Los huracanes se acercan cada vez más al Mediterráneo

Los huracanes se acercan cada vez más al Mediterráneo

Estos días pasados se ha formado una tormenta subtropical, nombrada como Alpha, a apenas 100 kilómetros de Portugal, un fenómeno parecido a un huracán que los meteorólogos califican de histórico. En Grecia, al mismo tiempo, el medicane Ianós causaba grandes destrozos en la costa. El calentamiento del mar está haciendo que los ciclones sean más abundantes y cambien su dinámica de formación


Septiembre de 2020 pasará a recordarse en los anales meteorológicos como un punto de inflexión en la tropicalización del tiempo atmosférico. En los últimos días hemos vivido dos fenómenos que los expertos han señalado como “históricos” o “extraordinarios”. Portugal y España han sufrido el efecto de la tormenta subtropical Alpha mientras Grecia padecía el embate del medicane Ianós.

El pasado viernes 18 de septiembre, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) alertaba de la formación frente a las costas de Portugal de una tormenta subtropical, es decir, un frente ciclónico con características similares a la de los huracanes. En las horas siguientes, la tormenta se adentró en la península Ibérica, dejando fuertes vientos y precipitaciones intensas en el oeste de nuestro territorio.

El NHC es la entidad de referencia para el estudio de los huracanes, dependiente de la prestigiosa National Oceanic and Atmospheric Administration estadounidense. Estamos tan acostumbrados a escuchar sus avisos cuando estos se forman en el Caribe y el Golfo de México y amenazan a América del Norte, que verles dar un aviso para Europa parece insólito. Y desde luego que lo es.

Es la primera vez desde que se estudian los huracanes en el Atlántico que se forma una tormenta de este tipo tan cerca de la península. En los últimos años ya había habido algunos fenómenos similares, pero nunca tan cerca. Para el doctor en Física de la Universidad Complutense y experto en huracanes Juan José González Alemán, el surgimiento de Alpha tan cerca de Portugal es “histórico” y corrobora una tendencia. Normalmente, los huracanes se forman en las aguas cálidas cercanas a América y suelen tomar una dirección al oeste, es decir hacia el continente.

Desde que empezaron a estudiarse de forma rigurosa en los años 70, lo habitual es que de vez en cuando, cada cuatro o cinco años, algún frente tomara una dirección excéntrica y se dirigiera hacia Europa. Pero con todo el Atlántico de por medio solía difuminarse antes de llegar aquí. Sin embargo, desde comienzos del siglo XXI, esto ha empezado a ocurrir más a menudo, incluso una vez al año. Y cada vez, además, más cerca de Europa. Los huracanes empiezan a formarse más cerca de nuestro continente y a girar más a menudo en nuestra dirección.

Es eso lo que convierte a Alpha en una tormenta histórica, porque ha sido el récord de formación cerca de Europa de una tormenta de este tipo.

Efectivamente, el calificativo de “histórica” le viene dado a la tormenta Alpha principalmente, por su formación, explica a El Ágora el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet),  Rubén del Campo. “Se trata del ciclón tropical o subtropical que más cerca de las costas de Europa occidental se ha formado”, afirma.

Hay un precedente de sistema tropical que entró en la Península (Vince lo hizo como depresión tropical en octubre de 2005). Por otro lado, en octubre de 2018 el huracán Leslie estuvo a punto de tocar tierra como tal en la Península Ibérica, aunque perdió sus características tropicales pocas horas antes. “Pero en ambos casos (Vince y Leslie), su formación fue mucho más al oeste, así que en ese sentido, Alpha supone un hito”, explica Del Campo.

Respecto a los efectos en concreto de Alpha, estos no han sido tan históricos. Sí ha sido un fuerte temporal, pero lejos de récords. Respecto a las precipitaciones, la propia borrasca que nos afectaba, y en cuyo seno se formó Alpha, había absorbido aire muy húmedo de latitudes bajas, y esa fue la razón principal de los chubascos tormentosos intensos, más que Alpha en sí mismo, explica el portavoz de Aemet.

