La crisis climática está alterando el caudal de los ríos en todo el mundo

La crisis climática está alterando el caudal de los ríos en todo el mundo

El cambio climático antropogénico ya es el mayor responsable de reducir y aumentar el caudal de los ríos a escala mundial, propiciando inundaciones y sequías que ponen en jaque la disponibilidad de este recurso indispensable en un planeta que demanda más agua


El embriagador perfume del poder nos ha encerrado durante años en un oasis utópico donde nos hemos situado como señores indiscutibles de este mundo, nublando nuestra verdadera posición como meros peones de la única regente de este planeta: la naturaleza.

La pandemia de coronavirus, en este sentido, ha actuado como el detonante que ha dinamitado esa burbuja de confort y que nos ha trasladado hacia una realidad que se nos escapa por momentos de nuestras manos. Aunque no ha sido el único factor.

Con respecto al agua, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Nature reveló que, a pesar de que los lagos y estanques naturales superan en 24 a uno el número de embalses antropogénicos, los humanos acaparan con sus construcciones el 57% de la variabilidad global total del almacenamiento de agua.

Un control aparente que, sin embargo, se derrumba ante los datos de un reciente estudio lanzado en Science que afirma que la crisis climática está alterando el caudal de los ríos de todo el mundo en mayor medida que lo hacen los humanos, propiciando que muchas regiones del mundo se vean abocadas a continuas sequías, como lo es el Mediterráneo, o inundaciones, como es el caso de Escandinavia.

“La cantidad de agua disponible depende de muchos factores, sobre todo humanos. Sin embargo, nunca se ha abordado si los cambios visibles que sufre esta disponibilidad son atribuibles al cambio climático o al manejo del agua y la tierra”, señalan los autores en el artículo.

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Muchos ríos podrían dejar de seguir llenando los embalses que almacenan el agua

Para desglosar la influencia de estos factores, los expertos tomaron datos de 7.250 estaciones de medición en todo el mundo entre 1971 y 2010, con los que después llevaron a cabo varias simulaciones. Los resultados de los cálculos del modelo coincidieron en que las condiciones climáticas pueden explicar las tendencias observadas en los volúmenes de flujo en mayor medida que nuestros impactos.

“Aunque la gestión del agua y el uso de la tierra pueden provocar grandes fluctuaciones locales en los volúmenes de flujo, el estudio se centró en cambios globales a una escala de tiempo mayor, de ahí que los cambios humanos en la gestión del agua no afectasen a los resultados”, explica Lukas Gudmundsson, autor principal del estudio.

Asimismo, los investigadores pudieron corroborar el papel del cambio climático utilizando el método de detección y atribución. Para ello, compararon las observaciones con simulaciones de modelos climáticos que se calcularon una vez con gases de efecto invernadero producidos por el hombre y una vez sin ellos.

La mayor demanda de agua y su menor  disponibilidad pueden poner en riesgo la supervivencia de este recurso

En el primer caso, la simulación coincidió con los datos reales, pero en el segundo caso no lo hizo, “lo que sugiere que los cambios observados son muy poco probables sin el cambio climático“, señala Gudmundsson.

Según los autores, este estudio es el primero en utilizar observaciones directas para demostrar que el cambio climático tiene una influencia visible a nivel mundial en el caudal de los ríos, convirtiéndose así además en el mayor conjunto de datos global con observaciones de flujo de ríos disponibles en la actualidad.

Entre otras cosas, esta información podría servir para construir escenarios confiables sobre cómo el caudal ríos cambiará en un planeta cada vez más demandante de agua y, a la vez, más seco.

En lo que respecta a los humanos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), lleva advirtiendo desde la pasada década de que el crecimiento humano, junto con nuestras actividades, propiciarán un aumento de la demanda del agua en un 1% anual.

Este crecimiento contrasta con lo que está ocurriendo en la naturaleza. En España, por ejemplo, las variaciones espaciales y estacionales, junto a los incrementos en la temperatura, están transformando al país en una región más cálida y con menos disponibilidad de agua.

Los desiertos se abren camino. La sed, también. Por tanto, la única alternativa posible que nos queda es volver a poner los pies sobre este mundo y entender que nuestra supervivencia está supeditada a la salud de la naturaleza y al único recurso capaz de mantener y asegurar la vida: el agua.



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