o en la competitividad del cultivo de estación temprana.

Medio marino

En el medio marino, los impactos sobre la biodiversidad y los ecosistemas, así como en la pesca y acuicultura, son cada vez mejor conocidos, y se deben fundamentalmente al aumento de temperatura, la acidificación y la pérdida de oxígeno.

Así, se observan cambios en la distribución y abundancia de especies de flora y fauna marina, cambios fenológicos, establecimiento de especies invasoras y disminución del potencial pesquero y acuícola, principalmente. Estos cambios a nivel de especie influyen en la composición e interacciones dentro de las comunidades biológicas, y en la estructura, dinámica y funcionamiento de los ecosistemas, con implicaciones para los servicios eco sistémicos marinos, la pesca y la acuicultura.

Estos impactos se han venido documentando para las regiones Mediterránea, Canaria y Atlántica peninsular, con cada vez más evidencia de especies que cambian sus rangos de distribución, abundancia, presencia y migraciones. Así, los ecosistemas marinos y las comunidades humanas que dependen de ellos serán más vulnerables al cambio climático cuando además estén expuestos a otras presiones e impactos, como la contaminación, la presión urbana o la sobrepesca.

Costas

Playas
Vista de las playas de la Barceloneta y del Somorrostro, gravemente afectadas por la borrasca Gloria | Foto: EFE, Toni Albir

El cambio climático representa una amenaza importante para las costas en España, aunque se trata de uno de los sectores mejor estudiados y que cuenta con su propia estrategia de adaptación.

Entre los factores de cambio más importantes se encuentran el ascenso del nivel del mar, los eventos extremos, como las mareas meteorológicas, los cambios en el oleaje y los cambios en la temperatura del agua, pero también diversos factores antropogénicos, como la ocupación de la costa, que aumentan la exposición ante los riesgos climáticos.

El cambio climático está agravando ya muchos de estos procesos y seguirá haciéndolo en el futuro. Como consecuencia de ello, y en ausencia de políticas de adaptación, se espera que aumenten las inundaciones costeras y la erosión, que afectarán tanto a los sistemas naturales como humanos, así como los daños materiales, ecológicos y económicos asociados, según explicita el informe.

Medio urbano

Según el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España, los retos de las ciudades frente al cambio climático son muchos y diversos. Los núcleos urbanos concentran población e infraestructuras críticas, a la par que conocimiento y bienes sociales y culturales.

Además de ser vulnerables al cambio climático por estas razones, también las ciudades están altamente expuestas y son propensas a sufrir impactos por sus características intrínsecas o por su localización en el territorio.

En los planes urbanos de adaptación al cambio climático, en España se identifican 7 ejes de riesgo: aumento del nivel del mar, oleaje extremo, precipitación intensa, disminución de las precipitaciones, aumento de las temperaturas, olas de calor y vendavales.

Con relación a la salud, destacan los riesgos asociados a las temperaturas excesivas y a las inundaciones, asociadas a morbilidad y mortalidad por causas cardiovasculares y respiratorias, estrés térmico, agravamiento de enfermedades crónicas y lesiones.

Mención especial merecen las enfermedades emergentes, importadas desde otras latitudes, como sucede con la aparición del mosquito tigre asiático, que transmite dengue, chikungunya y zika.

Y en cuando a las infraestructuras, se prevén impactos negativos en las redes troncales de transporte terrestre (red vial y ferroviaria), especialmente por los fenómenos climáticos extremos, como las precipitaciones torrenciales, aunque también se pueden experimentar impactos positivos si disminuyen las nevadas y heladas.

Y en el ámbito del turismo, se alerta de la desaparición de los deportes de nieve, incluso en los escenarios climáticos más moderados; en el ámbito del transporte advierte de la disminución de la operatividad de los puertos por el aumento de los fallos en los diques; en energía vaticina una reducción de la producción hidroeléctrica; en las costas es tajante al señalar el riesgo para viviendas, infraestructuras y servicios asociados a la subida del nivel del mar…

Los autores del informe no reclaman una mayor financiación para avanzar en los trabajos que permitan identificar riesgos y soluciones con más concreción; sino que piden “un marco que articule el esfuerzo colectivo para evitar solapamientos, y medios para hacer síntesis de los trabajos regularmente“, en palabras de María José Sanz, directora científica del BC3.


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