El deshielo lleva al borde del colapso a una vital corriente oceánica

El deshielo lleva al borde del colapso a una vital corriente oceánica

El AMOC es la responsable del clima estable que se vive en Europa, África y América. Su abrupta desaceleración derivada de la entrada de agua dulce a los océanos y el aumento de temperatura podría desencadenar grandes alteraciones meteorológicas que podrían ser nefastas para la vida


El cuarto informe de evaluación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), publicado en el 2007, introdujo por primera vez entre sus líneas un concepto que se había abordado en otras ediciones, pero que, hasta entonces, no tenía un nombre propio.

Se trata de los tipping points, o puntos de inflexión, es decir, umbrales que si son traspasados desencadenan una transición irreversible hacia otro estado. En el caso del cambio climático, un estudio del 2019 definió hasta 14 puntos que podrían propiciar cambios a grandes escalas y, como consecuencia, alteraciones sustanciales en los sistemas humanos y naturales.

Sin embargo, esos 14 son solo la punta del iceberg. Desde el momento en que nacieron, los expertos no han parado de establecer nuevos puntos de inflexión que, incluso en el momento de analizarse, estaban a punto de traspasarse.

Uno de estos últimos es la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC), un importante sistema de corrientes oceánicas que transporta aguas superficiales cálidas hacia el Atlántico norte y que en los últimos 1.600 años ha ido aminorando su velocidad. El problema, es que esa velocidad ha disminuido ahora bruscamente, apuntando hacía un callejón sin salida con catastróficas consecuencias.

El AMOC se caracteriza por dos estados: un modo fuerte, que es el que se ha observado hasta ahora, y otro más débil y lento, que es al que se está acercando el AMOC de forma abrupta debido a los cambios en los océanos.

Los datos muestran que el aumento de las temperaturas puede hacer que el AMOC cambie abruptamente entre estados durante una a cinco décadas.

De acuerdo con el estudio publicado en Nature donde se han mostrado estos hallazgos, la alteración en la distribución de energía y nutrientes que realiza el AMOC podría afectar negativamente en los sistemas meteorológicos y la ecología en Europa y América, amenazar las masas de hielo o aumentar el nivel del mar en algunas regiones del mundo.

La complejidad del sistema AMOC y la incertidumbre sobre los niveles de calentamiento global futuro hacen imposible pronosticar la fecha de cualquier colapso por ahora. Del mismo modo, esas compleciones también ocultan las verdaderas razones por las que el AMOC se está frenando, aunque cada vez hay más evidencia de que el aumento de la escorrentía del hielo derretido está alterando la salinidad y la temperatura de una manera que efectivamente frena todo el sistema.

“La mayoría de la evidencia sugiere que el reciente debilitamiento de AMOC es causado directamente por el calentamiento del océano Atlántico norte. Pero según nuestro entendimiento, es poco probable que esto conduzca a una transición de estado abrupta”, señala Niklas Boers, autor del estudio.

“La pérdida de estabilidad podría ser el resultado de la entrada de cantidades sustanciales de agua dulce en el Atlántico Norte en respuesta al derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia, el derretimiento del hielo marino del Ártico y un aumento general de las precipitaciones y la escorrentía del río”, argumenta.

profundidades oceánicas
Las profundidades del océano Atlántico sufren fluctuaciones de temperatura nunca vistas.

Por este motivo, enfatiza que la mejor medicina para intentar alargar el proceso el mayor tiempo posible es dejar de emitir gases de efecto invernadero, en concreto el dióxido de carbono, porque con cada molécula que se lanza a la atmósfera, “aumentan las probabilidades de que este evento ocurra y sus consecuencias sean fatales”.

De hecho, el hallazgo de esta creciente desaceleración le sorprende ya que hasta ahora se esperaba que ocurriera una transición abrupta del AMOC a niveles de calentamiento global mucho más altos que los actuales 1,2 grados Celsius.

“Para comprender todo esto en profundidad, necesitamos encontrar formas de mejorar la representación de la AMOC y las capas de hielo polares en modelos integrales del sistema terrestre y restringir mejor sus proyecciones. ¡Espero que los resultados presentados aquí ayuden con eso!”, concluye el autor principal.



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