España se despide del carbón en 2019 - EL ÁGORA DIARIO

España se despide del carbón en 2019

La electricidad generada por las centrales térmicas de carbón en España alcanzó su mínimo histórico en 2019, cuando solo un 5% de la corriente fue obtenida a través de esta fórmula. Las renovables representan ya el 49,3 % del total del parque eléctrico nacional.


Melchor, Gaspar y Baltasar ya han pasado por España, pero este año, a diferencia de los anteriores, no han dejado carbón. Más bien al contrario. Según datos de Red Eléctrica, la producción de electricidad que proviene del carbón que se quema en centrales térmicas ha alcanzado su mínimo histórico en 2019: apenas un 5% del total de generación eléctrica producida ha provenido de la quema de esta fuente fósil. Esto supone una caída de casi el 70% con respecto al año pasado, en un desplome que tiene como consecuencia una drástica reducción de las emisiones de dióxido de carbono procedentes de sector eléctrico, una gran noticia para que España pueda cumplir con sus objetivos climáticos para 2030.

En el año 2019, las centrales térmicas que queman carbón en la España peninsular generaron 10.714,1 GWh, el 31% de los 34.881,0 GWh que generaron el año 2018. Según apunta el consultor especializado en energía Jaume Morrón en su blog, esto supone que las emisiones se han reducido de forma parecida. El año pasado, las emisiones de CO2 de las centrales térmicas que queman carbón en la España peninsular sumaron 10,3 millones de toneladas. Es decir, solo un 31% de los 33,5 millones de toneladas de CO2 que se emitieron en 2018.

La principal explicación a este fenómeno es la subida en el uso del gas natural de los ciclos combinados por parte de las centrales térmicas, una práctica que produce menos CO2 que la quema de carbón. Este cambio se explica por una menor rentabilidad del carbón: el gas natural ha bajado de precio y el carbón ha subido. Y no es tanto el coste del material en sí lo que ha decidido a las compañías eléctricas, sino el encarecimiento de los derechos de emisión que deben pagar las centrales que usen este combustible fósil. A lo largo de 2019, el precio de la tonelada de dióxido de carbono ha estado en torno a los 25 euros, frente a una media de 5,8 euros por tonelada de CO2 en el 2017. Esto ha hecho que la generación con carbón en muchos países europeos no sea rentable frente a otras opciones como la producción con gas natural.

Según el análisis de Morrón, la sustitución del carbón por gas natural en las centrales térmicas supone un descenso del 32% del total de emisiones que emite el sector. Y, en cualquier caso, supone un triunfo para los defensores de los mecanismos de mercado para regular las emisiones globales. El descenso del uso del carbón demuestra que el sistema funciona en Europa, pero por ahora ha sido imposible que las partes reunidas en las diferentes COP cierren un artículo 6 del Acuerdo de París que permitiría utilizar ese mecanismo en todo el mundo.

Las cifras hablan en cualquier caso por sí solas: con respecto a 2018, la producción de carbón en la península ha descendido un 68,2 %. En el conjunto nacional el descenso en 2019 ha sido del 64,8 %.

Las renovables siguen creciendo

El abandono del carbón no es la única buena noticia del balance de 2019 ofrecido por Red Eléctrica: el parque de generación eléctrica español es cada vez más renovable. Durante el año pasado, la potencia instalada no contaminante ha experimentado un crecimiento del 10% con la entrada en funcionamiento de casi 5.000 nuevos MW ‘verdes’. De esta manera, las energías renovables representan ya el 49,3 % de la capacidad de generación en España, que cuenta con más de 108.000 MW, según la información estimada por Red Eléctrica de España en su previsión de cierre de 2019.

Los días 14, 21, 22, 24 y 25 de diciembre, España vivió por primera vez jornadas en la que toda la electricidad generada provenía de fuentes renovables

Ese dato de potencia instalada es la capacidad total de generación de electricidad de todas las plantas existentes en España, es decir, la cantidad de electricidad que España podría producir en un segundo si todas funcionaran al unísono. Pero esa es una capacidad hipotética, porque no todas las plantas funcionan a pleno rendimiento todos los días del año, por varios motivos, en primer lugar los operativos, como fallos, averías, proceso de recarga en los alimentados con combustible o falta de viento y sol en el caso de las renovables. Pero hay otros motivos, y es que el consumo eléctrico tiene sus peculiaridades técnicas que no se pueden obviar. La red es un flujo de energía, no un almacén, por tanto la demanda y la producción tienen que estar ajustadas al segundo.

