La humanidad emite mucho más metano de lo que se creía

La humanidad emite mucho más metano de lo que se creía

Un nuevo estudio desvela que las cantidades de metano generadas a partir de la extracción y uso de combustibles fósiles son entre un 25% y un 40% mayores de lo establecido anteriormente, revelando que la producción de petróleo y gas está contribuyendo mucho más al calentamiento global de lo que se pensaba


Entre los gases de efecto invernadero, el dióxido de carbono, como contribuyente más importante al calentamiento global, es el enemigo público número uno cuando se trata de detener la crisis climática. Pero el metano, el componente principal del gas natural, atrapa el calor de manera aún más efectiva y es responsable de aproximadamente el 25% del calentamiento desde la Revolución Industrial, momento desde el cual ha duplicado su presencia en la atmósfera.

Sin embargo, hasta ahora no estaba demasiado claro cual era la contribución exacta del ser humano al total de metano presente en el aire, ya que este gas se produce tanto al producir combustibles fósiles como de manera natural por la acción de volcanes o filtraciones. Pero un nuevo artículo publicado en la revista Nature asegura que las fuentes geológicas naturales de metano tienen menor peso de lo que se pensaba, por lo que las emisiones humanas de metano son mucho mayores de lo sugerido hasta ahora.

La producción de petróleo y gas representa casi la mitad de todo el metano en nuestro aire que es atribuible a la actividad humana.

El estudio midió el metano presente en muestras antiguas de aire para evaluar los niveles de emisión de este poderoso gas de efecto invernadero, que es uno de los grandes factores que origina el aumento de las temperaturas globales. Y sus hallazgos mostraron que los niveles de metano fósil que ocurren naturalmente son en realidad aproximadamente 10 veces más bajos que lo que las investigaciones anteriores había demostrado.

A partir de ahí, los científicos pudieron deducir cuánto del metano en nuestra atmósfera hoy en día proviene de la extracción de combustibles fósiles por parte de los humanos, que según el estudio es entre un 25% y un 40% más de lo que se pensaba anteriormente. Es decir, que la producción de petróleo y gas representa casi la mitad de todo el metano en nuestro aire que es atribuible a la actividad humana.

Sin embargo, para los autores del estudio, esto no significa malas noticias, ya que este descubrimiento demuestra que tenemos un control mayor sobre las emisiones globales de lo que se pensaba. “La aplicación de normas de emisión de metano más estrictas en la industria de los combustibles fósiles tendrá el potencial de reducir el calentamiento global futuro en mayor medida de lo que se pensaba”, afirmó Benjamin Hmiel, que ha dirigido el análisis.

Dos tipos de metano

El metano emitido a la atmósfera se puede clasificar en dos categorías, fósil y biológico, en función de la huella que contiene de carbono-14, un isótopo radiactivo raro. El metano fósil, que es el foco de este estudio, puede emitirse a través de filtraciones geológicas naturales o como resultado de la extracción y el uso de combustibles fósiles por parte de los humanos, incluidos el petróleo, el gas y el carbón.

Por su parte, el metano biológico está en contacto con plantas y vida silvestre en la superficie del planeta y se puede liberar de forma natural de fuentes como los humedales o de fuentes antropogénicas como la actividad agraria y ganadera.

El metano tiene una vida útil de apenas 9 años en la atmósfera, pero atrapa 20 veces más calor que el CO2

Aunque no hay tanto metano como dióxido de carbono en nuestra atmósfera, este puede tener un impacto descomunal en el clima global, especialmente a corto plazo. Esto se debe a que el metano en el aire tiene poca vida útil -se descompone después de unos nueve años-, pero el gas es increíblemente efectivo para atrapar el calor: una molécula de metano tiene un potencial de calentamiento global que es 20 veces mayor que una de dióxido de carbono.

El metano ha entrado de lleno en la agenda pública y política en los últimos años debido a la creciente demanda mundial de gas natural, que está reemplazando al carbón en muchas partes del mundo como combustible para generar electricidad y calentar hogares. De hecho, el gas natural ha sido catalogado como un “combustible puente” entre el carbón y las fuentes de energía renovables por su supuesto menor impacto ambiental.

Sin embargo, aunque la quema de gas natural produce mucho menos dióxido de carbono que la generación de energía a carbón, las emisiones de metano asociadas con la producción de gas natural son también un problema grave para el planeta.

Una amenaza lantente

metano
Burbujas de gas metano atrapadas y congeladas en hielo limpio.

A pesar de que este nuevo estudio pone el acento en el metano emitido por el ser humano, otros estudios también hacen hincapié en la posibilidad de que se liberen enormes cantidades de metano naturales si el cambio climático continúa calentando el planeta. Solo frente a la costa oeste de EEUU existen enormes cantidades de gas metano, congelado como hidratos de metano, formando lechos en los sedimentos del fondo del mar en torno a los 500 metros de profundidad.

Un trabajo, publicado hace dos años en Geophysical Research Letters por investigadores de la Universidad de Washington, indica que en esas profundidades el agua se está calentando lo suficiente para fundir y liberar este gas de los sedimentos. Los científicos estiman que antes de 2100 se habrán liberado solo en esta zona entre 45 y 80 millones de toneladas de este gas, de potente efecto invernadero.

También está el enorme riesgo que representa el derretimiento de los polos. En el Ártico –que contiene más del 30% del carbono global– los científicos están descubriendo nuevas fuentes de metano en forma de hidratos de gas –sólido cristalino similar en apariencia al hielo, pero constituido por moléculas de gas– en el océano, un proceso de formación hasta ahora desconocido en el que se ven involucradas sustancias heladas en los sedimentos marinos.

Es decir, en el hielo están atrapadas grandes cantidades de metano, que en este caso no se origina por la descomposición del carbono sino por reacciones químicas en la corteza del océano bajo el suelo marino. Un metano que, si seguimos calentando el planeta, se podría liberar empeorando aún más la emergencia climática.



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