La producción vinícola española, en riesgo por el aumento de calor

Un estudio señala que en un hipotético escenario donde la humanidad no limite el aumento de la temperatura mundial, cerca del 85% de las tierras óptimas para el cultivo de la vid dejarían de serlo, a no ser que los productores se focalicen en una reorganización de la producción. En este caso, las pérdidas serían mucho menores


Hablar del vino es hablar casi de la misma historia de la humanidad ya que se trata de un producto que ha sido elaborado y consumido desde el inicio de las primeras civilizaciones. Sin embargo, es posible que este manjar nos deje de acompañar en un futuro como consecuencia del aumento de las temperaturas, que amenazan con volver inadecuadas más del 77% de las tierras óptimas para el cultivo de vid destinado al vino a nivel mundial.

En el caso de España o Italia, la producción de estas uvas estaría abocada al desastre: en estas regiones, ya se cultivan especies adaptadas al calor, por lo que un incremento de las temperaturas podría suponer que el 90% de las tierras óptimas para el cultivo de la vid dejarían de serlo.

Ante este panorama, un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences propone la reorganización de los cultivos vinícolas como solución para mitigar las pérdidas hasta un tercio si se sobrepasa el objetivo de dos grados pactado en el Acuerdo de París.

“Las uvas de vino son extremadamente sensibles al clima, especialmente a la temperatura. Por ello, descubrimos que, al variar los cultivos con especies más tolerantes, se podrían reducir los daños de forma significante, de un hipotético 56% y 85%, hasta un 24% y 56% respectivamente”, señala Elizabeth Wolkovich, profesora de ciencias forestales y de conservación en la Universidad de Columbia y autora del estudio.

Para poder llegar a esta conclusión, los investigadores, también liderados por Ignacio Morales-Castilla, de la Universidad de Alcalá, se centraron en 11 variedades populares de uvas dedicadas a la producción de vino, de las cuales existe gran cantidad de información fenológica que ayudó en gran medida a los expertos.

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Ejemplo de ganancias y pérdidas en la producción vitícola dentro de los principales países productores de vino y para dos variedades populares. Los datos están en un escenario de dos grados | Foto: Ignacio Morales-Castilla

Después, los expertos construyeron modelos para cada una de esas especies con el fin de conocer cuándo florecería y madurarían por separado en un escenario donde no hubiese incremento de temperatura, en otro donde esta se situase en dos grados y otro donde se elevase a cuatro grados.

Los resultados mostraron que las perdidas serían inevitables en ambos escenarios de calentamiento, debido a las temperaturas cambiantes y los cambios estacionales que afectarían las condiciones mientras las variedades maduraban.

La viticultura mediterránea, en peligro por el cambio climático

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En concreto, destacan que con un aumento de dos grados y sin intentos de adaptación, el 56% de las zonas vitivinícolas del mundo se tornarían inadecuadas para el consumo de vino. No obstante, si los viticultores cambian a variedades más adecuadas en este escenario, es posible que solo se pierdan el 24%.

“Por ejemplo, en la región de Borgoña en Francia, el mourvedre y la grenache prodían sustiruir al pinot noir., ya que las primeras están más adaptadas a las altas temperaturas”, explica Elizabeth Wolkovich.

Con un aumento de cuatro grados a escala global, las pérdidas se podrían elevar hasta el 85%, y a reorganización en este escenario podría disminuir las perdidas hasta el 58%.

“Las regiones vitivinícolas pueden adaptarse a un nivel más bajo de calentamiento, pero a un calentamiento más alto, esta tarea se volvería más complicada”, comenta Ignacio Morales-Castilla.

Asimismo, los expertos señalan en estudio, que las zonas vinícolas situadas más al norte, como las alemanas, prácticamente no notarían los cambios, sobre todo en escenarios de dos grados. Sin embargo, aquellas situadas más al sur, como las españolas, sufrirían las mayores pérdidas al estar ya limitadas al cultivo de variedades cálidas.

El desafío de la transformación

El cambio en la producción para salvar el sector supone también una transformación en los hábitos de consumo de las personas que, entre otras cosas, puede presentar desafíos legales, culturales y financieros significativos.

No obstante, para Elizabeth Wolkovich, es posible que estos problemas se puedan llegar a superar algún día, siempre y cuando los productores se sientan cómodos y receptivos al cambio.

“La efectividad de cualquier estrategia depende tanto de los productores de uva como de las personas en general. Los consumidores que estén dispuestos a probar nuevas variedades pueden desempeñar un papel importante para ayudar a salvar las regiones que la gente ama. La legislación puede alentar a los productores a probar nuevas variedades. Y en última instancia, las personas pueden tener el mayor impacto a través del trabajo para reducir las emisiones a nivel mundial “, destaca la autora.

Por su parte, Ignacio Morales-Castilla aclara que también se deberá aumentar nuestra información acerca de los nuevos cultivos si se pretende desarrollar estrategias de resiliencia efectivas en los nuevos productos: “Las uvas para vino poseen una diversidad tremenda, pero gran parte de esa diversidad aún no está bien documentada ni utilizada por los productores a nivel mundial”, concluye.



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