¿Puede el cambio climático impulsar la aparición de olas de frío?

¿Puede el cambio climático impulsar la aparición de olas de frío?

Irónicamente, el calentamiento del Ártico puede impulsar el nacimiento de olas de frío en latitudes más bajas. La clave reside en el debilitamiento de vórtice polar ártico, una región que almacena los vientos fríos del hemisferio norte


“Cuando pensamos en el cambio climático, se nos viene a la cabeza un periodo de más calor. Sin embargo, la realidad nos sorprende una vez más”. Con esta frase, Fernando Iglesias Suarez, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) expuso en este diario uno de los pensamientos más contraintuitivos sobre el cambio climático, que no es otro que la proliferación de olas de frío como consecuencia del actual descongelamiento del polo norte.

Pero ¿cómo es posible que suceda este fenómeno tan contradictorio? Para entenderlo, lo primero que debemos tener en cuenta, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC) de los Estados Unidos, es que el Ártico es una región muy sensible a los efectos del cambio climático y, al mismo tiempo, un engranaje clave en el correcto funcionamiento del sistema climático mundial.

Esto quiere decir que cualquier cambio en esta región, por mínimo que sea, podría tener grandes repercusiones a escala planetaria. El problema, precisamente, es que el Ártico, a diferencia del resto del mundo, se está calentando a una velocidad dos veces superior y, por lo tanto, experimentando grandes cambios en pequeños espacios de tiempo. Prueba de ello es el hielo marino ártico que, desde que comenzaron a tomarse registros por satélite en 1979, ha visto reducido su extensión a prácticamente la mitad.

De hecho, la desaparición de este componente es el peor de los síntomas para los expertos, que explican que las nuevas masas de agua surgidas en los lugares donde antes había hielo generan grandes flujos de calor que ingresan en las capas inferiores de la troposfera y que, posteriormente, calientan las superiores, dando lugar a anomalías que han repetido durante más de 30 años.

Y aumentar la temperatura de las capas atmosféricas que se encuentran por encima del Ártico no es que sea precisamente una buena idea debido a la presencia del conocido como vórtice polar ártico, y sus correspondientes corrientes en chorro.

A la izquierda, un esquema del vórtice polar estable. A la derecha, las corrientes en chorro más débiles por el calor motivan la aparición de ondulaciones cargadas de aire frío o caliente | Foto: NOAA

Según el NSIDC, el vórtice polar ártico mantiene el aire frío del hemisferio norte separado de las masas más cálidas gracias a la presencia de la corriente en chorro, una franja de aire formado por la diferencia de temperaturas que “fluye especialmente rápido” de oeste a este.

El debilitamiento del vórtice puede desencadenar olas de frío en latitudes bajas, pero también olas de calor en el polo por la llegada de masas de aire caliente

Con la llegada de las temperaturas gélidas nacidas por la ausencia de sol, el vórtice se fortalece en invierno, creando una región estable fría alrededor de su eje de rotación localizado en el Ártico. Sin embargo, esa estabilidad puede llegar a romperse por calentamientos repentinos de la estratosfera que, de forma simplificada, desencadenan ondulaciones por el cambio en la fuerza de los vientos de la corriente en chorro.

Al mismo tiempo, la configuración del vórtice está estrechamente relacionada con las distintas fases de la Oscilación del Ártico, que genera patrones de variaciones no estaciones de presiones atmosféricas que acercan o alejan del vórtice masas de aire con distintas temperaturas.

“Cuando la Oscilación del Ártico cambia a una fase positiva, el vórtice polar tiende a extenderse hacia el polo y estabilizarse. Cuando la Oscilación del Ártico cambia a una fase negativa, el vórtice tiende a debilitarse y, del mismo modo que un río, ondularse y arrastrar el frío polar hacia latitudes más bajas o ‘atrapar masas de aire caliente en latitudes altas”, comenta el NSIDC.

Si bien la Oscilación es quien determina un vórtice más o menos estable, diversos estudios, como el publicado en la revista Geophysical Research Letters, señalan que el calentamiento de las capas atmosféricas más próximas al Ártico puede, en cierto modo, reducir las diferencias de temperatura entre las masas de aire frío del vórtice y las cálidas externas con muchas más frecuencia y, en consecuencia, debilitar la corriente en chorro y el vórtice en general.

“La fuerza del gradiente de espesor hacia el polo determina la velocidad de los vientos zonales en los niveles superiores. Como el gradiente ha disminuido con el calentamiento del Ártico, los vientos zonales de los niveles superiores durante el otoño también se han debilitado desde 1979”, argumentan los autores del estudio.

“Cuando la velocidad del viento zonal disminuye, las ondas de Rossby a gran escala progresan más lentamente de oeste a este, y el flujo más débil también se asocia con amplitudes de onda más altas que arrastran masas de aire frías a latitudes bajas”, añaden.

En resumen, este factor, de acuerdo con los investigadores, podría causar patrones climáticos más prexistentes en las latitudes medias, conduciendo así a climas extremos, como lo son las olas de frío. No obstante, el NSIDC advierte de que se trata de una conexión controvertida que, aunque apoyada por numerosos científicos, tiene que ser foco de mayor estudio ya que, como recordó tanto Fernando Iglesias como otros expertos, “el cambio climático es un fenómeno relativamente frecuencia del que todavía se desconocen muchos aspectos”. En lo que sí que está de acuerdo al comunidad científica es que el estudio del vórtice polar ayudará a aumentar nuestra comprensión del sistema climático mundial y aumentar la eficacia de nuestros pronósticos climáticos.



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