La calima de Canarias cruza el Atlántico y fertiliza el Amazonas

La calima de Canarias cruza el Atlántico y fertiliza el Amazonas

Episodios de calima como el que acaba de pasar Canarias tienen una potencia extraordinaria. Los vientos cargados de minerales cruzan el Atlántico y llegan a América. El Amazonas recibe cada año 22 millones de toneladas de materiales y gran cantidad de fósforo, lo que ayuda a fertilizar la selva tropical. Los expertos lo explican para El Ágora


Durante dos días, las Islas Canarias han estado cubiertas de una nube de tierra sahariana que ha teñido el cielo de colores apocalípticos y ha trastocado por completo la vida diaria en el archipiélago. La nula visibilidad y los fuertes vientos obligaron a cancelar cientos de vuelos. También se suspendieron parte de los actos de Carnaval durante el fin de semana y las actividades escolares el lunes, para evitar exponer a la población al aire enrarecido, que genera afecciones respiratorias. Mientras, los servicios de extinción trataban de sofocar varios incendios forestales provocados por la suma de factores: altas temperaturas, fuertes vientos y la sequía que sufren las islas, que arrastran un déficit de lluvias del 75%.

La llegada de viento cargado de materiales del Sáhara es algo relativamente habitual en Canarias, dada la cercanía del archipiélago al continente africano. La isla más próxima al continente, Fuerteventura, apenas está a 100 kilómetros del extremo sur de Marruecos.

No es extraño que los vientos del Sáhara lleguen a Canarias, pero si es totalmente inusitada la intensidad y la virulencia del fenómeno de calima de este fin de semana, que tiene visos de haber superado récords. Así lo comenta el delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en Canarias, Jesús Agüera según el cual hacía décadas que no se producía un episodio de calima tan potente. “No he visto nada igual en todo el tiempo que llevo trabajando aquí. Tenemos todavía que mirar en detalle y comparar con series históricas que llegan hasta más de 100 años, pero se puede decir que no se ha visto una calima de esta intensidad en décadas”.

¿Qué es la calima?

La AEMET define la calima como la suspensión en la atmósfera de partículas secas muy pequeñas, invisibles al ojo humano, pero lo bastante numerosas como para dar visibilidad y dar al cielo esa apariencia opalescente que hemos podido contemplar en las imágenes de Canarias. Para que haya calima tiene que haber una visibilidad muy reducida y una humedad relativa menor del 70 %. Porque cuando hay mucha humedad en el aire, lo que tenemos es el caso opuesto, es decir, la bruma.

Según explica Agüera a El Ágora, el último episodio fuerte de calima en Canarias ocurrió en 2002, el Día de Reyes, pero no fue tan intenso ni duró tanto tiempo. En esta ocasión, ha habido vientos intensos a todos los niveles de altura, con un rango medio de 40 a 70 kilómetros por hora, pero con rachas que han superado los 120 kilómetros por hora, nivel que se califica como viento huracanado. De hecho, el pico máximo llegó a los 160 kilómetros por hora medidos en el Observatorio de Izaña, gestionado por AEMET, en Tenerife.

Desde el Sáhara al Amazonas

La entrada de estos vientos saharianos sobre Canarias se ha debido a la confluencia de varios factores. Por una parte, estaba el anticiclón atlántico sobre las Azores y, al mismo tiempo, una depresión aislada en niveles altos (DANA), que se descolgó de la circulación general y se situó sobre Canarias creando “un efecto succión”. Estas fuerzas de convección han dirigido el viento del desierto hacia las islas, arrastrando a su paso los materiales del Sáhara.

Las islas Canarias están en la primera línea de choque de estos vientos saharianos llenos de materiales en suspensión, pero no son el punto final. Es tal la fuerza de estas corrientes de aire cálido que pueden atravesar el Atlántico y llegar hasta América del Sur, indica Jesús Agüera. En determinadas circunstancias, y si no encuentran corrientes de signo contrario, pueden cruzar todo el océano, afirma. “En Florida, los observatorios están acostumbrados a detectar estas plumas de aire cargado de partículas”, dice el experto. De hecho, asegura, gracias al análisis de los sedimentos recogidos del aire, los expertos pueden saber incluso el origen de los mismos por el estudio de sus características geológicas.

En muchas ocasiones, los vientos del Sáhara se dirigen más al sur del Caribe y caen sobre la cuenca amazónica. El volumen de este transporte a distancia es de una magnitud gigantesca. La existencia de esta cinta transportadora de materiales entre África y América es conocida desde hace décadas, pero solo hasta hace poco se ha podido hacer una estimación de su volumen. En 2015, un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters  y elaborado por expertos de la NASA, de la Universidad de Maryland y la Universidad de Miami  concluyó que cada año hay 182.000 millones toneladas de tierra del Sáhara que cruza el Atlántico para llegar a América.