Las zonas donde más llovió durante el episodio fueron, por un lado, el Pirineo aragonés, (hasta 146 l/m2 en Torla, Huesca, en 48 horas) y, por otro lado, el Sistema Central: hasta 162 l/m2 en el puerto El Pico, Ávila, también en 48 horas. En Segovia, el día 18 cayeron 33 l/m2, que puede no parecer mucho, pero fue el día más lluvioso en septiembre en dicha ciudad desde 1989.

En Portugal, Alpha dejó vientos muy fuertes y temporal marítimo intenso en algunas zonas, pero nada excepcional, afirma Aemet. En España, se registraron rachas de viento superiores a los 90, e incluso los 100 km/h, en puntos altos de los Pirineos durante la tarde-noche y madrugada del viernes 18 al sábado 19.

Más energía en el mar

Para entender lo que ocurre en el Atlántico hay que tener en cuenta que las previsiones del cambio climático ya avanzaban que el calentamiento global podría generar más huracanes y más intensos. El fenómeno es sencillo de entender si se tiene en cuenta qué es un huracán. Son grandes tormentas que se forman sobre mares cálidos, alimentadas por la evaporación del agua caliente. Es tanta la energía que se libera que las nubes empiezan a girar sobre sí mismas y alcanzan velocidades de espanto.

Los huracanes disipan su energía cuando dejan de surfear sobre agua caliente. Por eso pierden su fuerza al tocar tierra -no sin antes descargar con furia sobre la costa la energía que transportan- o cuando tocan aguas frías. Alpha no ha pasado de ser una tormenta subtropical, sin la energía propia de un huracán de clase 3, 4 o 5. Pero aun así su potencia ha sorprendido, como muestran estas imágenes.

Lo que ocurre con un mar más cálido es que hay más energía en el sistema y los huracanes, que son como una válvula de descarga de la misma, pueden empezar a multiplicarse o ser más potentes. Rubén del Campo, portavoz de Aemet, explica a El Ágora: “No está del todo claro, según el Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático, que el número de ciclones tropicales haya aumentado o vaya a hacerlo en el futuro como consecuencia del cambio climático, pero sí es un hecho constatado que los ciclones tropicales han aumentado de intensidad desde 1970 en el Atlántico norte. Esta intensificación podría aumentar en las próximas décadas. Además, con aguas más cálidas en nuestro entorno, cada vez lo tendrán más fácil para acercarse a nuestras costas, y en los últimos años tenemos el ejemplo de Leslie y Alpha”.

Es el caso de esta temporada de 2020, que lleva camino de récord. Habitualmente, el NHC utiliza nombres de pila ordenados alfabéticamente para nombrar los huracanes de cada temporada. El primero empieza por A, el segundo con B y así hasta llegar a la Z. El sistema es válido porque los huracanes no suelen pasar de 20 al año y las letras no se agotan. Solo en 2005 se acabó el alfabeto, con el tristemente famoso huracán Wilma, y hubo que empezar a nombrar a los siguientes huracanes de esa temporada de otro modo, con letras griegas: Alpha, Beta, Gamma, Delta.

La cuestión es que la tormenta Alpha que ha llegado a la península se llama así porque por segunda vez en la historia se han acabado los nombres de pila. Con la diferencia de que en 2005 Wilma se formó a mediados de octubre. Y esta vez Alpha se ha formado en septiembre, casi con un mes de adelanto. Y la historia continúa. Ahora mismo, el NHC ya tiene localizada a la tormenta Beta, a punto de alcanzar la costa de Texas. La temporada de huracanes suele terminar en noviembre. Y este 2020 ya está consiguiendo colocarse como el año récord en el número de ellos. Con la circunstancia añadida de que algunos de esos ciclones, como Alpha, se han formado más cerca que nunca de nuestro meridiano.

Ha habido más circustancias raras este año. Por ejemplo, por primera vez se han detectado cinco ciclones a la vez: Paulette, Rene, Sally, Teddy y Vicky, que coindicieron hace semanas sobre el mar. Una muestra más de que el sistema atmosférico está lleno de energía este año.

