China prepara la neutralidad climática a fuego lento

El lanzamiento este febrero de un esquema nacional de comercio de emisiones para el sector energético puede ayudar a China a lograr su objetivo de la neutralidad climática para 2060, pero los expertos advierten que hará poco para frenar las emisiones a corto plazo


El mayor contaminador del planeta quiere quitarse su mala fama. Hace algo más de cuatro meses, el presidente de China, Xi Jinping, aprovechaba su presencia en la Asamblea General de Naciones Unidas para hacer una importante promesa: el gigante asiático será neutral en carbono para 2060. Una tarea hercúlea si se tiene en cuenta que China es responsable por sí sola del 27,52% de las emisiones totales globales, casi el doble que su más inmediato perseguidor, Estados Unidos. Y aunque el Gobierno ya advirtió que sus emisiones totales seguirían creciendo hasta 2030, también está dando los primeros pasos para invertir esta tendencia cuando llegue el momento, como la inauguración este 1 de febrero de un mercado de carbono para su sector energético.

Aunque inicialmente el mercado sólo cubrirá la industria de la energía térmica, ésta representó el año pasado alrededor del 40% de las emisiones de China, lo que supone más del doble de emisiones que el mercado de carbono de la UE, que era hasta ahora el más grande del mundo. En total, se han registrado un total de 2.225 entidades y operadores en el nuevo esquema, algo que en palabras del Ministerio de Medio Ambiente chino supone “una importante innovación institucional para controlar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y promover el desarrollo verde y bajo en carbono.”

En Europa, donde el mercado de carbono comunitario lleva en vigor desde 2005, el sistema funciona según el principio de “limitación y comercio”. Es decir, que la cantidad total de determinados gases de efecto invernadero que pueden emitir las instalaciones contempladas en el régimen está sujeta a un límite máximo, que se reduce a lo largo del tiempo para lograr que las emisiones totales disminuyan. Esta estrategia ha supuesto, según la Comisión, en torno a un 21% de reducción de los gases de efecto invernadero de los sectores europeos intensivos en carbono, y se espera que esta cifra alcance el 43% para 2030.

China
El presidente chino, Xi Jinping, en una foto de archivo.

Sin embargo, en estos primeros años de existencia, los expertos alertan que el nuevo mercado chino apenas tendrá efecto sobre las emisiones totales del mayor contaminador del mundo. Y es que, a diferencia del sistema de la Unión Europea, que de hecho ha colaborado con Pekín en el desarrollo del esquema chino, el nuevo mercado no pone un límite estricto a las emisiones de carbono: sólo se impondrán límites de intensidad de carbono para cada unidad de electricidad que genere una central térmica. Es decir, que los operadores cuya planta esté por debajo del índice de referencia podrán vender sus derechos de emisión de carbono en el nuevo mercado, mientras que aquellos que lo superen se verán obligados a comprar cuotas adicionales.

Aunque a priori esto debería servir de incentivo para mejorar la eficiencia energética de las centrales, lo que reduciría su huella de carbono, lo cierto es que el plan ejercerá una presión financiera muy limitada sobre los operadores del carbón. Según adelanta Bloomberg, el principal regulador ambiental de China propone una multa máxima de 30.000 yuanes (4.500 dólares) para los participantes en el nuevo mercado nacional que no compren suficientes derechos para cubrir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Un sistema con mucho potencial

El analista principal del británico Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, Lauri Myllyvirta, asegura, en declaraciones a Climate Home News, que el hecho de que el mercado recompense la eficiencia de las centrales eléctricas de carbón, en lugar de alentar su reemplazo por generación renovable, puede ser contraproducente. “En el corto plazo, el sistema basado en la intensidad podría incluso hacer que las nuevas centrales eléctricas de carbón sean más atractivas económicamente, ya que serán un poco más eficientes que las plantas existentes en la misma categoría”, explica. De hecho, se espera que la economía china crezca entre un 8% y 9% este año, lo que podría hacer que la demanda de energía crezca en un 6,5%, según la red estatal de China.

