Ser joven, republicano y creer en el medio ambiente en EEUU

Ser joven, republicano y creer en el medio ambiente en EEUU

Benji Backer representa el ala joven y concienciada con el medio ambiente de los republicanos de Estados Unidos. Líder de la organización American Conservation Coalition, defiende que la preocupación por la sostenibilidad no es un asunto político o partidista. No es un caso aislado, ya que según las encuestas los republicanos jóvenes, de entre 18 y 39 años, tienden a estar el doble de preocupados por el clima que los de más edad


Debajo de esa imagen política balcanizada que nos llega de Estados Unidos, hay toda una gama de tendencias que a veces desafían nuestras intuiciones. Al Partido Republicano, actual campeón de los intereses corporativos y del escepticismo respecto al cambio climático, la ha salido una joven ramita en su recio tronco: organizaciones estudiantiles interesadas por el medioambiente y decididas a poner freno al calentamiento global desde una perspectiva conservadora.

Los jóvenes ecologistas republicanos quieren convencer a sus mayores de que las crecientes sequías y el deshielo de los polos son reales, están causados por la actividad humana y tienen una solución compatible con los valores del libre mercado.

El Ágora ha hablado con uno de sus líderes, Benji Backer, presidente de la Coalición Conservacionista Americana (ACC por sus siglas en inglés): una organización medioambiental fundada en 2017.

“Cuando me hacía mayor, no pensaba en el medio ambiente como un asunto político o partidista”, dice Backer por correo electrónico. “Me encantaba viajar a los parques nacionales, ir de excursión, esquiar y simplemente disfrutar en general de la vida al aire libre. También me convertí en un activista conservador muy joven y me di cuenta de que mucha gente de mi bancada no hablaba del ambientalismo ni del cambio climático ni remotamente lo suficiente”.

“Al Partido Republicano la ha salido una joven ramita verde: organizaciones estudiantiles interesadas por el medio ambiente y decididas a poner freno al calentamiento global desde una perspectiva conservadora”

Benji Backer joven republicano activista por el medio ambiente y lider de la American Conservation Coalition.

La impresión de Backer está reflejada, aún a día de hoy, en las encuestas. Aunque la concienciación climática norteamericana ha ido creciendo sostenidamente desde 2009, existe una diferencia muy notable entre demócratas y republicanos. Una encuesta de Pew Research Center dice que la inmensa mayoría de los votantes demócratas, el 88%, cree que “el cambio climático global es una amenaza importante para el bienestar de Estados Unidos”. El número de republicanos que piensa lo mismo, en cambio, es cerca de tres veces menor, del 31%. Pero entre ellos hay un marcado hueco generacional: los republicanos jóvenes, de entre 18 y 39 años, tienden a estar el doble de preocupados por el clima que los de más edad.

Benji Backer dice que la gente de su generación no mira al clima con ojos políticos y sueña con “comprarse un Tesla” y “colocar paneles solares en sus tejados”. El reto, reconoce, es convencer a sus correligionarios más mayores. Una tarea que aborda apelando al vínculo más básico con la naturaleza y al propio expediente medioambiental del Partido Republicano.

“Creo que los conservadores de todas las franjas de edad tienen un aprecio profundo por nuestro ambiente natural”, explica. “Hay conservadores que son granjeros, ganaderos, cazadores y pescadores. Interactúan increíblemente con nuestro medio ambiente y tienen intereses vitales en mantenerlo saludable”.

Si uno mira al pasado, también tiene referencias ecológicas en el seno de su propio partido. “Teddy Roosevelt estableció el primer parque nacional, Nixon creo la EPA [Agencia de Protección Medioambiental] y George H. W. Bush firmó enmiendas cruciales a la Ley de Aire Limpio”, añade Backer.

Según el activista a día de hoy la pequeña punta de lanza medioambiental en las filas del partido la formarían Lisa Murkowski, senadora de Alaska, y los representantes Brian Mast o John Curtis, entre otros. “Una acción climática económicamente próspera tiene el potencial de unir a la vasta mayoría de los conservadores detrás de una misión clara”.

