El consumo de carne no siempre es el mayor contaminante de la dieta

El consumo de carne no siempre es el mayor contaminante de la dieta

Un estudio que analiza el consumo de los hogares japoneses ha descubierto que la carne no siempre es el principal impulsor de las emisiones de carbono en la dieta. Otros factores como el azúcar, el alcohol o comer fuera pueden ser igual de importantes


Desde hace más de una década, el alto consumo de carne se ha ido identificando cada vez más con una mayor huella de carbono. Diferentes estudios apuntan a que la producción cárnica y de leche es responsable del 60% de los gases de efecto invernadero producidos por el sistema agrario e incluso la propia ONU ha recomendado reducir su consumo de manera reiterada para ayudar a frenar el cambio climático. El vegetarianismo y el veganismo están en auge, pero una nueva investigación alerta de que la obsesión con la carne nos puede hacer estar olvidando otros factores de nuestra dieta que pueden ser igual de relevantes en la huella de carbono de nuestra alimentación, como el alcohol, los productos azucarados e incluso comer fuera de manera habitual.

Estas son las principales conclusiones de un estudio recientemente publicado en One Earth, en el que se analizan las dietas de más de 60.000 hogares japoneses, gracias a unos completos datos de microconsumo, que han permitido dilucidar que las familias cuyas dietas tenían la mayor huella de carbono en realidad no comían más carne que otras. Sin embargo, hubo otros factores que podían explicar mucho mejor esas diferencias, como tener un mayor consumo de pescado, verduras, dulces o alcohol y, sobre todo, comer con mayor frecuencia en restaurantes.

De hecho, la investigación descubrió que las familias más contaminantes no comían más carne pero gastaban más de tres veces más dinero en alcohol, el doble en productos azucarados y el doble en comidas de restaurante que la media japonesa. “Lo que diferencia a los hogares más altos y más bajos (respecto a la huella de carbono) es curiosamente el gasto en categorías inesperadas: pescado, verduras, alcohol, confitería y salir a cenar”, escriben los investigadores. “Esto supone que en Japón, las emisiones que suponen los alimentos no se pueden reducir cambiando la actitud de un pequeño número de hogares amantes de la carne“, aseguran.

Los investigadores enfatizan que estos hallazgos no significan que reducir el consumo de carne roja no cuenta, pero sí que es necesario un enfoque más amplio si se quiere reducir la huella de carbono de nuestra dieta

Y es que el consumo de carne fue casi idéntico en toda la población que estudiaron los investigadores, y curiosamente, las diferencias en las emisiones no podrían explicarse por otros factores sociales como la edad, el sexo o los ingresos per cápita. Esto se puede explicar por varias razones, como sugieren los autores del estudio. Por un lado, los productos azucarados y el alcohol tienen un coste asociado de emisiones de producción (envases, transporte, residuos restantes etc.) que ayuda a crear una alta huella de carbono. También, las verduras y pescados consumidos en Japón vienen a menudo de la otra punta del planeta, lo que conlleva un gasto importante en transporte, almacenamiento y refrigeración. Por otro, salir a cenar en un restaurante lleva aparejado con las emisiones adicionales generadas por la cocina, el desplazamiento o la iluminación, que es más alta de lo que sería si las personas se prepararan comidas caseras.

Es importante destacar que los investigadores enfatizan que estos hallazgos no significan que reducir el consumo de carne roja no cuenta: de hecho, el impacto de las emisiones de las dietas japonesas aún podría reducirse notablemente al comer menos productos cárnicos y más legumbres o verduras. Sin, embargo, sugieren que las campañas de concienciación sobre la huella de carbono de diferentes alimentos no se centren solo en la carne e incluyan todos los “malos hábitos” del consumo de alimentos. Otra idea que proponen es la creación de un impuesto al carbono sobre productos como los dulces y el alcohol, para ayudar a aproximarlos a su coste ecológico real.

Japón tiene, además, una dieta muy particular que no es aplicable al resto del mundo, pero sus niveles de consumo de carne, productos con azúcar o alcohol son similares al de muchos países europeos, por lo que estos hallazgos podrían servir de punto de partida a estudios centrados en la alimentación de otros países. En cualquier caso, queda claro que será necesario un enfoque múltiple si queremos reducir al máximo la huella de carbono de nuestras dietas: solo con eliminar o reducir la carne, no sirve.



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