El medicane Ianos

Alpha no ha sido el único fenómeno extraño de este pasado fin de semana. Las costas de Grecia se enfrentaban vientos, lluvia y oleaje de inusitadas proporciones ocasionados por la tormenta Ianós, calificada por los expertos como un medicane. Como explica Rubén del Campo a nuestro diario, es un término adoptado recientemente, a partir de “MEDI-terranean hurri-CANE”, para referirse a los ciclones mediterráneos que presentan características tropicales.

“Si bien su definición todavía es objeto de debate, se trata de depresiones marítimas muy intensas y acompañadas de fuertes vientos. Son de pequeño tamaño, simétricas y con un núcleo cálido profundo, y se caracterizan por bandas nubosas que se organizan en espiral alrededor de un ojo central libre de nubes”, detalla Del Campo.

Este tipo de tormentas eran relativamente extrañas en nuestras aguas, pero también ha empezado a aumentar el número de ellas en tiempos recientes.

“Alpha y Ianos han sido, ambos, ciclones con características tropicales, de pequeño tamaño y con mucha convección (formación de tormentas intensas) en torno a su núcleo, más cálido que los alrededores”, explica el portavoz de Aemet.

En la generación de ambas depresiones participaron mecanismos propios de las latitudes medias. Aparte de la diferencia obvia de que Ianos se formó mucho más al este, en un mar casi cerrado como es el Mediterráneo, mientras que Alpha lo hizo en el Atlántico, el medicane ha generado efectos mucho más adversos que su prima Alpha, con vientos sostenidos que pudieron llegar a alcanzar la categoría de huracán y lluvias torrenciales de gran intensidad.

Diferencias entre huracán y tormenta subtropical

Tanto los huracanes como las tormentas tropicales son ciclones tropicales, con características similares. Un ciclón tropical es, básicamente, un sistema de bajas presiones sin frentes asociados (al contrario que “nuestras” borrascas), que se desarrolla sobre aguas tropicales y, a veces, subtropicales, y que presenta convección profunda (numerosas e intensas tormentas) con una circulación de viento cerrada alrededor de un centro bien definido y cuyo núcleo está más cálido que el entorno, explica Rubén del Campo.

La principal diferencia entre un huracán y una tormenta tropical estriba en la intensidad de los vientos generados a su alrededor. Para hablar de tormenta tropical, los vientos han de mantener una velocidad sostenida durante al menos un minuto de entre 60 y 120 km/h. Cuando dichos vientos sostenidos superan los 120 km/h, ya hablamos propiamente de huracán.

Una tormenta subtropical es un ciclón subtropical que alcanza vientos sostenidos de entre 60 y 120 km/h, como las tormentas tropicales. Pero los ciclones subtropicales presentan características propias tanto de los ciclones tropicales como de las borrascas de latitudes medias, las que habitualmente nos afectan a nosotros. Con los ciclones tropicales, comparten el hecho de tratarse de sistemas de bajas presiones sin frentes asociados que se profundizan, en general, sobre aguas de latitudes tropicales o subtropicales. Al igual que ellos, desarrollan convección intensa en su zona central, aunque no tanto como en los ciclones tropicales. También presentan un núcleo cálido en niveles bajos y medios de la atmósfera, al contrario que nuestras borrascas, pero al igual que estas, el núcleo está frío en las capas más altas de la troposfera.

Por último, la mayor parte de la energía necesaria para que se forme un ciclón tropical procede de la liberación de calor latente: la evaporación del agua del mar es muy intensa cerca del núcleo del ciclón, y al formarse las enormes nubes de tormenta por condensación de dicho vapor, se libera mucha energía, que sirve para organizar y reforzar el sistema.

En cambio, en los ciclones subtropicales, la mayor parte de la energía procede de fuentes baroclinas, que en meteorología es un término donde se engloban procesos que ocurren al ponerse en contacto masas de aire de diferente naturaleza: habitualmente, entra en juego aire de procedencia tropical, cálido, con aire de procedencia polar, frío. Como consecuencia de este contacto, que ocurre en latitudes medias muy frecuentemente, tiene lugar una serie de procesos que desembocan en la formación de las típicas borrascas de latitudes medias.

Vemos, por tanto, que las diferencias estriban principalmente en los procesos que dan lugar a su formación y a algunas características complejas; pero realmente, hay borrascas “normales” de latitudes medias mucho más intensas.



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