El G20 está todavía muy lejos de los objetivos de París

El G20 está todavía muy lejos de los objetivos de París

Un informe elaborado por la organización Climate Transparency afirma que los compromisos actuales de las 20 mayores economías del planeta son insuficientes para limitar el calentamiento global a 1,5°C este siglo


En apenas un par de semanas se cumplen cinco años de la firma del Acuerdo de París, el tratado de acción climática más ambicioso jamás desarrollado por la comunidad internacional. Sin embargo, los planes de los países más desarrollados son todavía insuficientes para limitar el calentamiento global a 1,5°C este siglo, como se reclama en el tratado climático. Así lo pone de manifiesto un estudio publicado esta semana por la organización Climate Transparency, que predice que el aumento de las temperaturas se situará a finales de siglo en 2,7°C con los compromisos actuales del G20, el foro que reúne a las 19 economías más importantes de los cinco continentes junto a la Unión Europea y que acaba de celebrarse este fin de semana.

Según esta institución, en la que participan expertos y activistas climáticos de catorce países distintos, las recientes promesas climáticas de China, Japón y Corea del Sur podrían reducir este número a entre 2,3-2,4 grados, a lo que habría que añadir una reducción adicional de 0,1°C si el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, cumple uno de sus compromisos electorales y pone también a su país, la segunda economía del mundo, en la senda de la neutralidad de carbono para 2050. Cifras que, por desgracia, siguen muy lejos de lo aconsejado por los principales estamentos científicos del mundo.

Es cierto que, debido a la pandemia de coronavirus, el informe predice que las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la energía de los países del G20 serán un 7,5% más bajas para fines de 2020 en comparación con 2019. Sin embargo, estas reducciones podrían ser tan solo temporales y revertirse pronto debido a que muchos de los países desarrollados han optado por continuar con la financiación de tecnologías intensivas en combustibles fósiles en sus paquetes de recuperación.

Antes de que estallara la crisis de la COVID-19, los países del G20 ya gastaron en un solo año 130.000 millones de dólares en subsidios a los combustibles fósiles según los datos de Climate Transparency, que no incluyen por falta de fuentes a potencias como Reino Unido, Turquía y Arabia Saudí. Pero el problema no ha hecho sino agravarse en 2020, a pesar de los numerosos llamamientos a que la recuperación tras la pandemia sea verde y ayude a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible: los subsidios a industrias intensivas en carbono aumentarán en el G20 hasta los 233.000 millones de dólares, según las proyecciones.

En concreto, los 19 países del G20 han optado por brindar apoyo financiero a los sectores nacionales de petróleo, carbón o gas y 14 han decidido rescatar compañías aéreas nacionales sin imponer ningún tipo de condición climática. De hecho, solo tres países del grupo (Francia, Alemania y Canadá), además de la UE en su conjunto, han anunciado programas en los que se destinará más dinero a los sectores ecológicos que a las industrias intensivas en emisiones.

Niebla de contaminación a causa de las chimeneas de centrales de carbón en la ciudad china de Jiujiang.

Eso sí, no todo son malas noticias. Y es que el informe también reconoce que el compromiso detrás de los objetivos climáticos más estrictos entre los mayores emisores del mundo está creciendo y se encuentra en “un momento histórico”, pero advierten de que el marco de políticas y las inversiones a corto plazo “aún no son consistentes” con los planes a largo plazo y piden “más ambición”. Sobre todo, porque los países del G20 “no son inmunes a los impactos del cambio climático”: en la última década, más de 220.000 vidas y 2,6 billones de dólares se perdieron en estos países a causa de los fenómenos meteorológicos extremos, que solo aumentarán a medida que aumente el calentamiento global.

Europa mejora pero no culmina su ambición

Por el momento, ni siquiera la Unión Europea, que lidera la acción climática mundial tal y como ha reconocido la propia ONU, está actualmente en camino de cumplir con su parte a la hora de limitar el calentamiento a 1,5 ° C para el final del siglo, aunque es verdad que las emisiones de gases de efecto invernadero per cápita se han reducido significativamente durante la última década y están muy por delante de la reducción promedio del G20.

Sin embargo, con el marco actual no es posible cumplir con lo que se reclama en el Acuerdo de París. Según el informe, si se tienen en cuenta solo las políticas existentes adoptadas en los estados miembro de la UE, la reducción total de los gases de efecto invernadero para 2030 sería de en torno al 37% con respecto a los niveles de 1990, aunque aumentarían al 46-48% si se cumplen los objetivos de energía y eficiencia integrados en el Pacto Verde Europeo. Es decir, que en el primer caso no se llega al 40% ya comprometido y en el segundo tampoco se alcanza el objetivo del 55% que pretende fijar la Comisión Europea.

En cualquier caso, el nudo gordiano de la acción climática europea está en los combustibles fósiles. Los autores del estudio afirman que éstos representan actualmente el 70% del mix energético de la UE, una proporción que debe recortarse en al menos un 67% para cumplir los objetivos de París del bloque para 2030. Actualmente, la UE tiene como objetivo que las energías renovables representen el 32% de la generación energética a nivel europeo, aunque se espera que esta cifra aumente para cumplir con los nuevos objetivos de reducción de emisiones.

El reto es especialmente grande en países como Polonia, la República Checa, Bulgaria y Rumania, que dependen todavía fuertemente del carbón y deben adoptar “cuanto antes” una eliminación gradual de este material, según Climate Transparency. La organización advierte además de que el hecho de que muchos de estos países vean el gas natural como un trampolín hacia las energías renovables puede suponer un gran riesgo, ya que la UE podría verse “atrapada” en el uso de este combustible, que ha aumentado en un 12% desde 2019.



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