“No pienso en el medio ambiente como un asunto político o partidista”, afirma Benji Backer

El líder estudiantil ha llegado a testificar en el Congreso junto la sueca Greta Thunberg y otros jóvenes activistas climáticos, la mayoría de ellos de izquierda. Lo que les separa de ellos, sobre todo, es su desconfianza respecto a la acción del Gobierno federal, esa entidad convertida por Ronald Reagan en el ogro de la economía y de las nobles esencias del individualismo americano. En lugar de grandes planes estatalistas, Backer apuesta por una táctica jeffersoniana: una descentralización de las medidas en las que participen muchos actores.

“ACC promueve una estrategia contra el cambio climático basada en la innovación, lo que significa incentivar la colaboración público-privada para desarrollar tecnologías que reduzcan las emisiones”, explica Backer. “El Congreso y el presidente definitivamente tienen un rol en esta lucha, pero hay muchos otros actores que a menudo son ignorados”.

El activista estuvo el pasado otoño conduciendo un coche eléctrico de Tesla por Estados Unidos, visitando pequeñas comunidades afectadas por los efectos del cambio climático, estudiando la manera de solucionar desafíos ambientales a nivel local y subiendo vídeos en sus redes sociales. El viaje duró 50 días en los que su equipo produjo 42 podcasts y un documental de cuatro episodios.

El conservador ha sido reservado a la hora de decir si votaría o no a Donald Trump en las últimas elecciones: un presidente al que lo liga su ideología conservadora, pero del que le separa abruptamente la sensibilidad climática. La posición de Backer es a veces incómoda: en 2019 salió a defender a Greta Thunberg de los ataques conservadores, que veían en ella un peligro para la libertad económica. Al mismo tiempo, Backer rechaza varias de las medidas verdes estatalistas que proponen los demócratas, como las contenidas en el Green New Deal que han propuesto los socialistas. A veces el conservador, por tanto, no acaba de encajar en ninguno de los dos espectros ideológicos y dice que ambos lo han acusado de ser “un lobo con piel de cordero”.

“Backer promueve una estrategia contra el cambio climático basada en la innovación, lo que significa incentivar la colaboración público-privada para desarrollar tecnologías que reduzcan las emisiones”

La otra organización juvenil conservadora preocupada por el cambio climático es Jóvenes Conservadores por los Dividendos del Carbón (YCCD), dirigida por Kiera O’Brien, nacida en Alaska e hija de un guardabosques. La activista dice haberse concienciado siendo testigo de los efectos de la contaminación en la naturaleza prístina del país.

Kiera O’Brien, joven republicana y defensora del medio ambiente, líder de la organización Young Conservatives for Carbon Dividends (YCCD)

Su estado natal, el más septentrional de Estados Unidos, tasa los oleoductos que operan en él, y de aquí ha sacado O’Brien su apoyo a un impuesto a las emisiones para financiar la innovación energética. Los impuestos no suelen ser bien vistos por el campo republicano, pero los planes de O’Brien tienen un reverso: a cambio, se desregularían las emisiones de dióxido de carbono. De ahí que el proyecto, originalmente firmado en 2017 por James Baker y otros veteranos de gobiernos republicanos, tenga el apoyo de empresas como Exxon Mobile, BP o Ford.

“Los republicanos jóvenes, de entre 18 y 39 años, tienden a estar el doble de preocupados por el clima que los de más edad”

La Coalición Conservacionista Americana que dirige Backer rechaza este impuesto, pero en cambio sí es “cautelosamente optimista” respecto a los ambiciosos planes climáticos que ha propuesto el presidente electo, Joe Biden. “Ciertamente hay algo de coincidencia en los objetivos de priorizar el desarrollo de la energía nuclear y tecnologías como la captura del carbono y el almacenamiento en baterías”, dice Backer. “Dicho esto, la efectividad de un plan climático no puede ser medida por el número de páginas o el precio. Necesitamos soluciones a medida que funcionen para comunidades individuales sobre el terreno, y una estrategia de mano dura, de arriba a abajo, no va a colar”.

Aunque sus caminos se bifurquen sobre todo en el aspecto económico, tanto la administración Biden como la ACC tienen como objetivo reducir a cero las emisiones de dióxido de carbono para el año 2050. Pero antes de pensar a 30 años vista, la primera misión de estos jóvenes es convencer a sus correligionarios más reacios a creer en el calentamiento global. “Los conservadores dan prioridad tradicionalmente a la prosperidad económica; siempre que les dan una elección binaria, parece que no hay otra opción. Demostrar que la protección medioambiental y el éxito económico de hecho se retroalimentan es un argumento ganador para audiencias conservadores de cualquier edad”.



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