Voces y caras de niños nos piden que salvemos el planeta

Voces y caras de niños nos piden que salvemos el planeta

Con motivo del Día Mundial de la Infancia, que se celebra cada 20 de noviembre, se ha lanzado una campaña global en la que han participado más de 250.000 niños que alzan la voz y ponen cara a la naturaleza y a los objetos cotidianos para pedir a los adultos que salvemos el planeta y para denunciar que sus derechos se están viendo reducidos por culpa del cambio climático


Siempre con la alegría que me define, y más aquel día por ser la antesala de otro fin de semana, me puse a trabajar en mis textos. Para algunos puede sonar a cliché rancio, pero si no mimas tu esfuerzo, los resultados no serán para nada los esperados y, por ese motivo, cada palabra, cada frase y cada párrafo tiene que estar contaminado por la felicidad que me llena. Al fin y al cabo, de eso se trata el contar historias: de transmitir emociones.

Lo que nunca llegué a imaginar es que fuese el propio papel en el que plasmé mis líneas quien, en aquella ocasión, tomase mi rol cómo particular ‘contador de historias’ y me atiborrase de emociones. Emociones climáticas, todo sea dicho, porque los ojos y la boca que aquel folio engendró tan solo soltaban una sola frase que repetían sin cesar: “tienes que salvar el planeta”.

Extraño ¿no creéis? Pues por surrealista que sonase, no fui el único a quien se le aparecieron rostros en sus objetos cotidianos al más puro estilo de las Caras de Bélmez. Nada se salvaba: flores, alcantarillas o hasta las zapatillas. Todos tenían algo que decir con distintas palabras, pero con la gracia de ser un mismo mensaje que no era otro que aquel que mi papel me había transmitido tan repetidamente.

Lo más curioso fue que todas las voces emitían un tono particular que más bien recordaban a las voces de los niños, con sus característicos balbuceos y espectros agudos llenos de sinceridad. ¿Tal vez eran niños reencarnados en objetos? ¿Alguna broma de mal gusto? ¿O simplemente eran infantes de verdad que nos querían decir algo?

 

A las pocas horas todos comprendimos lo que estaba ocurriendo. Todo era una macro obra a escala global del artista danés-islandés Olafur Eliasson que puso en marcha durante el pasado mes de julio, justo cuando comenzamos a ver las caras de los niños. Su objetivo no era otro que transmitir las preocupaciones, soluciones, ideas y frustraciones de los niños con respecto al cambio climático de tal modo que a nosotros, los adultos, no nos quedase otra más que escucharlos. Y vaya si lo consiguió. 250.000 niños de 70 países participado en el proyecto con sus mensajes y sus expresiones faciales.

“El arte y la cultura proporcionan un espacio, un punto de encuentro, para conectar y compartir opiniones, a la vez que se celebran las diferencias. Cuando te comprometes con una obra de arte puedes tener la sensación de sentirte escuchado al ver tus ideas reflejadas en la forma y la estructura de una obra de arte. Para mí este intercambio bidireccional es esencial“, reconoció el artista Eliasson.

Que los niños protagonizasen esta obra disruptiva, conocida como Earth Speakr, no fue una mera casualidad ya que ese proyecto se enmarca a su vez en el Día Mundial de la Infancia, que precisamente la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebra cada 20 de noviembre para conmemorar la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (1959) y la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989).

En concreto, esos dos tratados internacionales establecen una serie de derechos para los niños y las niñas, incluidos los relativos a la vida, la salud y la educación, el derecho a jugar, a la vida familiar, a la protección frente a la violencia y la discriminación, y a que se escuchen sus opiniones.

En la actualidad, vivimos en un contexto en el que estos derechos penden de un hilo debido a los impactos del cambio climático que, por otro lado, exacerbará la situación de millones de niños que no pueden acceder de por sí a algunos de estos derechos. El ejemplo más claro es el acceso al agua de calidad, recurso que en el futuro reducirá su disponibilidad debido a factores climáticos y humanos.

La pandemia ha reducido a muchos niños el acceso a estos derechos, como es el caso de la educación

Sin agua, por supuesto, tampoco existirá una correcta alimentación para estos niños. Por no hablar tampoco de que el agua es fuente de vida e, irónicamente, de muerte ya que una gestión deficiente de este recurso puede impulsar la transmisión de enfermedades mortales.

Por este motivo, “la humanidad debe hacer uso de este día como un punto partida en el que llevar a cabo medidas con las que defender, promover y celebrar los derechos del niño”, tal y como señala la ONU. La obra de Olafur Eliasson es tan solo una muestra más de la necesidad de visibilizar los problemas de los niños.

Proyecto Earth Speakers, del artista Olafur Eliasson.

Al fin y al cabo, los niños son los que van a heredar este mundo en grave crisis y ellos, a diferencia de los jóvenes, no han tenido la oportunidad de ser considerados como lo que realmente son dentro de esta sociedad. Nosotros, como adultos, tenemos la oportunidad de exigir oportunidades y soluciones más justas, equitativas y progresivas para que puedan disfrutar del mundo tal y como hicieron las anteriores generaciones.

Ahora bien, se nos acaba el tiempo para conseguirlo. La ciencia ha establecido el año 2030 como la fecha límite para alcanzar todos nuestros Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) con los que salvaguardar nuestro presente y el futuro de estos niños y jóvenes.

Por suerte, tenemos de nuestra parte el combustible más preciado del mundo para mover el motor de nuestro desarrollo, y que no es otro que la felicidad, alegría e inocencia con la que los niños nos trasmiten que su historia en este planeta puede tener un bonito final.



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