Cuenta atrás para el Día del Juicio climático

La obra ‘Metrónomo’ de Nueva York ha comenzado una cuenta atrás para marcar el día en el que, según las estimaciones científicas aceptadas por el Acuerdo Climático de París, el calentamiento global será irreversible. Solo quedan siete años y tres meses y nos lo cuenta nuestro corresponsal Argemino Barro


El tumultuoso siglo XX tocaba a su fin, y el mundo era un lugar promisorio. La democracia americana se expandía plácida; allí donde miraba, salvo algún estado fallido de África o de Oriente Medio, veía paz y aliados. Sus agencias de inteligencia, en lugar de luchar contra el comunismo o el yihadismo, aseguraban oportunidades de negocio para las grandes corporaciones, y el paisaje nacional estaba tan tranquilo que el escarceo del presidente con una becaria casi destroza su gobierno.

La historia estaba a punto de pasar página, y el 26 de octubre de 1999, los artistas Kristin Jones y Andrew Ginzel inauguraron en una fachada del Bajo Manhattan un metrónomo: un reloj de 15 dígitos en el que se podía leer la hora del día y las horas, minutos y segundos que quedaban para que llegara la medianoche. A su lado, una varita mágica echaba nubes de vapor ocasionales, como si el edificio estuviera fumando.

“Metrónomo es una investigación de la naturaleza del tiempo”, dijeron sus creadores. “El trabajo hace referencia a las múltiples medidas del tiempo que simultáneamente dan forma y confunden nuestra consciencia del momento. El trabajo compuesto intenta evocar la contemplación del flujo dinámica de la ciudad”.

Obra ‘Metrónomo’ en un edificio de Nueva York.

Sus palabras no impresionaron a los críticos, que vapulearon las instalaciones con los adjetivos más crueles del diccionario. Entre otras razones, porque el proyecto les costó a los contribuyentes neoyorquinos más de cuatro millones de dólares. El monumento es tan confuso que casi nadie sabe qué significan esos números y han aparecido todo tipo de hipótesis: por ejemplo, que las cifras representan la creciente población mundial, la deuda de Estados Unidos o los acres de selva que se van destruyendo cada año.

El Metrónomo, sin embargo, ha ido encontrando distintas utilidades. La última: servir de cuenta atrás para el día en que, según las estimaciones científicas aceptadas por el Acuerdo Climático de París, el calentamiento global será irreversible. El momento en que ya no podremos evitar que la temperatura suba 1,5 grados centígrados respecto a los niveles pre-industriales, acelerando el deshielo de los polos, las sequías y sus múltiples consecuencias.

Los creadores del Metrónomo aseguran haber barajado la idea, pero fueron los artistas ecoactivistas Andrew Boyd y Gon Golan quienes se les adelantaron y la pusieron en práctica. “Podemos decir que este es el número más importante del mundo”, declaró Boyd al New York Times. “Y un monumento es a menudo cómo una sociedad muestra lo que es importante, qué es lo que recalca, lo que está en el centro del escenario”.

No es la primera vez que los artistas hacen un reloj climático. Hace dos años le regalaron uno a Greta Thunberg, la heroína ecologista, entonces de 15 años, que causó sensación en las Naciones Unidas. La pareja ha creado una página web en la que explica su proyecto y enlaza con la información científica original.

El reloj climático ha sido inaugurado con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas, que este año se celebra de forma remota, con eventos por internet y discursos grabados, y que tiene un elemento medioambiental cada vez más presente. Su primera semana ha estado dedicada a concienciar y coordinar esfuerzos para combatir el calentamiento global, con 350 eventos repartidos en diez secciones: desde la transición a la energía limpia hasta la seguridad alimentaria y el turismo sostenible. Entre los protagonistas han estado los líderes de las naciones más vulnerables a los caprichos del clima.

Asamblea General ONU
Un operario limpia el auditorio donde se celebra la Asamblea General. | ONU

“Todos los países y pueblos están en una guerra global contra el cambio climático”, declaró David Panuelo, presidente de los Estados Federados de Micronesia, en una alocución grabada. “Hemos presenciado incendios mortales en EEUU, tifones en el Caribe y en el Pacífico, e inundaciones en Asia. Es una guerra que podemos ganar, pero tenemos que ser mucho más agresivos en el combate”.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, anunciaron una cumbre del clima para el 12 de diciembre, en el quinto aniversario de la firma del Acuerdo Climático de París. “La emergencia climática se cierne al completo sobre nosotros”, declaró Guterres en un comunicado. “La respuesta a nuestra crisis existencial es una acción rápida, decisiva y creciente, y la solidaridad entre naciones”.

Uno de los dirigentes más centrados en el medio ambiente, al menos en su discurso, fue el premier canadiense Justin Trudeau. “El mundo está en crisis, y no por los últimos meses. No solo por el Covid-19. Sino por las últimas décadas. Y por nosotros”, dijo el primer ministro. Justin Trudeau ha sido criticado por activistas como Greta Thunberg, que lo acusan de arrogarse el discurso ecologista mientras da luz verde a proyectos energéticos contaminantes.

Pero el mandatario que ha sorprendido más con sus palabras es Xi Jinping, el presidente de China, que prometió erradicar las emisiones de dióxido de carbono para el año 2060 (tras alcanzar máximos, según sus cálculos, en 2030). Una promesa digna de tener en cuenta, dado que el gigante asiático es responsable de la cuarta parte de la contaminación aérea del planeta.

El Acuerdo de París, dijo Xi, “plantea los pasos mínimos a ser tomados para proteger la Tierra, nuestra patria común, y todos los países deben de tomar pasos decisivos para honrar este acuerdo”. La alocución de Xi llevaba una fuerte carga geopolítica: mientras Estados Unidos, tradicional garante del orden mundial liberal-democrático, toma un rumbo aislacionista y receloso de las grandes instituciones, la dictadura china se posiciona como nuevo líder y riega con dinero e influencia los organismos mundiales. Si Donald Trump acaba cumpliendo su promesa de sacar a EEUU del Acuerdo de París, como puede hacer, legalmente, en noviembre, China se quedaría como la única gigante del pacto.

El consorcio de Climate Action Tracker calcula que, si Beiging cumple su palabra, podría recortar el calentamiento global en 0,2 o 0,3 grados centígrados.

Mientras tanto, a pie de calle, en una de las plazas más concurridas de Nueva York, los artistas intentan grabar la emergencia climática en la mente de los peatones. El complicado Metrónomo ha marcado estos días lo que queda para el Día del Juicio Climático: siete años y tres meses.


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