La población afectada por desastres naturales se duplicará en 2030

La población afectada por desastres naturales se duplicará en 2030

La Organización Meteorológica Mundial prevé que para 2030 se duplicará el número de personas afectadas por los desastres naturales y habrá 162 millones de damnificados al año por culpa del cambio climático y pide mejorar los sistemas de alerta temprana para ayudar a los países en desarrollo a hacerles frente


Una de las consecuencias más visibles del cambio climático está en el aumento imparable de los fénomenos meteorológicos extremos. En los últimos 50 años, los peligros relacionados con el tiempo, el clima y el agua han sido reconocidos como la causa de más de 11.000 desastres naturales que han provocado 2 millones de víctimas mortales y han ocasionado pérdidas económicas valoradas en 3,6 billones de dólares. Y, aunque la media de muertes notificadas a raíz de cada catástrofe se ha reducido en un tercio durante estas últimas décadas, la cantidad de desastres registrados se ha quintuplicado y las pérdidas económicas se han multiplicado por siete.

Esta inquietante radiografía es el resultado del análisis de la Organización Meteorológica Mundial, que ha coordinado un informe con otras 16 organizaciones internacionales ambientales sobre el estado de los servicios climáticos en 2020, publicado con motivo del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres. La efeméride se celebra este martes para concienciar a los líderes mundiales sobre la necesidad de preparse adecuadamente contra unos desastres naturales cuya frecuencia, intensidad y gravedad han aumentado a causa del cambio climático y afectan de manera desproporcionada a las comunidades vulnerables. De hecho, según los meteorólogos, una de cada tres personas del planeta todavía no está adecuadamente cubierta por sistemas de alerta temprana.

En 2018, alrededor de 108 millones de personas de todo el mundo necesitaron ayuda del sistema humanitario internacional como consecuencia de tormentas, crecidas, sequías e incendios forestales. A pesar de la magnitud de esta cifra, la situación solo puede ir a peor en los próximos años, ya que se estima que, de aquí a 2030, los afectados podrían aumentar en casi un 50% hasta alcanzar los 162 millones, con unas pérdidas económicas asociadas que podría rondar los 20.000 millones de dólares anuales.

Para evitar parte de las consecuencias humanas y económicas de este aumento, el informe de la OMM señala diferentes ámbitos en los que la inversión de los gobiernos en sistemas eficaces de alerta temprana puede reforzar la resiliencia de los países ante múltiples peligros relacionados con el tiempo, el clima y el agua, además de apuntar estrategias que pueden emplearse para materializar esas inversiones y ofrecer ejemplos de experiencias exitosas. Pero, sobre todo, se hace hincapié en la necesidad de avanzar hacia la instauración de servicios de predicción que tengan en cuenta los impactos.

Y es que los expertos apuntan que el foco de atención de la meteorología ya no deber ser el tiempo que hará, sino las consecuencias concretas que este tendrá, un enfoque que permitiría a personas y empresas adoptar medidas tempranas en función de las alertas. “Los sistemas de alerta temprana son condición indispensable para la reducción efectiva de los riesgos de desastre y la adaptación al cambio climático. Estar preparados y ser capaces de reaccionar en el momento oportuno y en el lugar adecuado puede salvar muchas vidas y proteger los medios de subsistencia de las comunidades de todo el mundo”, ha explicado el secretario general de la OMM, el profesor Petteri Taalas.

En cualquier caso, el aumento de los desastres de índole climática evidencia según la OMM “la necesidad de incrementar las partidas asignadas a adaptación en todos los ámbitos”, en especial para reducir los riesgos relacionados con el agua y el clima a través de inversiones que permitan mejorar el acceso a la información sobre riesgos y perfeccionar los sistemas de alerta temprana multirriesgos.

Deficiencias de capacidad

Actualmente, los sistemas de alerta temprana figuran como máxima prioridad en las contribuciones determinadas a nivel nacional respecto del cambio climático de casi el 90% de los países menos adelantados (PMA) y los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID). Sin embargo, muchos de ellos carecen de la capacidad requerida, y la inversión financiera no siempre llega a los ámbitos donde los recursos son más necesarios.

Por tanto, a situación es particularmente grave tanto en los países menos desarrollados como en las naciones insulares. Desde 1970, los peligros relacionados con el tiempo, el clima y el agua han ocasionado pérdidas en los PEID valoradas en 153.000 millones de dólares, una cantidad muy significativa si se tiene en cuenta que el PIB medio de esos países es de apenas 13.700 millones de dólares. Al mismo tiempo, los desastres naturales han ocasionado la muerte de 1,4 millones de personas en los países menos adelantados, lo que supone casi el 70% de las víctimas totales en el último medio siglo.

Sin embargo, a pesar de estos enormes costes humanos y económicos, solo 75 Miembros de la OMM, el 39 % del total, han indicado que prestan servicios de predicción que tienen en cuenta los impactos climáticos, y la mayoría son países industrializados de Europa y Asia. La difusión de alertas sigue siendo muy precaria en muchos países en desarrollo, y los avances en las tecnologías de comunicación no se aprovechan plenamente para llegar a las personas en situación de riesgo. En este sentido, África presenta las mayores deficiencias en materia de capacidad: solo 44 personas de cada 100 están cubiertas por sistemas de alerta temprana contra desastres naturales.

La buena noticia es que los recursos destinados a la financiación para el clima han alcanzado niveles sin precedentes, y en en 2018 superaron por primera vez el umbral del medio billón de dólares. No obstante, las medidas adoptadas hasta la fecha son insuficientes para abordar un escenario de calentamiento global de 1,5 °C, que es el mínimo previsto por el Acuerdo de París: la OMM estima que se necesitará una inversión adicional de 180.000 millones de dólares anuales durante el período 2020-2030 para cubrir las deficencias.

“La COVID-19 ha convertido el riesgo en una cuestión que nos compete a todos. Debemos trasladar esta percepción y esta dinámica a una lucha mucho mayor que confronta nuestro planeta a una crisis más intensa, más devastadora y de mayor envergadura: la emergencia climática. La reducción de riesgos, y en particular la adaptación al clima, requiere de una sólida gestión y de la adopción de un enfoque que tenga en cuenta múltiples peligros” ha asegurado Mami Mizutori, representante especial del Secretario General de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres. Pero para lograrlo, es necesario volcarse con los países menos desarrollados.



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