El calentamiento del vórtice polar, detrás de las nevadas de Filomena - EL ÁGORA DIARIO

El calentamiento del vórtice polar, detrás de las nevadas de Filomena

Los datos del innovador satélite Aeolus de la ESA señalan que un evento inusual de calentamiento repentino en el vórtice polar fue uno de los factores decisivos para que Filomena dejase tantas nevadas en nuestro territorio a principios de año


Para algunos fue una de las mayores nevadas que ha sufrido España en su reciente historia, y no es para menos, ya que durante aquellos días de enero muchas localidades del país quedaron abrigadas por un manto de nieve desplegado por Filomena que llegó a perdurar durante semanas, eso sí, en forma de hielo.

Un fenómeno anómalo originado al mismo tiempo por un suceso atípico que tuvo lugar a principios de este año en la fortaleza de vientos y temperaturas frías que es el vórtice polar ártico, según revelan recientes datos de la Agencia Espacial Europa (ESA, por sus siglas en inglés).

El vórtice polar ártico es una enorme masa de aire helado que se localiza por encima del Polo Norte, concretamente en la estratosfera -entre 10 y 50 kilómetros de altura-. Allí, las temperaturas frías propias del norte quedan separadas de las más cálidas de las latitudes medias con ayuda de la potente corriente en chorro, que no es otra cosa que un flujo de aire oeste-este formado por la diferencia de temperaturas.

En el invierno, con la llegada de las temperaturas gélidas en el norte por la ausencia de sol, el vórtice tiende a estabilizarse, creando una región estable fría alrededor de su eje de rotación localizado en el Ártico. Sin embargo, el equilibrio puede llegar a romperse si ocurren fenómenos de calentamiento repentinos en la estratosfera. Esto desencadena ondulaciones en la corriente en chorro que desplazan el aire frío por las latitudes más bajas.

Imágenes del satélite Aeolus que muestran cómo cambió el vórtice polar en la estratosfera inferior entre el 1 de diciembre de 2020 y el 1 de febrero de 2021 | Foto: ESA

“Un evento de calentamiento repentino fue lo que perturbó las temperaturas estos meses de atrás. Estos fenómenos ocurren en cierta medida todos los años, pero este último fue de gran importancia para la comunidad científica al ser menos común”, señalan desde la ESA.

Para estudiar este tipo de situaciones, la ESA dispone de satélite Aeolus, la primera herramienta en órbita que perfila directamente los vientos de la Tierra desde el espacio. Según detallan, funciona emitiendo pulsos cortos y potentes de luz ultravioleta para después medir el desplazamiento Doppler de la muy pequeña cantidad de luz que regresa al instrumento.

Con esta estrategia es capaz de generar perfiles de la velocidad horizontal de los vientos del mundo, principalmente de aquellos que viajan en los 26 kilómetros más bajos de la atmósfera.

“Nunca se habían observado cambios en la estructura del viento en un repentino evento de calentamiento estratosférico directamente a escala global. Hasta ahora, nuestra comprensión de estos cambios se ha desarrollado utilizando mediciones puntuales, mediciones a lo largo de trayectorias de vuelo de aeronaves localizadas, mediante el uso de observaciones de temperatura y, principalmente, modelos informáticos y análisis asimilativos”, comenta Corwin Wright, investigador de la Royal Society en la Universidad de Bath en el Reino Unido.

“Sin embargo, ahora podemos aprovechar las nuevas mediciones de Aeolus, el primer satélite capaz de observar los vientos directamente en la troposfera superior y la estratosfera inferior, para estudiar este proceso mediante la observación durante este gran evento actual”, añade.

¿Más olas de frío?

Diversos estudios, como el publicado en la revista Geophysical Research Letters, señalan que el calentamiento de las capas atmosféricas impulsado por el cambio climático puede, en cierto modo, reducir las diferencias de temperatura entre las masas de aire frío del vórtice y las cálidas externas con mucha más frecuencia y, en consecuencia, debilitar la corriente en chorro y el vórtice en general.

Esto, en esencia, provocaría que las latitudes más bajas puedan sufrir más olas de frío, mientras que las latitudes altas experimenten olas de calor.

Sin embargo, el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC) de los Estados Unidos advierte que se trata de una teoría controvertida que, aunque apoyada por numerosos científicos, tiene que ser foco de mayor estudio al ser este cambio climático un fenómeno relativamente reciente.



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