Promesas y recelos: EEUU intenta liderar los esfuerzos climáticos

Promesas y recelos: EEUU intenta liderar los esfuerzos climáticos

Tras anunciar en su cumbre virtual sobre el clima un recorte de emisiones del 52% en la próxima década, Joe Biden aspira a colocarse en posición de liderar la lucha contra el calentamiento global aunque todavía tiene que pasar de las palabras a los hechos


En la Administración Biden todo es una coreografía. El calendario de decretos está cuidadosamente marcado, dividido en unidades temáticas. Unas semanas se dedican a la lucha contra el virus y otras a las medidas económicas. Hay gestos, anuncios a cuentagotas, efemérides y pequeños actos públicos que tratan de mantener la atención de los medios. Un ejemplo ha sido esta última semana: la semana del clima.

Despues de firmar junto a China un comunicado de compromiso contra la “crisis climática” y de ir dando pequeños avances durante la semana, el presidente de EEUU, Joe Biden, anunció este jueves sus nuevos objetivos de recorte de emisiones contaminantes. Estados Unidos promete reducir los gases de CO2 un 52% en 2030, con respecto a niveles de 2005. Aproximadamente el doble de lo que había anunciado Barack Obama y en línea con las recomendaciones que dieron algunos think tanks climáticos, como el Natural Resources Defense Council.

Con ese recorte del 52% en la próxima década, EEUU espera colocarse en posición de limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius para el año 2100, en comparación a los niveles pre-industriales. Si no se implementara esta misión, según la estimación de Naciones Unidas, el calentamiento podría llegar a 3 grados y tener consecuencias climáticas y socioeconómicas irreversibles.

“América ha vuelto. Retornamos al Acuerdo Climático de París y estamos preparados para animar al mundo a afrontar la crisis climática. Hagámoslo”, dijo Biden, en su cuenta de Twitter, después del anuncio. “Este Día de la Tierra, me enorgullece decir que la ciencia ha vuelto”.

La nueva promesa de Biden coincidió con el inicio de la cumbre virtual del clima auspiciada por EEUU el jueves y el viernes, en la que líderes de 40 países, además de empresarios y del Papa Francisco, se reunieron para intercambiar notas y cerrar compromisos no vinculantes. Entre los asistentes se encontraba el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que pidió “acelerar la transición hacia un futuro descarbonizado” para afrontar la “emergencia climática”.

Los concurrentes participaron en varios paneles dedicados a distintas cuestiones medioambientales, como la creación de empleo en el sector de las energías limpias, la innovación o la recuperación ecológica. 17 de los países invitados suman el 80% de la emisión de gases contaminantes, capitaneados, en este orden, por China, EEUU, India y Rusia; también se sentaron a la mesa algunos de los más contaminados, empezando por Bangladesh, y aquellos que están en peligro de ser tragados por las aguas: las islas de Antigua, Barbuda y Marshall.

Líderes mundiales asistentes a la cumbre virtual convocada por Joe Biden. Foto. EFE/EPA/AL DRAGO / POOL

Canadá y Japón ampliaron sus objetivos de reducción de emisiones: Canadá dijo que las bajará un 40-45% para 2030; Japón, donde, según la agencia Reuters, la industria del carbón ha presionado al Gobierno, un 46%. China prefirió apuntar al largo plazo, sin especificaciones, y Rusia se limitó a prometer que daría más prioridad a las inversiones en energías limpias.

Además de anunciar compromiso y de oficiar la cumbre, la Casa Blanca dijo el miércoles que prolongaría hasta junio la prohibición a las energéticas de arrendar tierras públicas para su explotación, y que retiraría otro de los decretos firmados por Donald Trump: aquel que impedía a los estados, por ejemplo California, fijar sus propios objetivos de recorte de emisiones contaminantes.

El Gobierno demócrata se esfuerza en lanzar señales, en agarrar de un brazo a los aliados, mirarlos a los ojos y jurarles que esta vez va en serio: que quiere luchar contra el cambio climático. La Casa Blanca dice haber colocado la sensibilidad verde en el corazón de su gestión económica. Varias secretarías y agencias forman el Equipo Climático del presidente, una invención del propio Biden. Las políticas medioambientales nacionales tienen una coordinadora, Gina McCarthy, y las exteriores un coordinador: el enviado especial del clima, John Kerry. El proyecto de inversiones más ambicioso desde la época de Lyndon Johnson, el plan de infraestructuras, incluye multitud de medidas verdes. Hay para todos: coches eléctricos, energías limpias, innovación, edificios ecológicos, etc.

