El océano Austral, un gran aliado contra el cambio climático

Confirman que el océano Austral es un gran aliado contra el CO2 humano

Por primera se ha puesto una cifra casi exacta de la cantidad de CO2 atmosférico que absorben las aguas heladas que rodean el continente antártico. Es un sumidero de carbono, que captura más gases de efecto invernadero de los que produce


Cuando las emisiones de dióxido de carbono causadas por el hombre ingresan a la atmósfera, parte del gas es absorbido por el océano en un proceso complejo que tiene el potencial de servir como un vital aliado contra el cambio climático. Según los científicos, este mecanismo tiene su origen en el agua fría y rica en nutrientes de la superficie que, con ayuda de los microorganismos, absorbe el CO2 antes de volver a hundirse.

Debido a las cualidades del océano austral en relación con este proceso, un estudio respaldado por la NASA ha puesto de manifiesto que esta masa de agua se presenta como un potencial sumidero de carbono, “con una mayor absorción en verano y menos desgasificación en invierno de lo que han indicado otras observaciones recientes”. La novedad del estudio en este sentido es que por primera vez han puesto una cifra casi exacta de la cantidad de CO2 atmosférico que absorben las aguas heladas que rodean el continente antártico.

Áreas donde el dióxido de carbono fue absorbido (azul) y emitido (rojo) por el océano global en 2012 | Foto: NASA

Así pues, los modelos informáticos utilizados en el trabajo, y que se basan en observaciones realizadas por aviones de investigación y trabajo de campo, sugieren que el 40% del dióxido de carbono producido por la humanidad fue absorbido originalmente de la atmósfera hacia el Océano Austral. En cuanto a su papel como sumidero, señalan que las aguas de la región absorbían aproximadamente 0,53 petagramos más (530 millones de toneladas métricas) de carbono de lo que liberaban cada año.

«Las mediciones en el aire muestran una reducción de dióxido de carbono en la atmósfera inferior sobre la superficie del Océano Austral en verano, lo que indica la absorción de carbono por el océano», explica Matthew Long, autor principal del estudio y científico del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR).

Aun así, los autores comentan que medir el flujo o intercambio de CO2 del aire al mar ha sido un desafío. Muchos estudios previos del flujo de carbono del Océano Austral se basaron en gran medida en las mediciones de la acidez del océano, que aumenta cuando el agua de mar absorbe CO2, tomadas por instrumentos flotantes a la deriva. Los aviones, en este sentido, han ejercido un papel clave para medir estos intercambios.

«No se puede engañar a la atmósfera. Si bien las mediciones tomadas desde la superficie del océano y desde la tierra son importantes, son demasiado escasas para proporcionar una imagen confiable del flujo de carbono entre el aire y el mar. Sin embargo, la atmósfera puede integrar flujos en grandes extensiones «, comenta Matthew Long.

Para el nuevo estudio, los investigadores utilizaron mediciones aéreas de tres experimentos de campo: ATom, HIPPO y ORCAS . En conjunto, los experimentos de campo capturaron una serie de instantáneas (o perfiles) del cambio vertical en el dióxido de carbono en varias altitudes de la atmósfera y en varias estaciones.

Por ejemplo, durante la campaña ORCAS a principios de 2016, los científicos vieron una caída en las concentraciones de CO2 a medida que el avión descendía y también detectaron una gran turbulencia cerca de la superficie del océano, lo que sugiere un intercambio de gases. Dichos perfiles, junto con varios modelos atmosféricos, ayudaron al equipo a estimar mejor el flujo de carbono.

“Nuestro análisis tiene implicaciones importantes para el monitoreo efectivo del sumidero de carbono del Océano Austral. Un programa regular de observaciones de aeronaves podría proporcionar un enfoque rentable para mejorar drásticamente las estimaciones del presupuesto de carbono para el Océano Austral y a nivel mundial, ayudando a cumplir con un requisito social de una comprensión clara de los mecanismos que impulsan la variación en el CO2 atmosférico”, concluyen los expertos.



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