Solo un tercio de la Antártida está libre del impacto humano

Solo un tercio de la Antártida está libre del impacto humano

Un estudio científico ha revelado que tan solo el 32% de la Antártida se encuentra inalterado por la acción humana. La mayoría de ese terreno se encuentra en el interior del continente, donde hay menos biodiversidad, por lo que claman más medidas de protección para proteger la escasa vida de la región


Se podría decir que las áreas prístinas de nuestro planeta se corresponden con unos de nuestros mayores y más frágiles tesoros. Por un lado, estas regiones inalteradas por el ser humano nos ofrecen reductos de pura naturaleza cargadas de valiosísimos servicios ecosistémicos. Por el otro, brindan a la ciencia escenarios de pruebas para medir con exactitud nuestro impacto en la Tierra.

El problema es que son muy pocas las regiones que permanecen inalteradas después de nuestro paso. Se podría decir que la Antártida es uno de ellos puesto que se trata de un continente helado con muy poca superficie adaptada para la vida. De hecho, el Tratado de la Antártida de 1959 blinda al continente solo para usos pacíficos y científicos, por lo que su explotación no está permitida.

Las zonas costeras son las regiones que más biodiversidad esconde la Antártida

Sin embargo, y a pesar de la protección, el ser humano no ha parado de ejercer cierta influencia en el continente desde su descubrimiento, y más ahora que alberga decenas de bases científicas y acoge a cerca de 50.000 turistas cada año, una cifra que promete crecer dada la demanda.

Esta información ha llevado a varios científicos a evaluar el verdadero impacto de los humanos en el continente para calcular cuantas áreas naturales quedan libres de nuestra presencia a través de datos que abarcan 200 años. Los resultados que arrojan son desoladores: tan solo el 32% de la Antártida permanece inalterada.

“Nuestros análisis sugieren que menos del 32% del continente incluye grandes áreas no visitadas. E incluso esto es una sobreestimación. No se han registrado todas las visitas y se están planeando varias travesías nuevas que cruzan grandes extensiones de áreas no visitadas”, comentan los autores del estudio en un artículo en The Conversation.

Solo existen unas pocas áreas, marcadas en morado, que el ser humano no ha visitado | Foto: Leihy, Nature

Antártida es un continente enorme que posee un gran desierto helado, entendiendo desierto como aquellas zonas libres de humanos, de 13.598.148 kilómetros cuadrados, es decir, que ocupa el 99% del continente. La mayoría de las áreas invioladas se encuentran dentro de eso desierto, por lo que para los científicos son malas noticias, ya que poseen una escasa carga de biodiversidad.

“Solo el 16% de las Áreas Importantes para Aves del continente (áreas identificadas internacionalmente como críticas para la conservación de las aves) se encuentran en áreas silvestres. Y solo el 25% de las áreas protegidas establecidas para su especie o valor del ecosistema, y ​​menos del 7% de los sitios con especies registradas, se encuentran en áreas silvestres”, explican los autores.

Por el contrario, la mayoría de la biodiversidad del continente se encuentra en ese 1%, que se corresponde con la península antártica y que es la más explotada por las actividades humanas: “Las zonas con mayor biodiversidad están construidas cerca de las bases científicas y otras rutas con el fin de poder acceder a las muestras con mayor facilidad”, informan los científicos.

“El caso es que cuando las personas un área llena de Biodiversidad, incluso una vez, se corre el riesgo de introducir patógenos, como microbios y esporas de plantas, que tienen el potencial de alterar permanentemente la ecología de la región”, añaden los científicos.

Como los impactos de los humanos pueden llegar a tardar años en recuperarse, los científicos claman por una mayor protección del medio que podría lograrse mediante la expansión de la red existente de áreas antárticas especialmente protegidas. De este modo también se podría beneficiar a la ciencia al conseguir más áreas prístinas para sus estudios.

Además, tienen la esperanza de que la tecnología avance vertiginosamente para lograr que en unos años puedan desarrollarse técnicas de observación más respetuosas con el medio, como podrían ser drones con cámaras.

Tenemos la oportunidad en la Antártida de proteger algunos de los ambientes más intactos y tranquilos del mundo, y evitar una mayor erosión del notable valor de la vida salvaje de la Antártida.”, concluyen los expertos.



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