El IPCC, en alerta sobre los puntos de no retorno climáticos

El IPCC, en alerta sobre los puntos de no retorno climáticos

Un informe preliminar filtrado del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre el Cambio Climático (IPCC) muestra a una comunidad científica cada vez más preocupada por la cercanía de los puntos de no retorno climáticos, que podrían provocar cambios irreversibles con un calentamiento de 1,5 grados


La comunidad científca está cada vez más preocupada de que el calentamiento global desencadene puntos de no retorno (tipping points) en los sistemas naturales de la Tierra, lo que conducirá a un desastre generalizado y posiblemente irreversible a menos que se tomen medidas urgentes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Así lo pone de manifiesto un informe preliminar del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre el Cambio Climático (IPCC) en el que se alerta que superar el objetivo establecido por el Acuerdo de París de mantener el calentamiento del planeta por debajo de 1,5ºC podría tener “progresivamente consecuencias graves, durante siglos, y a veces irreversibles”.

“La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático drástico al evolucionar hacia nuevas especies y crear nuevos ecosistemas… los humanos no pueden” aseguran los autores del informe, cuya versión preliminar ha sido filtrada a la agencia AFP a pesar de que no se espera que el documento definitivo esté publicado hasta agosto, justo a tiempo para los trabajos previos de las delegaciones de la COP26. En cualquier caso, si mantiene su forma actual, las conclusiones del informe apuntan a ser demoledoras, ya que indican que es probable que los impactos climáticos sean mucho más cercanos de lo que la mayoría de la gente cree y cambiarán fundamentalmente la vida en las próximas décadas, incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero se controlan.

Los puntos de no retorno son elementos del sistema terrestre que, al sufrir pequeños cambios incrementales de temperatura pueden iniciar bucles de refuerzo que “inclinan” un sistema a un estado profundamente diferente, acelerando fenómenos como las olas de calor o las inundaciones costeras. Es decir, hablamos de cambios bruscos y rápidos que incrementarían drásticamente los daños provocados por el cambio climático. Por ejemplo, a medida que el aumento de las temperaturas conduce al derretimiento del permafrost ártico, el suelo que se descongela libera metano, un poderoso gas de efecto invernadero que a su vez provoca más calentamiento.

Otros puntos de inflexión incluyen el derretimiento de las capas de hielo polar, que una vez en marcha puede ser casi imposible de revertir incluso si las emisiones de carbono se reducen rápidamente, y que elevaría el nivel del mar de manera catastrófica durante muchas décadas, y la posibilidad de que la selva amazónica cambie repentinamente a sabana, que los científicos han dicho que podría llegar rápidamente y con aumentos de temperatura relativamente pequeños. Por eso, entre las conclusiones más importantes de esta versión preliminar del informe está una reducción del umbral más allá del cual el calentamiento puede ser considerado aceptable que, cuando se firmó el Acuerdo de París en 2015 se fijo en 2ºC respecto a la era pre-industrial y, de ser posible 1,5ºC.

Sin embargo, el IPCC considera que superar los 1,5ºC ya podría tener “progresivamente consecuencias graves, durante siglos, y a veces irreversibles”. Y según la Organización Meteorológica Mundial, la probabilidad de que ese umbral de 1,5ºC se supere a partir de 2025 ya es del 40%. Y, a partir de ese umbral, podría no haber vuelta atrás: el borrador del IPCC detalla al menos 12 puntos de inflexión potenciales si aumentan demasiado las temperaturas. “Lo peor está por venir, y afectará la vida de nuestros hijos y nietos mucho más que la nuestra”, dice el informe.

A lo largo de las más de 4.000 páginas del borrador del informe, que puede estar sujeto a cambios menores en los próximos meses, el IPCC deja claro que, con 1,1 grados de calentamiento registrados hasta ahora, el clima ya está cambiando. Hace una década, los científicos creían que limitar el calentamiento global a dos grados centígrados por encima de los niveles de mediados del siglo XIX sería suficiente para salvaguardar nuestro futuro, pero siguiendo las tendencias actuales, nos dirigimos a tres grados centígrados en el mejor de los casos. Y, aunque los modelos anteriores predijeron que no era probable que veamos un cambio climático que altere la Tierra antes de 2100, ahora el consenso sugiere que un calentamiento prolongado incluso más allá de 1,5 grados centígrados tendrá ya consecuencias progresivamente graves.

Panorama “apocalíptico”

Por eso, el informe apunta que el mundo debe hacer frente a esta realidad y prepararse para cambiar ya, por que “los niveles actuales de adaptación serán inadecuados para responder a los riesgos climáticos futuros”. De hecho, es probable que decenas de millones de personas más padezcan hambre crónica para 2050, y 130 millones más podrían experimentar pobreza extrema en una década si se permite que la desigualdad se profundice. Además, para 2050, las ciudades costeras en la “primera línea” de la crisis climática verán a cientos de millones de personas en riesgo de inundaciones y marejadas ciclónicas cada vez más frecuentes que se volverán más mortales por el aumento del nivel del mar.

Unos 350 millones más de personas que viven en áreas urbanas estarán expuestas a la escasez de agua debido a sequías severas a 1,5 grados Celsius de calentamiento, 410 millones a dos grados Celsius. Ese medio grado adicional también se traduciría en 420 millones de personas más expuestas a olas de calor extremas y potencialmente letales. “Se proyecta que los costes de adaptación para África aumentarán en decenas de miles de millones de dólares por año con un calentamiento superior a dos grados”, advierte el informe.

En definitiva, hay muy pocas buenas noticias en el informe, pero el IPCC enfatiza que se puede hacer mucho para evitar los peores escenarios y prepararse para impactos que ya no se pueden evitar, la conclusión final. La conservación y restauración de los llamados ecosistemas de carbono azul (por ejemplo, los bosques de manglares y algas marinas) mejoran las reservas de carbono y protegen contra las marejadas ciclónicas, además de proporcionar hábitats para la vida silvestre, medios de vida costeros y seguridad alimentaria.

Sin embargo, cambios pequeños como cambiar a coches con menos emisiones o plantar millones de árboles para compensar la situación habitual no va a ser suficiente, advierte el informe. “Necesitamos un cambio transformacional que opere en procesos y comportamientos en todos los niveles: individual, comunidades, empresas, instituciones y gobiernos“, asegura el IPCC, que deja claro que “debemos redefinir nuestra forma de vida y consumo”.


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