Eso sí, el propio Myllyvirta reconoce que este nuevo sistema que se está implementando “podría transformarse literalmente en una herramienta fuerte de la noche a la mañana si el Gobierno decide darle fuerza”. Es decir, que aunque por el momento su impacto parezca limitado, el simple hecho de que China cuente con un mercado de carbono es en sí un hecho positivo que podría tener importantes consecuencias en la lucha climática global.

Niebla de contaminación a causa de las chimeneas de centrales de carbón en la ciudad china de Jiujiang.

Por un lado, porque se espera que el cumplimento de las normas sea alto. Aunque el mercado nacional se estrena en febrero, China lleva varios años haciendo pruebas con varios programas piloto regionales, en los que se ha demostrado según Pekín “un alto grado de alineamiento entre los proyectos y los objetivos”. Por tanto, el Gobierno confía en que, a medida que se agreguen otras industrias contaminantes como la manufactura de productos tecnológicos, el mercado de carbono sirva de aliciente económico hacia la neutralidad climática.

Además, se espera que las laxas normas actuales del sistema de comercio de emisiones chino se hagan más estrictas con el paso de los años. Los mercados europeo y californiano de carbono también empezaron con relativa poca fuerza, ya que el principal objetivo era el de crear el sistema en sí, garantizando que el mayor número posible de empresas se vieran involucradas en su creación para asegurar su cumplimiento. Con el paso de los años, las normas se han ido endureciendo, lo que ha favorecido el cierre definitivo de las centrales de carbón en países como Francia o España y ha jugado un importante papel en el espectacular crecimiento de las renovables.

Neutralidad a fuego lento

Este mismo lunes, Xi Jinping reiteraba en el Foro de Davos su compromiso de que China lidere la acción climática y sea neutral en carbono de aquí a 2060. “Necesitamos cumplir con el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático y promover el desarrollo verde. Necesitamos dar prioridad continua al desarrollo e implementar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, aseguró en su discurso virtual, para finalizar afirmando que “intensificar los esfuerzos para abordar el cambio climático y promover el desarrollo sostenible es imprescindible para el futuro de la humanidad”.

A pesar de esta retórica “verde”, el camino hacia la neutralidad climática se está cociendo por ahora a fuego lento en China. Y es que, más allá de las promesas, Xi tiene que lograr que el objetivo climático chino vaya más allá de la acción gubernamental y sumar para ello a su causa a los otros niveles de la administración. Este mismo 2020, la producción de carbón en China ha sido la más alta en cinco años y la principal región productora de carbón, Mongolia Interior, ha dado luz verde a una decena de nuevos proyectos de centrales térmicas, el doble que en 2019. Si todas las plantas se construyen y entran en funcionamiento, el uso anual de carbón de la provincia alcanzará los 80 millones de toneladas por año, aproximadamente el equivalente al de Alemania.

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Construcción junto al río Yangtsé (China) de una nueva planta de almacenamiento y aprovechamiento de carbón.

También será necesario sumar a las empresas. Después de que Xi anunciara el objetivo de 2060, las principales compañías del país han mostrado su apoyo al lanzar planes de neutralidad climática por primera vez, pero muchas de estas propuestas apenas consisten en promesas vagas. Por ejemplo, China National Offshore Oil Corp, el mayor productor de petróleo y gas en alta mar del mundo, ha anunciado un plan para alcanzar pronto las emisiones máximas. Sin embargo, pretenden hacerlo aumentando la producción de gas natural y desarrollando lo que llaman “campos de petróleo verde”, es decir, que no tienen ninguna intención de alejarse de los combustibles fósiles a corto plazo.

La forma en que China supere esa brecha entre las intenciones del Gobierno central y su implementación sobre el terreno determinará en gran medida si tiene éxito a la hora de cumplir con sus compromisos de París y su nuevo objetivo de neutralidad de carbono para 2060. Un momento importante para saber más podría ser el próximo mes de marzo, que es cuando el Gobierno de Xi lanzará su decimocuarto Plan Quinquenal, una estrategia muy detallada a cinco años en los que se especifican los objetivos de crecimiento económico del país. Este documento será clave para conocer realmente cómo pretende Pekín lograr sus ambiciosas propuestas climáticas.



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