Los 'incendios zombies' amenazan el suelo ártico

Los ‘incendios zombies’ amenazan el suelo ártico

A partir de datos satelitales, los expertos del CAMS han advertido que muchos incendios de la temporada pasada pueden estar aún activos bajo el suelo ártico. Con unas proyecciones climáticas poco halagüeñas, estos pueden emerger y desencadenar un efecto acumulativo que empeore la temporada de este año


Estaban rodeados. Un enemigo implacable no paraba de poner a nuestros héroes contra las cuerdas, que cada día se veían obligados a ceder más y más terreno. La lucha parecía estar perdida. Sin embargo, con la llegada de las gélidas temperaturas se cambiaron las tornas y, al final, ganaron esta batalla: los incendios en el Ártico habían sido derrotados.

Un incendio zombie es un incendio que continúa ardiendo bajo tierra (turberas) y luego se vuelve a encender en la superficie después de un período de tiempo 

Pero la pesadilla aún no ha acabado. A las puertas de empezar una nueva temporada de incendios, los científicos del CAMS han desvelado una de las peores noticias. Las altas temperaturas vividas en la región durante este invierno han mantenido los “cadáveres” de estos incendios y ahora, como si fuesen “zombies”, se levantan de sus tumbas dispuestos a terminar el trabajo y, como consecuencia, empeorar la situación de este año.

“Las observaciones satelitales muestran diversos incendios activos que se creen que han surgido a raíz de ‘incendios zombie‘. No obstante, habría que confirmar esta información a través de mediciones sobre el terreno“, ha explicado Mark Parrington, experto en incendios forestales y científico sénior del CAMS (el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus).

“Estas anomalías se observan en zonas donde se registraron incendios el año pasado. En caso de que hayan sido producidos por estos zombies, y teniendo en cuenta la condiciones ambientales, podríamos asistir a un efecto acumulativo de la temporada de incendios del año pasado en el Ártico que se dejará sentir en la próxima temporada. Esto podría conllevar al origen de incendios duraderos y de gran envergadura en la misma región”, ha añadido el experto.

El Ártico ha sufrido un periodo de calor inusual en la región que ha conducido a que muchas zonas se sequen y sean susceptibles de producir incendios por las turbas de los suelos

Además de esta noticia, los científicos del CAMS han desvelado otros datos a raíz de un primer análisis de los datos del Sistema Mundial de Asimilación de Datos sobre Incendios (GFAS), que se sirve de las observaciones efectuadas mediante sensores satelitales para proporcionar estimaciones diarias de las emisiones e información sobre la intensidad de los incendios que, posteriormente, se cotejan con el promedio de años anteriores para elaborar una panorámica a más largo plazo.

Así pues, los científicos evidencian que ahora existe una actividad de incendios “bastante habitual” para la región. Sin embargo, prevén que esta situación se agrave conforme pasen las próximas semanas debido a las proyecciones que apuntan a unas condiciones inusualmente cálidas y secas.

En este sentido, el servicio análogo del CEPMPM de Copernicus, del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), ha informado de que en abril de 2020 las temperaturas se situaron por encima de la media en las regiones septentrionales, costeras y centrales de Groenlandia, así como en gran parte de Siberia.

“Gracias a los datos proporcionados por el C3S, sabemos que las regiones del círculo polar ártico más afectadas por los incendios de 2019 estaban experimentando unas condiciones en superficie más cálidas y secas, lo que brinda un entorno ideal para que los incendios se originen y permanezcan activos”, explica Mark Parrington.

Consecuencias en la hidrografía

Expertos de la Universidad de New Hampshire han descubierto que algunos de los efectos posteriores de un incendio en el ártico, como la disminución del carbono y el aumento del nitrógeno, pueden durar hasta cinco décadas y podrían tener implicaciones importantes en las vías fluviales vitales cercanas, como el río Yenisei que desemboca en el Océano Ártico.

“Los incendios forestales en esta región del Ártico solían ocurrir aproximadamente cada cien años y ahora los vemos cada verano“, ha comentado Bianca Rodríguez-Cardona, una de las autoras de la investigación.

En su estudio Compararon la concentración de nutrientes y materia orgánica disuelta en las corrientes de agua y descubrieron que el nitrógeno inorgánico, o nitrato, que es un nutriente importante para el desarrollo y crecimiento celular en las plantas acuáticas, permaneció elevado durante 10 años después de una quemadura. Y, los niveles de carbono orgánico disuelto (DOC) y nitrógeno orgánico disuelto (DON), las principales fuentes de energía, disminuyeron sustancialmente y tardaron 50 años en volver a los niveles previos a la combustión.

“Este aumento en los incendios conduce a una mayor entrada de solutos inorgánicos en las corrientes locales que pueden alterar la química y desencadenar problemas como el aumento de la proliferación de algas y bacterias que pueden ser perjudiciales para los humanos que dependen de estas vías fluviales para el agua potable, la pesca y su sustento”, ha añadido la experta.

Incendios en el mundo

Los científicos del CAMS también han estado monitorizado la actividad de incendios forestales en otras regiones del mundo durante la temporada tropical de incendios, que ha llegado recientemente a su fin.

Sus observaciones han mostrado que las emisiones para la región del Caribe, que incluye países como Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, se han situado claramente por encima de la media para el periodo 2003-2019.

En consecuencia, la intensidad de los incendios, denominada poder radiativo del fuego (en inglés, FRP), también ha mostrado muy por encima del promedio para el periodo 2003-2019 en estos países.

Por el contrario, las emisiones y la intensidad de los incendios en el sudeste asiático, que incluye países como Camboya, Laos, Malasia y Myanmar, se han situado en niveles más cercanos al promedio. Por su parte, Tailandia y Vietnam han registrado valores inferiores a la media.

Una región que se ha visto sumamente perjudicada por los incendios forestales ha sido Indonesia, que ha sufrido uno de los incidentes más intensos en casi 20 años. Los científicos del CAMS han estimado que los incendios en Indonesia que comenzaron en agosto de 2019 y no se extinguieron hasta tres meses después emitieron al menos 708 megatoneladas de CO2.

“La bruma tóxica resultante no solo tuvo un efecto nocivo para la población local, sino que también infligió daños duraderos a los bosques naturales y a la fauna y flora silvestres“, han indicado desde el CAMS.

Se considera que el causante principal de la intensidad de los brotes de incendios ha sido la combinación de unas condiciones más secas que la media y la quema de turberas ricas en carbono. Los científicos del CAMS han estimado que la intensidad total diaria de los incendios ha sido superior a la media de los últimos 16 años.

“Nuestro trabajo implica monitorizar muy de cerca las emisiones y la intensidad de estos incendios para poder elaborar una representación a más largo plazo con el tiempo de cara a entender su repercusión en la composición atmosférica y brindar información a los responsables políticos y a las empresas que buscan medidas paliativas”, han concluido Mark Parrington.



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