El estudio analizó dato datos acumulados por satélites de la NASA y de Francia entre 2007 y 2013. Respecto a la cuenca amazónica, la conclusión fue que anualmente recibe por aire 27,7 millones de toneladas de material del Sáhara que se convierte en uno de los principales fertilizadores de la selva.

El ecosistema amazónico, a pesar de su exuberancia, es un terreno de suelos pobres en nutrientes y el Sáhara se convierte por medio del viento en un fertilizador a distancia que ayuda a mantenerlo vivo, explicaban los investigadores en esa investigación.

Hay que considerar que la calima no arrastra arena pura, es decir sílice, sino distintos tipos de sustratos ricos en minerales. Uno de ellos es el fósforo, un nutriente esencial para las plantas, difícil de sintetizar en la naturaleza y que abunda en el Sáhara, rico en yacimientos de fosfatos. Los investigadores estiman que casi el 1% del material que el Sáhara lleva hasta el Amazonas es fósforo.

Por increíble que parezca, indica Agüera, las calimas pueden tener alcances de miles de kilómetros y hacer que el Sáhara se convierta en la fuente de alimento para la rica selva tropical. “Debe ser una de las pocas cosas buenas que tengan las calimas”, afirma el meteorólogo de la AEMET, puesto que por todo lo demás, como hemos visto en Canarias estos días, generan una gran perturbación, añade.

Para hacerse una idea del volumen de materiales que ha arrastrado la calima de este fin de semana hay que contemplar los datos tomados en el observatorio de Izaña, un centro de referencia de la AEMET. Durante el fin de semana se han llegado a medir 2.000 microgramos de partículas de tamaño PM10 en suspensión por cada metro cúbico de aire. Estas partículas –del diámetro de la centésima parte de un milímetro, es decir, varias veces más finas que un cabello humano- son capaces de penetrar profundamente en los alveolos pulmonares y dañar los tejidos.

La Organización Mundial de la Salud considera que a partir de 50 microgramos por metro cúbico el aire se considera dañino para la salud. “En Canarias hemos tenido niveles 40 veces superiores a lo recomendado por la OMS”, dice Jesús Agüera. De hecho, ha habido un pico máximo de 3.231 microgramos por metro cúbico medidos en la estación de Mercado Central en la isla de Gran Canaria, cercano a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Es decir, 60 veces más de lo que la OMS considera recomendable.

Temperaturas de récord

La calima ha traído también vientos cálidos que han provocado récords de temperatura para esta época en Canarias, indica la AEMET. El domingo se batieron cuatro récords absolutos de temperatura para el mes de febrero en Canarias.

Por una parte, en los aeropuertos de La Palma, Tenerife sur y Gran Canaria se midió la mínima más alta jamás registrada, con 20,9ºC, 23,9ºC y 22,3ºC respectivamente. Al mismo tiempo, en el aeródromo de Tenerife Sur se llegó a 30ºC, la máxima más alta en la historia de febrero en este observatorio. “Superar los 30 grados es muy significativo para esta época del año, lo normal en las costas sería de 21/22Cº y en las cumbres, de 10ºC”, señala la AEMET.

Una de las dudas que puede generar este episodio de calima es si hay una señal de cambio climático en todo esto. La respuesta es no, pero con matices. El fenómeno entra dentro del campo de lo habitual. Es decir, estas corrientes de viento cálido fluyen hacia el Atlántico en determinadas circunstancias y forman parte de la circulación normal de la atmósfera.

Lo que sí es evidente, señalan los expertos, es que el calentamiento global está introduciendo mucha más energía en la atmósfera y generando un sistema más inestable. De este modo, a medida que aumente el calentamiento global, episodios de calima como este serán más virulentos y, al mismo tiempo, más impredecibles.

Sin saber de modo cierto lo que deparará el futuro, de momento, y durante dos días, las Islas Afortunadas han tenido un aire irrespirable, uno de los de peor calidad del mundo. Es por ese motivo que las autoridades autonómicas y locales decidieron suspender eventos al aire libre y las actividades escolares. Los canarios han vivido un escenario que estamos acostumbrados a ver en los filmes de aventuras, cuando las tormentas de arena destruyen las caravanas de camellos en el desierto.

La situación se ha ido normalizando a medida que las condiciones en el Atlántico han variado, dejando de impulsar los vientos de dominante Este. En el día de hoy, las Canarias empiezan a recuperar la normalidad, mientras los vientos siguen mar adentro, llevando posiblemente la tierra del Sáhara camino del Amazonas.



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