Las emisiones de metano alcanzan un nuevo récord sin una causa clara

Las emisiones de metano alcanzan un nuevo récord sin una causa clara

Los niveles de metano en el aire aumentaron notablemente el 2019, según una estimación preliminar, que muestra una subida importante en la concentración atmosférica del segundo gas de efecto invernadero más potente, aunque aún no está claro el porqué


La humanidad sigue produciendo metano, el segundo gas de efecto invernadero más potente, a cada vez más velocidad, pero aún no se sabe exactamente el porqué. Si hace unos meses un estudio de Nature apuntaba a que se habían subestimado los niveles de metano que hemos enviado a la atmósfera, actualmente parece que la tendencia hacia arriba no tiene visos de frenarse. Según datos preliminares publicados esta semana por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el nivel promedio de metano en la atmósfera aumentó en 11.54 partes por mil millones (ppb) en 2019 sobre el nivel de metano en la atmósfera en 2018.

Entre los gases de efecto invernadero, el dióxido de carbono, como contribuyente más importante al calentamiento global, es el enemigo público número uno cuando se trata de detener la crisis climática. Pero el metano, el componente principal del gas natural, atrapa el calor de manera aún más efectiva y es responsable de aproximadamente el 25% del calentamiento desde la Revolución Industrial, momento desde el cual ha duplicado su presencia en la atmósfera. El metano se produce tanto al extraer combustibles fósiles, sobre todo el gas natural, como por la acción de volcanes o filtraciones. También encuentra una fuente en la ganadería.

Los niveles de metano se han acelerado dos veces en los últimos 15 años, primero en 2007 y nuevamente en 2014. Sin embargo, los científicos aún tienen que determinar las causas exactas. Prácticamente todos los contribuyentes a este problema mundial pueden haber desempeñado  un papel en el aumento, desde la industria del petróleo y el gas hasta la agricultura humana o los humedales que cambian con el clima. El único dato reciente que parece relacionado con este aumento es la producción de gas natural, que el año pasado aumentó un 2% a nivel mundial.

De hecho, las grandes compañías que producen petróleo y gas han sido criticadas por ambientalistas desde hace años por tolerar fugas de metano en sus instalaciones, ya sean pozos o tuberías. De hecho, asociaciones ecologistas como Greenpeace denuncian que hay productores de combustibles fósiles que en ocasiones queman deliberadamente parte del gas residual en lo que se conoce como flare stack. Esta práctica, que puede suponer  hacer arder hasta a un 3,5% de la producción total, no solo supone un despilfarro de recursos valiosos, sino que es una fuente significativa de metano.

El metano emitido a la atmósfera se puede clasificar en dos categorías, fósil y biológico, en función de la huella que contiene de carbono-14, un isótopo radiactivo raro. El metano fósil puede emitirse a través de filtraciones geológicas naturales o como resultado de la extracción y el uso de combustibles fósiles por parte de los humanos, incluidos el petróleo, el gas y el carbón. Por su parte, el metano biológico está en contacto con plantas y vida silvestre en la superficie del planeta y se puede liberar de forma natural de fuentes como los humedales o de fuentes antropogénicas como la actividad agraria y ganadera.

Mapa del metano

Para ayudar a desvelar el misterio sobre las causas del aumento del metano en la atmósfera, la NASA ha publicado recientemente un mapa tridimensional de este gas. El recurso muestra las concentraciones del segundo mayor contribuyente al calentamiento global, la diversidad de fuentes en el suelo y el comportamiento del metano a medida que se mueve a través de la atmósfera.

Para crear una imagen global del metano, científicos del Centro Goddard de la agencia utilizaron datos de metano de inventarios de emisiones reportados por países, campañas de campo de la NASA, como el Experimento de Vulnerabilidad Boreal del Ártico (ABoVE) y observaciones tanto del satélite de observación de gases de efecto invernadero de la Agencia Espacial Japonesa (GOSAT Ibuki) como del Instrumento de Monitoreo Troposférico a bordo del satélite Sentinel-5P de la Agencia Espacial Europea.

El modelo también simula la química atmosférica que descompone el metano y lo elimina del aire y sigue unas pautas meteorológicas exactas para ver cómo viaja el metano y se comporta con el tiempo mientras está en la atmósfera.

La visualización muestra los movimientos etéreos del gas e ilumina sus complejidades tanto en el espacio sobre diversos paisajes como con las estaciones. Y es que, una vez que las emisiones de metano se elevan a la atmósfera, los vientos de gran altitud pueden transportarlo mucho más allá de sus fuentes.

“Se estima que hasta el 60% del flujo actual de metano desde la tierra hasta la atmósfera es el resultado de actividades humanas”, explica Abhishek Chatterjee, científico del ciclo del carbono de la Universities Space Research Association con sede en Goddard y coautor de la investigación. “Al igual que el dióxido de carbono, la actividad humana durante largos períodos de tiempo aumenta las concentraciones de metano atmosférico más rápido de lo que la eliminación de los sumideros naturales puede compensarlo”, asegura el científico.



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