El viaje republicano a la sensibilidad climática - EL ÁGORA DIARIO

El viaje republicano a la sensibilidad climática

El viaje republicano a la sensibilidad climática

Las medidas contra el calentamiento global, que la ONU ha colocado en el centro de sus prioridades, empiezan poco a poco a colarse en la agenda del escéptico Partido Republicano, hasta el punto de que algunos miembros quieren crear una alternativa ambiental de derechas a las iniciativas demócratas


Argemino Barro | Especial para El Ágora
Nueva York | 1 octubre, 2021


Cada vez más, el clima en Estados Unidos es como un oso enorme que golpea en la puerta de casa y que va destrozando nuestro jardín. Los demócratas dicen que tenemos que pararle los pies de inmediato, antes de que arrase nuestra propiedad. Los miembros del Partido Republicano, por el contrario, no creen que el oso sea tan grande y dañino. Consideran que siempre ha estado ahí fuera, y que los destrozos en el jardín son parte de la vida, como la lluvia o los dolores de espalda.

Sin embargo, algunos republicanos empiezan a temer que, realmente, un día el oso tire la puerta abajo y tengamos que huir por una ventana. Este año hemos visto inundaciones récord en Nueva York, durante los coletazos del huracán Ida hace un mes, y temperaturas de 43 grados centígrados en el normalmente fresco y húmedo estado de Washington: seis grados más que la anterior marca.

En 2020 se registró el mayor número de huracanes de la historia y se quemó un récord de superficie de bosque. Solo en California ardieron 18.000 kilómetros cuadrados, un territorio similar a la suma del País Vasco y Navarra. Desde que se empezó a medir el espacio calcinado, a nivel nacional solo se ha superado la cifra de 10 millones de acres destruidos en tres ocasiones: 2015, 2017 y 2020.

Según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, el año pasado hubo en Estados Unidos una veintena de eventos climáticos perniciosos. Cuatro más que el récord de 2016. Un informe de Naciones Unidas calcula que estos acontecimientos costaron a los contribuyentes americanos un total de 99.000 millones de dólares.

Así que las medidas contra el calentamiento global, que la ONU ha colocado en el centro de sus prioridades, empiezan poco a poco a colarse en la agenda del escéptico Partido Republicano. Una organización que, con pocas excepciones, se ha venido refiriendo a los eventos climáticos como fenómenos puramente naturales, desligados de la actividad humana. En los últimos meses, sin embargo, esta postura empieza a zozobrar en algunos segmentos del partido. El pasado verano, los congresistas republicanos intranquilos por los zarpazos del oso crearon el Caucus Climático Conservador: una alternativa de derechas a las iniciativas demócratas.

“Aquellos que miren a este caucus verán a republicanos a quienes les preocupa esta Tierra, profundamente”, declaró en junio John Curtis, representante republicano de Utah en el Congreso de Estados Unidos. “Nosotros también queremos dejar esta Tierra mejor de como la encontramos. No necesitamos matar a la economía de EEUU para alcanzar nuestros objetivos climáticos. De hecho, es justo lo contrario. Hay una manera de reducir las emisiones sin sacrificar los principios y empleos americanos. Y creo que los republicanos son los adecuados para ejercer el liderazgo”.

El Caucus Climático Conservador cuenta con 56 miembros: en torno a una cuarta parte de los republicanos de la Cámara de Representantes. No es un número desdeñable, sobre todo viniendo de un mandato, el de Donald Trump, que marcó el auge del escepticismo, burlas incluidas, desde que se empezó a hablar del clima en Washington. En cuatro años el presidente republicano se salió del Acuerdo Climático de París, redujo o eliminó los límites a la contaminación en todos los órdenes, otorgó prebendas a la industria de los combustibles fósiles y desdentó a la EPA, la Agencia de Protección Medioambiental que había creado, precisamente, Richard Nixon.

Trump muestra un cartel demostrando su apoyo al carbón durante un acto electoral en 2016. “Trump saca carbón”, dice el texto. | Foto: Mark Smith

Ahora que Donald Trump está técnicamente fuera del paisaje, esta cincuentena de republicanos ha dado el paso de crear una plataforma climática. Un pequeño hito que puede explicarse con distintos factores.

Un primer factor es que los zarpazos del oso están afectando directamente a muchos de sus votantes, que de repente empezarían a mostrarse interesados en oír hablar de medidas climáticas. Si algo no le puede faltar a un político, son sus votos. Y muchos de estos congresistas y gobernadores habrían percibido un discreto cambio de aires en el electorado.

“Las áreas conservadoras son a menudo las más golpeadas por los efectos del cambio climático, y los votantes conservadores han tomado nota”, dice a El Ágora Benji Backer, líder de la American Conservation Coalition, una organización juvenil que trata de concienciar sobre el clima desde posturas conservadoras. “Los granjeros, rancheros y forestales están empezando a sentirse frustrados con los efectos del cambiante clima en sus vidas, y los legisladores conservadores están oyendo cada vez más a esas comunidades. (…) Están siendo cada vez más conscientes de la necesidad de acción y de responder mucho más proactivamente que nunca antes”.

