El coronavirus podría arruinar los pronósticos del tiempo y los registros climatológicos

El coronavirus podría arruinar los pronósticos del tiempo y los registros climatológicos

La Organización Meteorológica Mundial está preocupada por el impacto del coronavirus en el sistema de observación climatológico, ya que la paralización de la actividad podría poner en peligro los pronósticos del tiempo y amenazar los estudios climáticos


La lista de proyectos y sectores de actividad parados por el coronavirus es interminable. De los conciertos a los sitios turísticos, pasando por la fabricación de bienes no esenciales o la producción de películas, muchos puestos de trabajo y compañías, tanto públicos como privados, están en serio riesgo de morir por la paralización de la vida pública derivada del confinamiento que se ha impuesto a más de un tercio de la población mundial. Sin embargo, hay una actividad que pasa mucho más desapercibida, a pesar de su importancia, que también podría verse seriamente afectada por el parón derivado de la crisis del coronavirus: el sistema de pronósticos meteorológicos y observación climática, vital para poder luchar contra el calentamiento global.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha manifestado esta semana su preocupación por el efecto de la pandemia en la cantidad y la calidad tanto de las observaciones y los pronósticos meteorológicos como de la vigilancia atmosférica y climática. “Es fundamental que los gobiernos presten atención a sus capacidades nacionales de observación meteorológica y emisión de alertas tempranas a pesar de la crisis de la COVID-19“, ha asegurado el Secretario General de la OMM, el finlandés Petteri Taalas.

El problema es que ya existen proyectos que empiezan a notar las consecuencias del coronavirus. La pausa científica derivada del confinamiento podría poner en peligro los pronósticos del tiempo a corto plazo y amenazar los estudios climáticos que utilizan datos a largo plazo. En algunos casos, los investigadores ya dan por descontado que existirán lagunas relacionados con este periodo, que el FMI ha denominado “El Gran Encierro”, en los datos que se han recopilado regularmente durante décadas.

En un artículo reciente, la revista Nature ofrece algunos ejemplos concretos. Frank Davis es el director ejecutivo del programa de Investigación Ecológica a Largo Plazo (LTER, por sus siglas en inglés), una red de 30 sitios que se extienden desde el extremo norte de Alaska hasta la Antártida. La red LTER, que consta de ubicaciones tanto urbanas como rurales, permite a los científicos estudiar procesos ecológicos durante décadas, desde el impacto de la disminución de las nevadas en las montañas de Colorado hasta los efectos de la contaminación en un arroyo de Baltimore. En algunos sitios, esta podría ser la primera interrupción en más de 40 años, asegura.

Otros programas de monitoreo y pronósticos se enfrentan a problemas similares. Los científicos a menudo viajan en los buques portacontenedores comerciales que cruzan los océanos del mundo, recolectando datos y desplegando una variedad de instrumentos que miden el clima, así como las corrientes y otras propiedades del océano. La mayoría de esos barcos todavía están en funcionamiento, pero las restricciones de viaje significan que ya no se permite a los científicos ir a bordo.

El problema de los aviones

Otra parte del sistema de observación que se están viendo afectada es de los pronósticos meteorológicos a corta plazo, es decir, nuestra capacidad de predecir qué tiempo va a hacer la próxima semana. Aquí, es la notable disminución del tráfico aéreo la que está teniendo un efecto perverso: las mediciones de la temperatura ambiente y la velocidad y dirección del viento realizadas durante los vuelos son una fuente de información muy importante tanto para la predicción meteorológica como para la vigilancia del clima.

Las aeronaves comerciales contribuyen al Programa de Retransmisión de Datos Meteorológicos de Aeronaves (AMDAR, por sus siglas en inglés) de la OMM, que se sirve de sensores, computadoras y sistemas de comunicaciones a bordo de aeronaves para recopilar, procesar, dar formato y transmitir automáticamente observaciones meteorológicas a las estaciones terrestres a través de enlaces satelitales o de radio.

En muchas partes del mundo, y en particular en Europa y en EEUU, la reducción en la cantidad de vuelos comerciales ha supuesto una disminución de las mediciones de parámetros meteorológicos realizadas desde plataformas de aeronaves que oscila entre el 50% y más del 80% en las dos últimas semanas.

“Por el momento, se prevé que la disminución en la cantidad de observaciones afectará de manera relativamente limitada a la calidad de los productos de predicción meteorológica. Sin embargo, cada vez se dispone de menos observaciones meteorológicas de aeronaves, y puede que los pronósticos experimenten una pérdida gradual de fiabilidad“, ha asegurado Lars Peter Riishojgaard, director del departamento de Infraestructura de la OMM.

Datos automatizados

Por suerte, partes importantes del sistema de observación —por ejemplo, sus componentes satelitales y muchas redes terrestres de observación— son parcial o totalmente automáticas. Por tanto, se espera que sigan funcionando sin experimentar un deterioro importante durante varias semanas, o en algunos casos durante períodos más largos. Pero el verdadero problema se produciría si la pandemia se prolonga mucho más en el tiempo: en este escenario, las labores de reparación, mantenimiento y aprovisionamiento que se dejarán de hacer, así como la falta de nuevos despliegues, serán cuestiones cada vez más preocupantes.

Por ejemplo, el Experimento de gases atmosféricos globales avanzados, un proyecto del MIT que mide compuestos que agotan el ozono, gases de efecto invernadero y otros componentes en la atmósfera en 13 sitios remotos de todo el mundo. Muchos de sus sistemas son autónomos: cada estación cuenta con una o dos personas que realizan tareas de mantenimiento de rutina para mantener los instrumentos en funcionamiento. Pero si se rompieran suficientes piezas, el proyecto no tendría forma de repararlas ante la paralización del comercio y el movimiento de personas a nivel mundial.

pronósticos
Ilustracción  que detalla, en inglés, todos los instrumentos que se usan para el estudio climatológico. | OMM

Eso sí, con el objeto de mitigar parcialmente los efectos de la reducción de observaciones realizadas desde aeronaves y la falta de mantenimiento de algunos sistemas generales, algunos miembros de la OMM, en particular en Europa, han incrementado la cantidad de lanzamientos de radiosondas. Esos instrumentos se lanzan con la ayuda de globos meteorológicos y en su recorrido desde la superficie hasta altitudes que llegan a ser de 20 a 30 kilómetros transmiten mediciones de variables meteorológicas fundamentales.

La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto la importancia y la estabilidad del componente espacial del sistema de observación y pronósticos, en el que confían cada vez más los miembros de la OMM. Actualmente, 30 satélites meteorológicos y 200 satélites de investigación proporcionan observaciones ininterrumpidas y sumamente automatizadas.

Aunque se prevé que, a corto plazo, el componente espacial del sistema de observación no se verá afectado y se mantendrá plenamente operativo, la OMM asegura que está en contacto con los operadores de satélites meteorológicos para evaluar las posibles repercusiones a largo plazo de la pandemia de la COVID-19.



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