La ONU advierte que la acción contra el cambio climático no puede aplazarse más

La ONU advierte que la acción contra el cambio climático no puede aplazarse más

En un nuevo estudio con datos aplastantes la ONU advierte que las medidas drásticas contra el calentamiento global no pueden demorarse más. La reducción de emisiones a causa de la pandemia no ha servido para detener el avance de la crisis climática mientras los países se alejan del Acuerdo de París


A pesar de que durante el confinamiento se vieron señales muy prometedoras en la histórica caída de las emisiones de gases de efecto invernadero, la celebración se produjo antes de tiempo. Y es que, tras una reducción transitoria fruto de las medidas de cuarentena y la ralentización económica, el cambio climático no se ha frenado y las emisiones van camino de alcanzar niveles previos a la pandemia. Y lo que es peor, al ritmo actual, la comunidad internacional está muy lejos de cumplir los objetivos acordados de mantener el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales o de limitarlo a 1,5 °C por encima de esos valores de referencia, como reza el Acuerdo de París.

Esa son las inquietantes conclusiones del informe United in Science 2020, un documento elaborado por diversas organizaciones científicas de vanguardia y coordinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) bajo el paraguas de la ONU. Los expertos han podido analizar los principales efectos y causas del cambio climático a partir de los nuevos datos recabados durante el último año y destacan los crecientes e irreversibles impactos del cambio climático que afectan a los glaciares, los océanos, la naturaleza, las economías y las condiciones de vida de la población.

“Este ha sido un año sin precedentes para las personas y para el planeta. La pandemia de COVID-19 ha trastocado vidas en todo el mundo. Al mismo tiempo, el calentamiento de nuestro planeta y la alteración del clima han continuado a un ritmo acelerado”, asegura el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, en el prólogo del informe. En el documento, de hecho, se pone de manifiesto que “la falta de acción climática ambiciosa” está dificultando cada vez más la adaptación y las respuestas integradas en materia de gestión de riesgos. “Ya no puede aplazarse más la adopción de medidas transformadoras si se quieren alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”, aseguran sus autores.

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Deshielo en el Ártico.

Es cierto que, según el estudio, se espera que en 2020 las emisiones globales de CO2 disminuyan entre un 4% y un 7% respecto al año anterior como consecuencia de las medidas de confinamiento impuestas para combatir el coronavirus. Sin embargo, este nivel de contaminación “no es compatible” con las trayectoria que se debería seguir para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, el gran pacto sellado en 2016 para mantener el alza de las temperaturas este siglo por debajo de 2 grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales.

Además, según la OMM, la reducción de las emisiones en 2020 tendrá un efecto muy limitado en la tasa de incremento de sus concentraciones atmosféricas de CO2, dado que estas son el resultado de las emisiones actuales y pasadas y del período de vida sumamente prolongado de ese gas. Es decir, que las concentraciones no han dado señales de tocar techo y han seguido aumentando hasta alcanzar nuevos registros sin precedentes, según el informe, que subraya que para estabilizar el cambio climático, las emisiones deben reducirse de forma sostenida hasta lograr que en términos netos sean equivalentes a cero.

Cambio climático y recursos hídricos

El informe de la ONU dedica un apartado entero al agua y los recursos hídricos ya que, explican, “los crecientes e irreversibles impactos del cambio climático a menudo se perciben en forma de peligros relacionados con el agua, como los episodios de sequía o las crecidas o la alteración de la dinámica del hielo y la nieve”. Es decir, que las consecuencias del cambio climático que se perciben en mayor medida por la población son la modificación de las condiciones hidrológicas: de aquí a 2050, la cantidad de personas en riesgo de verse afectadas por crecidas aumentará de los 1.200 millones actuales hasta los 1.600 millones.

Un pronóstico terrible que no debe hacernos olvidar la situación actual, ya que desde principios hasta mediados de la década de 2010, 1.900 millones de personas, esto es, el 27% de la población mundial, vivían en zonas potencialmente sujetas a una grave carestía de agua. En 2050, esa cifra podría aumentar hasta situarse entre los 2.700 y los 3.000 millones de personas. A esto hay que añadir que actualmente el 12% de la población mundial bebe agua procedente de fuentes no mejoradas y no potables y más del 30% de la población mundial, esto es, 2.400 millones de personas, viven sin acceso a ninguna forma de saneamiento.

En definitiva, se prevé que el cambio climático aumente el número de regiones con estrés hídrico y agrave la escasez de agua en aquellas regiones que ya lo padecen. Pero esto no es todo: el informe también apunta que la escorrentía anual de los glaciares (la cantidad de agua del deshielo glacial que acaba en los caudales de los ríos) alcanzará su máximo a escala mundial a más tardar a finales del siglo XXI, un hito que tendrá importantes consecuencias en las reservas de agua en muchas regiones del mundo.

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La escasez de agua y la falta de saneamiento serán un problema para cada vez más personas a causa del cambio climático. | Albert Gonzalez Farran / UNAMID

Por otro lado, el informe también dibuja un oscuro panorama en lo referente a las temperaturas. Según la OMM, se espera que la temperatura media mundial del período 2016-2020 sea la más cálida de la que se tiene constancia, aproximadamente 1,1 grados centígrados por encima de la media de 1850-1900, el período que se toma como referencia para evaluar el cambio que la temperatura ha experimentado desde la era preindustrial, y 0,24 grados más cálida que la temperatura media mundial del período 2011-2015.

De hecho, hay fuertes posibilidades de que entre 2020 y 2024 haya por lo menos en un año en el que se superen en 1,5 grados los niveles preindustriales, algo que precisamente se buscaba impedir con el Acuerdo de París. Esto indica que, a pesar del espejismo de la COVID-19, el cambio climático inducido por el hombre sigue afectando a todos los sistemas esenciales para la vida, desde las cimas de las montañas hasta las profundidades de los océanos, lo que provoca una aceleración del aumento del nivel del mar y entraña una sucesión de efectos en cadena para los ecosistemas y la seguridad de las personas con consecuencias imprevisibles.



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