Dos ejemplos concretos: Florida y Texas. Dos estados conservadores, amantes de los bajos impuestos y de las laxas leyes sobre el control de armas, padecen cada vez más a menudo los agarrones y los mordiscos del oso climático.

Las aguas de Florida crecen una pulgada cada diez años y las fuertes lluvias y huracanes son cada vez más frecuentes. Sus habitantes saben cómo responder a estos desastres. Por estas fechas compran baterías y comida enlatada. Si pintan bastos y se quedan sin luz, en medio de una tormenta, piden a sus familiares que dejen de llamar y mandar mensajes, meten la comida en la lavadora y colocan una moneda de un céntimo en un vaso con hielo en el congelador. A medida que el hielo se derrite, baja el céntimo, indicando el grado de descongelación de la máquina.

Pero los trucos domésticos no son suficientes. Los republicanos del estado han propuesto invertir 100 millones de dólares al año en prepararse contra el aumento del nivel del mar. Algunos barrios de Miami, cuyo suelo es de piedra caliza porosa, ya se inundan cuando sube la marea. Las aguas sucias salen por el agujero de la ducha y los depósitos de agua potable se estropean al salinizarse. No es un problema futuro, sino inmediato. Ya está sucediendo. Y el nivel del mar puede subir entre 30 y 40 centímetros para 2040.

Vertido de agua sin tratar en Florida. | Holly Guerrio

Texas no anda desencaminado. El pasado febrero, una ola de frío ártico paralizó el estado. La ciudad de Houston, capital estadounidense de la energía, quedó a oscuras. Los supermercados se vaciaron de productos básicos, se formaron colas kilométricas en las gasolineras y 12 millones de personas amanecieron un día sin acceso a agua potable. El frío noqueó las infraestructuras de gran parte del estado.

Un estudio de la revista Science ligó el fenómeno al calentamiento global. Normalmente, un vórtice polar contiene la masa de aire gélido del Ártico. Si este vórtice se calienta, ya no sirve de muro de contención, así que la masa de aire gélido dice adiós y se va a recorrer el mundo, transformando la cálida Texas en una copia del Polo Norte. Según los autores del estudio, desde hace años el vórtice polar se calienta con el doble de frecuencia que en la década de los ochenta.

En Washington suenan los ecos de estos eventos. “Si vamos a hacer a nuestro país más resiliente frente a los desastres naturales, tenemos que empezar a prepararnos ahora”, declaró el senador de Luisiana, el republicano Bill Cassidy, a principios de septiembre. Demócratas y republicanos, como parte del plan de infraestructura, negociaban un presupuesto para proyectos resistentes al impacto climático.

Otro factor que influye en los republicanos es la juventud. Los votantes jóvenes tienden a estar más preocupados por el cambio climático, como reflejan las encuestas y como demuestran activistas como Benji Backer, que convence a sus correligionarios para que presten más atención al desafío medioambiental.

Una tercera razón puede ser el miedo a quedarse atrás. El mundo entero, a través de foros como el de Naciones Unidas, está cada vez más implicado en la lucha contra el calentamiento global. La Unión Europea expande poco a poco sus leyes al respecto, y hasta China ha prometido reducir sus emisiones contaminantes. Los demócratas han hecho de la cuestión climática el corazón de su discurso y de su agenda. ¿Dejarán los republicanos que otros escriban la historia mientras ellos se quedan mirando?

Si bien se suben al barco medioambiental, lo hacen a su manera. La mayoría no se atreve a tocar el asunto de la reducción de gases de efecto invernadero, ya que iría en contra de su ideología libertaria, que venera la iniciativa empresarial, y de sus enraizados intereses lobistas. Open Secrets tiene la lista de los 20 congresistas que más dinero reciben de la industria del petróleo y el gas. 14 son republicanos.

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Bombas de extracción de petróleo en el estado de Texas, EEUU.

Lo que más cerca han llegado de barajar los recortes son los senadores Mitt Romney y Lindsey Graham, que simpatizan, aunque tibiamente, con establecer un impuesto a las empresas en función del carbono que produzcan. Para los demás sigue siendo una línea roja. Como dice el senador Kevin Cramer, de Dakota del Norte: “Necesitamos estar en una misión anti-carbono, no en una misión anti-combustible”.

La idea conservadora es preparar las infraestructuras para las embestidas del oso climático y apostar por la innovación tecnológica. Dejar que la mano invisible vaya haciendo de las corporaciones entidades más limpias y eficientes: sin tener que hacerlas pasar por los límites, las penalizaciones y los recortes que implicarían los planes estatalistas demócratas. Una actitud lejana al tono urgente que llega desde la ONU, pero distinta, al menos, a la del último presidente republicano.

Mientras tanto, el oso continúa suelto. Un reciente estudio, publicado en la revista Science, estima que, si las temperaturas siguen subiendo al ritmo actual, los niños de hoy en día padecerán tres veces más desastres climáticos que los que padecieron sus abuelos. En concreto, el doble de incendios, 1,7 veces más ciclones tropicales y 3,4 veces más inundaciones de ríos, que los que se registraban en 1960.



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