Estados Unidos y las promesas climáticas del futuro - EL ÁGORA DIARIO

Estados Unidos y las promesas climáticas del futuro

Estados Unidos y las promesas climáticas del futuro

Aunque 2021 acaba con un varapalo a las esperanzas verdes del Gobierno de Biden por la muerte anunciada de su principal plan climático, por debajo del ruido, los rifirrafes y las tormentas informativas, hay razones para el cauteloso optimismo «verde»


Argemino Barro
Nueva York | 30 diciembre, 2021


El año 2022 aún no ha comenzado, y es como si ya lo hubiéramos vivido: como si la recién estrenada década estuviera condenada a repetirse en bucle, año tras año, al ritmo que marquen las variantes de covid y los cada vez más broncos ciclos electorales. Pero no desesperen. Al menos en la vertiente climática, por debajo del ruido, los rifirrafes y las tormentas informativas, hay razones para el cauteloso optimismo. A veces las noticias son como árboles. Y no dejan ver el bosque, especialmente en Estados Unidos.

Es cierto que 2021 acaba con un varapalo a las esperanzas verdes del Gobierno de EEUU. El gran plan de gasto socio-climático de Joe Biden, la piedra angular de su administración, el altar donde científicos, ecologistas y activistas sociales llevan tiempo encendiendo sus velas, ha recibido lo que parece ser un golpe de gracia.

El senador más poderoso de Estados Unidos, el demócrata conservador Joe Manchin, que tiene en sus manos el voto del desempate, y por tanto decisivo, de la cámara alta, dijo en Fox News que no podía dar su visto bueno al plan de 1,75 billones de dólares del presidente. “No puedo votar para continuar con esta legislación”, dijo Manchin. “He intentado todo lo humanamente posible. No puedo llegar ahí”.

Manchin se quejaba de que semejante gasto dispararía la deuda y la inflación, pero, sobre todo, se trata del senador de Virginia Occidental: un estado minero que se ha vuelto en las últimas dos décadas alérgico al ecologismo. Y firmemente republicano. Los pormenores del plan de Biden, que implicarían jubilar a la principal industria de este estado, no casan bien con el electorado ante el que responde Manchin. Ni tampoco con los intereses del senador en empresas carboníferas.

Después de negociar durante meses, y de obligar a su partido a reducir a la mitad el precio y las ambiciones del plan, Manchin ha dicho que no. Y además lo ha hecho por sorpresa, en el canal de la oposición y justo antes de Navidad, todo lo cual ha sentado a los demócratas como un puñetazo en la boca del estómago.

biden infraestructuras, Estados Unidos
El presidente de EEUU, Joe Biden, junto a la primera dama, Jill Biden, en su toma de posesión el pasado enero.

La pregunta es: si es verdad que el plan, finalmente, está muerto, ¿significa esto que las ambiciones climáticas de Biden se han quedado en un callejón sin salida? ¿Es este el epitafio de la gran esperanza demócrata? No totalmente.

Recordemos, para empezar, que el otro gran plan de Biden, el de infraestructuras, ya fue aprobado y contiene inversiones en los campos de la energía limpia y el mercado de vehículos eléctricos. Así que una pequeña parte del camino, al menos, está trazado. Por otro lado, los demócratas dicen que aún existen maneras de sacar adelante algunas de las leyes comprendidas en la iniciativa, llamada Build Back Better (BBB).

La presidenta del Caucus Progresista de la Cámara de Representante, Pramila Jayapal, dice que seguirán explorando vías legislativas, y animó a Joe Biden a usar su poder para aprobar partes del plan sin pasar por el Congreso. “Emprender acciones ejecutivas también dejará claro a aquellos que obstaculizan Build Back Better que la Casa Blanca y los demócratas cumplirán su promesa a los americanos”, escribió Jayapal en The Washington Post.

La agenda verde demócrata intenta avanzar también por carreteras secundarias. La ley de financiación de la agricultura, por ejemplo, ha de ser renovada en 2023, y los progresistas quieren aprovechar para insertar en ella una dimensión climática: incentivos para que los granjeros reduzcan las emisiones contaminantes y más ayudas a los afectados por fenómenos meteorológicos extremos, que son cada vez más habituales por los cuatro rincones del país.

Algunos observadores, sin embargo, creen que harían falta muchas medidas para compensar la ambición de Build Back Better. La parte climática del plan constaría de 555.000 millones de dólares para la modernización energética y del transporte, a base, sobre todo, de fuertes subsidios e incentivos fiscales.

Uno de sus objetivos es crear una red nacional de estaciones de carga de vehículos eléctricos; otro, recortar impuestos a las empresas que menos contaminación produzcan al año; otro, dar subsidios para quienes limpian los residuos, y facilidades para instalar placas solares en las viviendas. Un esfuerzo necesario para reducir un 50% los gases del efecto invernadero para 2030, respecto a los niveles de 2005.

coches eléctricos
La movilidad eléctrica es una de las patas de la transición ecológica.

Como dijo Jesse Jenkins, profesor de energía de la Universidad de Princeton y experto en los detalles de Build Back Better, aprobar el plan “reduciría los costes energéticos y aseguraría tanto los objetivos climáticos de EEUU como su competitividad global en algunas de las industrias más importantes del siglo XXI. Un fracaso costaría mucho a los americanos”.

