El cambio climático aumenta la desnutrición infantil en el mundo

Un estudio de la Universidad de Vermont ha demostrado que el cambio climático está influyendo enormemente en la dieta de los niños en los países pobres, además de amenazar con exacerbar los efectos de la desnutrición en el futuro. El agua podría ayudar a mitigar, en parte, algunos de los posibles impactos


La alimentación está considerada como un Derecho Humano Internacional que, paradójicamente, no está al alcance de todo el mundo, de acuerdo con los últimos informes de Naciones Unidas que señalan que unas 700 millones de personas sufrieron desnutrición durante el 2019.

Para la organización internacional, aunque los conflictos se han presentado como el principal artífice que ha impulsado esta situación, la crisis climática no ha parado de ejercer una intensa presión hasta situarse casi al mismo nivel. De hecho, las proyecciones de la ONU indican que con el actual escenario de cambio climático se espera que el número de personas desnutridas aumente hasta las 840 millones para finales de esta década.

Normalmente, los expertos recurren al vínculo que existe entre la alimentación y el agua para desarrollar sus propias proyecciones al entender que sin la segunda no se podría asegurar la primera, algo que es totalmente cierto.  Del mismo modo que ocurre con otros aspectos más concretos, como la proliferación de plagas, la extensión de la cubierta vegetal o el saneamiento deficiente.

La desnutrición infantil severa es un desafío global significativo. Según las Naciones Unidas, 144 millones de niños menores de 5 años se vieron afectados por el retraso del crecimiento en 2019, un efecto de la desnutrición crónica. En 2019, 47 millones de niños menores de 5 años sufrieron emaciación o desnutrición aguda, dice la ONU, una condición causada por la ingesta limitada de nutrientes y la infección.

Sin embargo, un estudio de la Universidad de Vermont asegura que para ser aún más precisos a la hora de establecer un vínculo entre crisis climática y alimentación es necesario atender a todos los cambios que puedan suceder en el clima, como las alteraciones en las precipitaciones.

“En comparación con otros factores, el clima y su relación con la dieta y la desnutrición es poco conocido, especialmente en diversas regiones geográficas, debido a la enorme complejidad de los impactos que puede tener en los resultados nutricionales. Nosotros queremos arrojar luz a este asunto”, señalan los investigadores en el estudio.

Para alcanzar su objetivo, el equipo de investigadores comparó las dietas de 107.000 niños menores de cinco años repartidos entre 19 países de bajos y medios ingresos localizados en Asía, África y América del Sur con la evolución registrada durante 30 años de las temperaturas y precipitaciones de esas mismas regiones.

Con respecto a la diversidad de la dieta, los expertos se centraron en una métrica desarrollada por las Naciones Unidas para medir la calidad de la dieta y la ingesta de micronutrientes. Los micronutrientes, como el hierro, el ácido fólico, el zinc y las vitaminas A y D, son fundamentales para el desarrollo infantil, por lo que su ausencia es una de las causas de la desnutrición que afecta a una de cada tres niños menores de cinco años.

La dieta mediterránea es más saludable para nosotros, por su amplia variedad de productos, y para el propio ambiente, al reducir considerablemente nuestra huella hídrica

Sus resultados arrojaron que durante las horas previas a la recogida de datos, los niños consumieron una media de 3,2 grupos de alimentos de los 10 posibles. “La diversidad de la dieta osciló entre un máximo de 4,48 en América del Sur y un mínimo de 2,66 en el sudeste de África”, subrayan.

“La diversidad de la dieta ya era baja para este grupo, pero nuestros sugieren que, si no nos adaptamos, el cambio climático podría erosionar aún más una dieta que ya no alcanza los niveles adecuados de micronutrientes infantiles”, añaden los científicos.

Sin dejar de lado al agua, encontró que una mayor precipitación, otro efecto potencial del cambio climático en algunas regiones, se asoció con una mayor diversidad de la dieta infantil.

En algunos casos, el efecto de una mayor precipitación tuvo un impacto mayor en la diversidad de la dieta de los niños que la educación, la mejora del saneamiento o una mayor cobertura forestal.

“Una mayor cantidad de lluvia en el futuro puede proporcionar importantes beneficios en la calidad de la dieta de múltiples maneras, pero también depende de cómo llegue esa lluvia“, comenta la coautora Molly Brown, de la Universidad de Maryland.

Los hallazgos sugieren que, además de abordar las necesidades actuales, los gobiernos y demás agentes responsables deben planificar la mejora de las dietas de los más vulnerables en el futuro, sobre todo de aquellos que se van a situar dentro de las regiones más cálidas.

“Un clima cálido tiene el potencial de socavar todo lo bueno que brindan los programas de desarrollo internacional. De hecho, eso es algo que encontramos una y otra vez en esta investigación global: la continua degradación ambiental tiene el potencial de socavar los impresionantes avances en salud global de los últimos 50 años“, concluye Taylor Ricketts, director del Gund Institute for Environment de UVM y coautor del estudio.



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