La descongelación de los glaciares impulsa terremotos

La descongelación de los glaciares impulsa terremotos

Un equipo de científicos ha determinado que la descongelación de los glaciares libera la tierra que antes estaba aplastando, impulsando así su movimiento y, en consecuencia, la generación de terremotos en lugares que en la actualidad se están derritiendo, como Alaska


Uno de los peores eventos naturales que recuerdan en Alaska ocurrió en 1958 en la Bahía de Lituya, al noreste del Golfo de Alaska. Allí, durante el 9 de julio de ese año, un fuerte terremoto de 8,3 grados en la escala de Richter sacudió el paisaje con tanta violencia que una montaña cercana se derrumbó casi en su totalidad.

Los 30 millones de metros cúbicos de tierra que se desprendieron cayeron de una altura de 900 metros sobre las aguas de la bahía, desencadenando lo que muchos nunca imaginaron: una ola de dimensiones colosales -la más alta, de hecho, registrada sobre el nivel del mar- que destruyó todo a su paso en un escenario que muchos compararon con el estallido de una bomba atómica.

Tras el evento, muchos expertos se preguntaron cómo fue posible que un terremoto de semejantes proporciones –0,6 grados menor que el que afectó hace 10 años a Japón-, pudiera tener lugar sin una razón aparente, aunque sus respuestas no llegaron a buen puerto.

Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Alaska ha determinado que los terremotos que ha sufrido la región durante el último siglo han podido suceder, precisamente, por eso mismo elemento que vuelve única a Alaska: los glaciares.

Según los expertos, Alaska tiene algunos de los glaciares más grandes del mundo, que pueden tener miles de pies de espesor y cubrir cientos de kilómetros cuadradas. El peso de todo ese hielo impulsa el hundimiento de la tierra, quedando apelmazada hasta que el hielo se funde y el suelo puede volver a levantarse “como una esponja”.

“Existe lo que se llama el ‘efecto elástico‘, que es cuando la tierra vuelve a brotar instantáneamente después de que se quita una masa de hielo. Luego está el efecto prolongado del manto que fluye hacia arriba debajo del espacio desocupado “, señala Chris Rollins, autor principal del estudio.

El sur de Alaska se encuentra en el límite entre la placa continental de América del Norte y la placa del Pacífico, lo que significa que el movimiento de ambas se presenta como el principal artífice de los numerosos terremotos que azotan la región. Sin embargo, este efecto de esponja tiene una correlación sutil también con el origen de otros muchos terremotos, tal y como expone el autor.

Para llegar a sus conclusiones, Chris Rollins y su equipo de expertos analizaron los modelos de movimiento de la tierra y para comprarlo después pérdida de hielo desde 1770, que se estima en más de 5.000 kilómetros cúbicos de agua.

Cuando combinaron sus mapas de pérdida de hielo y esfuerzo cortante con registros sísmicos de 1920, encontraron que la mayoría de los grandes terremotos estaban correlacionados con el estrés del rebote terrestre a largo plazo.

Curiosamente, la mayor cantidad de estrés por la pérdida de hielo ocurrió cerca del epicentro exacto del terremoto de 1958 que causó el tsunami de la bahía de Lituya.

“El movimiento de las placas es el principal impulsor de la sismicidad, el levantamiento y la deformación en el área. Pero el rebote postglacial se suma a eso, algo así como el deshielo del pastel. Hace que sea más probable que las fallas que se encuentran en la zona roja alcancen su límite de tensión y se deslicen en un terremoto”, señala Chris Rollins.



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