Y sin embargo, la palabra de Biden está empañada por la propia dinámica de su país. No es el primer presidente demócrata que promete reducir los gases contaminantes y firma documentos internacionales rodeados de pompa y discursos. Bill Clinton hizo lo propio con el Protocolo de Kyoto en 1998; Barack Obama, con el Acuerdo de París en 2015. En ambos casos las firmas fueron borradas poco después por sus sucesores, George W. Bush y Donald Trump. ¿Qué pasará, entonces cuando un presidente republicano recupere la Casa Blanca dentro de unos años? ¿Volverá a deshacer lo que estamos viendo construirse estos días?

Esa sería la tradición, pero existen algunas señales de que los republicanos se están acercando al consenso científico del cambio climático. Esta misma semana, los conservadores de la Cámara de Representantes desvelaron 30 propuestas de ley para impulsar la innovación energética, aligerar las regulaciones y modernizar la infraestructura. Medidas que, según sus defensores, son más sencillas y aplicables que las de Joe Biden y mucho más que las incluidas en el Green New Deal, propuesto por la izquierda del Partido Demócrata.

El expresidente Donald Trump se caracterizó por su constante favor a las grandes energías tradicionales. El conservador eliminó los objetivos de recorte de gases contaminantes, ordenó abandonar el Acuerdo de París, amplió los espacios naturales accesibles a las petroleras y gasistas y minimizó los poderes de la Agencia de Protección Medioambiental, que recuperó el escueto tamaño que tenía en los años setenta. Pero la opinión pública puede más, y en el medio plazo la tendencia es hacia una mayor sensibilidad verde.

Trump muestra un cartel demostrando su apoyo al carbón durante un acto ante electorales. “Trump saca carbón”, dice el texto. | Foto: Mark Smith

Según una encuesta de Pew Research Center, casi 8 de cada 10 estadounidenses apoyan la idea de invertir en energías alternativas a los combustibles fósiles. Una proporción que sube al 91% entre los progresistas y que ronda el 65% entre los votantes conservadores. Algunas políticas, como la propuesta republicana de plantar 1 billón de árboles, recibe el apoyo de más del 90% de americanos.

Presionados por las grandes corporaciones, inclinadas hacia una retórica y unas políticas más ambientalistas, y por las nuevas generaciones de conservadores, los congresistas republicanos parecen estar más abiertos a afrontar el reto climático. Queda por ver cuántos refrendarán con su voto el plan de infraestructuras de Biden, de 2,25 billones de dólares, que podría aprobarse en verano.

Biden ha de mirar también a su izquierda. Greenpeace dijo temer que esta volviera a ser una cumbre de “promesas vacías” y pidió a los asistentes que dejasen de subvencionar los combustibles fósiles. Una vez conocidas las promesas de EEUU, Kate Blagojevic, de Greenpeace en Reino Unido, declaró que “los objetivos, en sí mismos, no llevarán a recortes de emisiones. Eso implica política y dinero reales. Y es ahí donde el mundo enteros sigue muy descarrilado”.

Aún más a la izquierda, varios activistas volcaron montones de estiércol delante de la Casa Blanca. En EEUU la palabra bullshit, literalmente “mierda de toro”, significa “mentiras” o “pamplinas”. Eso era lo que simbolizaba el estiércol: el convencimiento entre los militantes de que las palabras de Biden no tienen el peso que deberían. La líder ecologista Greta Thunberg lanzó una flecha desde su cuenta de Twitter. Tachó las objetivos de reducción anunciados por EEUU de “muy insuficientes” y añadió que la cumbre, fundamentalmente, era bullshit.

Habrá otras. El próximo gran encuentro sucederá en Escocia el próximo noviembre, cuando se cumplan cinco años de la firma del Acuerdo de París. Los 200 países del mundo tienen previsto actualizar entonces sus promesas de recorte de polución. Desde Naciones Unidas, el secretario general, Antóni Guterres, apremia a los líderes a “hacer más, y más rápido”. La única manera de evitar llegar a ese aumento de temperaturas de 1,5 grados centígrados que, según los cálculos de la organización, sería irreversible para la humanidad. El calentamiento ya es de 1,2 grados.



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