El año que entra será decisivo para este plan, o sus apresurados sustitutos, ya que el próximo noviembre se celebran elecciones legislativas. A juzgar por la tendencia histórica, que sugiere que el partido en la Casa Blanca siempre pierde la mayoría parlamentaria en esta cita de medio mandato, y viendo también la baja popularidad que Biden arrastra desde hace meses, está casi garantizada una victoria republicana. Y entonces el destino del BBB sí que estaría sellado.

Al mismo tiempo, sin embargo, el cambio climático está cada vez más asentado en la opinión pública norteamericana, y no solo en la parte demócrata. Los republicanos, cuyos estados, muchas veces, encajan los peores golpes de los fenómenos meteorológicos extremos, muestran un creciente interés. Sus nuevas generaciones han formado grupos ambientalistas más centrados en la iniciativa privada, y los veteranos de Washington han formado el Caucus Climático Conservador. Sus 56 miembros no quieren dejar que los demócratas monopolicen el que a todas luces puede ser uno de los temas dominantes de este siglo.

También se puede apreciar un cambio de fondo en la sociedad, que podría terminar arrojando importantes dividendos verdes. Uno de los fenómenos más discutidos de finales de este año ha sido el de la “Gran Dimisión”: la renuncia de millones de estadounidenses a volver a sus empleos. Un acontecimiento cuyo origen podemos resumir en dos razones. La primera: el covid ha hecho que mucha gente en edad cercana a la jubilación haya aprovechado para recoger sus bártulos y retirarse, dejando puestos de trabajo disponibles para los más jóvenes.

En otras palabras, la Gran Dimisión acelera el cambio generacional: los baby boomers se retiran en grandes números y sus puestos de trabajo, muchos de ellos puestos de responsabilidad, van siendo ocupados por la Generación X y los milenials. Y es aquí donde viene, desde una perspectiva ambientalista, la razón para el optimismo: los milenials muestran altos niveles de conciencia ecológica, y eso suele acabar reflejándose en la cultura de las instituciones que integran.

compromiso climático
Las nuevas generaciones son cada vez más vocales en temas ambientales.

Según una reciente encuesta de Pew Research Center, el 71% de los milenials americanos cree que “el clima debería de ser la máxima prioridad para asegurar un planeta sostenible para las futuras generaciones”. Su compromiso climático sería digital y práctico: uno de cada tres dice haber “emprendido una acción personal para abordar el cambio climático en el último año”, frente, por ejemplo, a uno de cada cinco baby boomers.

Desde 2016, los milenials son la generación más numerosa de la fuerza laboral estadounidense: un reequilibrio de fuerzas que se ha ido intensificando. Para 2030, según la Oficina de Estadística Laboral de EEUU, los milenials representarán el 75% del mercado de trabajo.

La segunda razón que explica esta Gran Dimisión sería una especie de toma de conciencia, un despertar existencial. Nuestra vida tendía a ser cómoda y previsible hasta que la pandemia nos golpeó como un misil y nos hizo conscientes de nuestra vulnerabilidad: de lo frágil que es la salud y de lo corta que es la vida. Muchos norteamericanos habrían experimentado, entre otras cosas, un cambio de actitud hacia el trabajo: estarían más interesados en desempeñar su empleo desde casa para tener más libertad y vida familiar, lo cual también tiene un lectura climática.

Un análisis de la consultora McKinsey barruntaba que la proporción de personas que trabajan desde casa, en un mundo post-pandémico, podría cuadruplicar el número que había en 2019: uno de cada cinco empleados no tendría que ir a ninguna oficina. Empresas como Google, Spotify, Microsoft o Capital One ya han establecido regímenes híbridos de trabajo, donde solo se va al despacho esporádicamente.

Aunque trabajar desde casa sigue dejando una huella climática, ya que muchos empleados están mudándose a viviendas más amplias, y por tanto más enérgicamente costosas, del extrarradio, el coste ambiental es menor. La compañía Xerox, por ejemplo, calculó que sus empleados, al trabajar desde casa, ahorraron casi 150 millones de kilómetros de conducción, que habrían producido 41.000 toneladas de dióxido de carbono. También se evita gastar tanto papel, electricidad y billetes de avión, pues gran parte de las reuniones se celebran por Zoom.

La sensibilidad climática, de hecho, ha ido creciendo hasta generar una especie de carrera armamentista, en la que grandes empresas americanas compiten por mostrar al mundo lo ecológicas y responsables que son. Amazon adquirió una flota de 100.000 furgonetas eléctricas y promete alcanzar el carbono neutro para 2040; Microsoft, Starbucks y muchas otras compañías han anunciado objetivos similares. Incluso las petroleras se envuelven de verde. BP dice que recortará la producción de crudo un 40% en la próxima década y eliminará sus emisiones contaminantes para 2040.

Estados Unidos, almacenes
Varias furgonetas de reparto esperan frente a un almacén de Amazon en Revere, Massachusetts (EEUU).

Pese a que no se pueden tomar al pie de la letra las grandilocuentes veleidades ecológicas de las corporaciones, es innegable que hay un cambio en curso. Los gerifaltes lo notan. Una encuesta de la firma AlixPartners refleja que el 72% de los consejeros delegados de EEUU teme por su empleo, 20 puntos más que hace solo un año. Prácticamente todos, el 94%, dice que su modelo de negocio tiene que cambiar en los próximos tres años, y la mayoría, un 57%, cree que su empresa no lo está haciendo lo suficientemente rápido.

A lo mejor, entre estos cambios generacionales, ansiedades y exámenes de conciencia, hay hueco para esa cruzada climática que reverbera en todos los debates, pero que tiene algunas dificultades en materializarse.



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