Europa celebra su “último” día internacional sin pajita de plástico

A partir de julio de 2021, la pajita de plástico estará prohibida en toda la Unión Europea. Este invento de usar y tirar que tarda 500 años en degradarse tiene un fuerte impacto ambiental, contamina los océanos y ahoga especies marinas


Las pajitas, cañitas o popotes son objetos que podríamos considerar prescindibles e innecesarios, sin embargo, son el quinto residuo más habitual en las playas, tras las colillas, los envases, las botellas y los tapones de plástico. Por eso, como parte de su estrategia global contra los residuos plásticos y en favor de la economía circular, la Unión Europea decidió hace ya un par de años que a partir de el próximo 3 de julio de 2021, los países tendrían que introducir en su legislación una nueva normativa que prohíba las pajitas y otros objetos de plástico no reutilizables, como los bastoncillos para los oídos o los platos y cubiertos de un solo uso. En España, esta obligación europea se verá transpuesta en la Ley de Residuos y Suelos Contaminados, cuyo anteproyecto fue aprobado el pasado julio y que el Gobierno espera ratificar en el segundo trimestre de este año.

Esto significa que, este 3 de febrero, los países miembro de la UE celebran su “último” Día Internacional sin Pajita de Plástico, una jornada que tradicionalmente sirve para concienciar al ciudadano de la importancia de no utilizar este tipo de productos de usar y tirar. Pero, aunque a partir de julio este y otros objetos de un solo uso serán cosa del pasado en Europa, la batalla no termina aquí, ya que, por un lado, aún hay muchos países en los que las pajitas siguen estando disponibles. Pero, sobre todo, porque quedan todavía muchos objetos de plástico contaminantes que seguimos utilizando, y el problema se ha visto agravado por la pandemia de coronavirus.

Efectivamente, según apunta un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), publicado esta misma semana, la producción, el uso y el comercio de plásticos no reciclados siguen creciendo en la UE, por más que la Comisión lance políticas e iniciativas contra su uso. En apenas un año, el aumento de los desechos plásticos de un solo uso se ha disparado debido a la demanda de mascarillas, guantes y equipos de protección, además del crecimiento de recipientes de comida para llevar y embalajes de plástico para las ventas online.

Además, aunque muchos países, sobre todo naciones costeras con graves problemas de residuos plásticos en sus aguas como Tailandia o Nueva Zelanda, han seguido los pasos de la UE y han prohibido también las pajitas, en el mayor consumidor de este tipo de productos del mundo, Estados Unidos, sigue habiendo una normativa ambivalente al respecto. Si bien es cierto que muchos Estados, como Washington o California, han prohibido que los locales de hostelería repartan pajitas de forma indiscriminada, todavía es posible obtenerlas si el consumidor así lo desea, por lo que el cambio apenas se está notando. El año pasado, cuando ya era efectiva esta prohibición en varios Estados, en EEUU se utilizaron casi 500 millones de estos productos de usar y tirar al día.

Y eso que, actualmente, las opciones para sustituir la pajita de plástico son múltiples: de acero inoxidable, de madera, de papel, de cristal, de pasta, de bambú… Hoy en día se comercializan hasta pajitas comestibles, una variedad que ha permitido que muchas empresas den el salto sin esperar a que la normativa les obligue. Gigantes de la restauración como McDonald’s o Starbucks ya ha anunciado su completa eliminación para sustituirlas por otras de papel.

Peligroso para la fauna marina

El vídeo tiene ya cinco años, pero sus imágenes siguen impactando igual. Unos biólogos norteamericanos extraen una pajita de plástico de más de diez centímetros que estaba clavada en la nariz de una tortuga olivácea (Lepdochelys olivacea) en Costa Rica, dificultándole seriamente la respiración.

La contribución de las pajitas a la contaminación marina no es nada desdeñable. Estos pequeños productos de plástico, como muchos otros del mismo tipo, no se reciclan. Terminan en vertederos, son incinerados, o peor aún, contaminan nuestras aguas. Allí se acumulan gracias a las corrientes y forman junto con otros desperdicios enormes islas de basura, que giran en cada uno de los cinco océanos del planeta haciéndose cada vez más grandes: el gran parche de basura del Pacífico tiene ya dos veces el tamaño de Francia.

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Las pajitas se encuentran flotando en todas estas islas, donde a menudo las aves, los peces y otras especies marinas las confunden con alimento. Esto conlleva que, por ejemplo, haya madres que alimentan con lo que creen que son bocados nutritivos a su pollito solo para descubrir que la cría muere por un estómago hinchado por desechos plásticos.

Los plásticos no son biodegradables: se descomponen en piezas cada vez más pequeñas hasta que son microscópicas, dando lugar a microplásticos. Cuando la vida marina consume estas diminutas piezas, su dificíl degradación y las toxinas que contienen interfieren con sus sistemas respiratorios y reproductivos, causándoles serios problemas de salud e incluso la muerte.



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