Para garantizar que en cualquier momento pueda ser atendida la demanda, el sistema de producción eléctrica tiene por tanto cierto sobredimensionamiento. Hay suficientes centrales de producción y de diversas tecnologías como para garantizar que en cualquier día del año se podrá satisfacer la demanda con una u otra fuente de generación eléctrica.

Por eso, el sistema de producción eléctrica está siempre diseñado por encima del pico de demanda y con instalaciones en cierto sentido redundantes. El récord histórico de demanda en España tuvo lugar un 17 de diciembre de 2007, cuando se alcanzó un máximo instantáneo de demanda eléctrica de 45.450 MW, que apenas alcanzó el 48% de la capacidad total de potencia.

El precio del kilo de CO2 ha subido mucho en 2018 en los mercados de emisiones, lo que ha reducido la rentabilidad del carbón

Estas peculiaridades del sistema ayudan a entender mejor el desempeño que han tenido las renovables en el 2019. Aunque su potencia instalada equivale al 49,3% del total, su producción real en todo el año ha sido del 36,8% del total.

Si sumamos la nuclear, que produce residuos pero no gases de efecto invernadero, el 58,6% de la electricidad producida durante el año en España ha procedido de tecnologías que no emiten CO2 a la atmósfera.

Además, el sistema eléctrico peninsular vivió este 2019 por primera vez cinco días sin necesidad de generar electricidad con carbón: ocurrió tanto el 14, como el 21, 22, 24 y 25 de diciembre. Una tendencia que solo puede ir a más, ya que el declive del carbón va a continuar en la próxima década. Con el cierre este año de la central de Anllares, en León, y la solicitud de cierre por parte de Endesa de las de As Pontes (A Coruña) y Litoral (Carboneras, Almería), sólo quedarán activas tres centrales de carbón de los principales grupos energéticos: las de Aboño y Soto de la Ribera, en Asturias (de la empresa EDP), y la de los Barrios, en Cádiz (de Viesgo).

En cualquier caso, la caída del CO2 en la generación de electricidad, que suma el 17% del total de emisiones de España, debería ayudar a que hubiera una reducción de emisiones en el global de 2019. Pero será necesario esperar a los resultados del sector del transporte (principalmente coches y camiones), que supuso en 2018 el 27% de las emisiones de efecto invernadero, y el industrial, que alcanzó el 19%. Si se sigue la tendencia de los últimos años, el impacto de esta descarbonización se verá limitado en el total: ya en 2017 y en 2018, las caídas en el sector eléctrico se vieron compensadas por incrementos de las emisiones del transporte.

Así funciona el flujo de la red eléctrica

Para entender bien cómo se produce y se consume la energía eléctrica a lo largo del año, y la aportación de cada una de las fuentes, conviene conocer algunas peculiaridades técnicas del sistema eléctrico.

La red eléctrica es un flujo, no un almacén de electricidad. La electricidad no se puede guardar en ella sino que circula por la red de forma instantánea. Esa red tiene además que mantener siempre un equilibrio entre la demanda y la producción. Cualquier desajuste por exceso o defecto provoca una caída, un apagón.

De este modo, el operador eléctrico, en este caso Red Electrica de España, está obligado todas las horas del día y todos los días del año a controlar el sistema. Para ello prevé y sigue la demanda diaria y también estima y ajusta la producción al comportamiento de los consumidores. Y lo hace segundo a segundo. De hecho, se decide si alguna planta de producción eléctrica, sea de la tecnología que sea, tiene que frenar o arrancar, según convenga.

También se puede intercambiar electricidad con los países vecinos, recibiendo o enviándola, para aliviar el sistema. Sin embargo, la capacidad de intercambio que tiene España a través de grandes cables con África y con Francia es escasa, de forma que nuestro sistema está diseñado para ser muy autosuficiente y mantener el equilibrio ajustando la oferta a la demanda instantánea de electricidad de nuestro mercado.

El desarrollo de tecnologías de almacenamiento de electricidad, como las grandes baterías, ofrecería una ventaja al sistema, pues los excesos de producción podrían guardarse en ellos. Sin embargo, estos sistemas no están aún muy desarrollados, al menos no al nivel y volumen de lo que necesita una red nacional de electricidad.



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