Menos coches pero más humo, la paradoja climática de Barcelona

Menos coches pero más humo, la paradoja climática de Barcelona

La calidad del aire de Barcelona es ya peor que antes de la pandemia. Y eso a pesar de que el tráfico se ha reducido un 15%. El cierre de carriles y la reorganización de calles ha provocado el efecto opuesto al esperado por el Ayuntamiento de la ciudad condal


Ciudades sostenibles, resilientes y con una mejor calidad del aire. Ese es el objetivo de todas las grandes ciudades del mundo. Y para lograrlo, una de las claves pasa por una adecuada gestión de la movilidad urbana, un sistema complejo en el que intervienen multitud de variables, y donde es imprescindible realizar estudios y consensuar las medidas con todos los actores implicados. Porque si no, el resultado puede ser el opuesto al esperado.

En las últimas semanas, Barcelona se ha convertido en noticia por la ineficiencia de las medidas de movilidad adoptadas, y es que a pesar de que el Ayuntamiento optó durante los últimos meses por una restricción importante del tráfico de automóviles, según reflejan los estudios de calidad del aire realizados en la capital catalana, durante el pasado mes de noviembre, los niveles de contaminación de la ciudad fueron peores que los del mismo periodo de 2019, llegando incluso a situarse los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2), un gas vinculado directamente al tráfico, por encima de los valores de referencia recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Según datos de la web de Contaminació Barcelona, se alcanzaron 42,3 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno, cuando el valor de referencia de la OMS es 40 microgramos”

Esta situación es especialmente alarmante porque se produce además cuando el tráfico de Barcelona ha disminuido. La pandemia ha hecho que haya en torno a un 15% menos de desplazamientos en vehículos privados, y las condiciones atmosféricas del otoño no sirven en ningún caso para justificar esta contradicción: más humo y contaminación a pesar de tener menos coches.

Lo único que parece haber cambiado entre los meses comparados son las decisiones en cuanto a la ordenación del tráfico viario, que han provocado una mayor congestión en la circulación de vehículos, y un aumento en los tiempos de desplazamiento, con las evidentes consecuencias climáticas.

Climáticas y sanitarias, pues como ha destacado la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Europea de Medio Ambiente, los gases como el NO2 o las partículas finas, llamadas PM (y cuyas cifras en Barcelona también son superiores ahora que las del pasado año), la polución se está convirtiendo en una causa más del aumento de la mortalidad en las grandes ciudades.

Problemas también en Rodalíes

El coronavirus está alterando en gran medida la movilidad urbana, y si en Barcelona ha bajado el tráfico rodado particular, también lo ha hecho el uso del transporte público, afectado por el descenso de la actividad, el aumento del teletrabajo, y porque los ciudadanos tratan de evitar el uso de los medios colectivos de transporte para evitar contagios. Así, el pasado mes de noviembre, el uso del transporte público fue de en torno a un 45% menos que el habitual, según cifras de la Autoridad del Transporte Metropolitano (ATM).

Sin embargo, esta situación no ha impedido que en los últimos días se hayan producido problemas en el transporte público ferroviario. Renfe ha dado a conocer a los usuarios que en estos días, y debido a la “falta de maquinistas”, puede que se produzcan retrasos y modificaciones en las líneas de Rodalíes, los servicios ferroviarios de Cercanías y de Media Distancia traspasados en 2010 por Fomento a las autoridades locales. Alegan que la pandemia ha generado bajas laborales y que los procesos de formación se han tenido que retrasar, por lo que no tienen recursos suficientes para garantizar los servicios habituales.

queja twitter rodalies trenes
Foto | Twitter: @Rosagomeez1

Esta situación llevará a muchos usuarios a recurrir, nuevamente y a pesar de los esfuerzos, al vehículo privado; un contratiempo que no hará sino añadir más contaminación a una ciudad con cifras ya muy preocupantes.



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