El año de la pandemia ilumina una reconstrucción en verde

El año de la pandemia ilumina una reconstrucción en verde

Termina un año marcado por la pandemia del coronavirus y también por la emergencia del cambio climático. Dos retos a los que se enfrenta la humanidad globalizada. Las alianzas y la cooperación entre países y actores sociales que se ha puesto en marcha para luchar contra la Covid-19 son las herramientas necesarias para poner en marcha una reconstrucción verde que alumbre un mundo más sostenible y saludable


El 2020 será conocido para siempre como el año de la pandemia. El coronavirus ha generado una conmoción global sin precedentes. Ha habido otras epidemias en la historia, pero nunca antes habían golpeado de forma tan rápida y extensa a toda la humanidad.

Vivimos en una sociedad globalizada y el coronavirus nos ha mostrado de forma abrupta hasta qué punto estamos realmente conectados y dependemos unos de otros.

La Covid-19 ha mostrado nuestras debilidades, pero también nuestras fortalezas. En apenas unos meses, la colaboración entre gobiernos, comunidad investigadora y empresas ha logrado la aprobación de las primeras vacunas, acelerando por 10 el tiempo que suele tardarse en conseguir un remedio de este tipo. Un gran ejemplo del ODS17, Alianzas para lograr los Objetivos, que la ONU describe como esencial para cumplir con la Agenda 2030 de la sostenibilidad.

Es una muestra de cooperación que también se ha visto en la convivencia internacional. En siglos pasados es casi seguro que una enfermedad como esta hubiera generado conflictos entre países que ahora hemos podido evitar gracias a una buena gobernanza global.

Cambio climático

Este 2020, ha sido también el año del cambio climático. Se han acumulado evidencias de hasta qué punto ha cambiado el clima del planeta. Comenzamos el año con los devastadores incendios de Australia; hemos vivido la peor época de huracanes en el Atlántico, algunos de los cuales empiezan a virar hacia Europa; hemos visto las temperaturas globales subir de forma acelerada y hemos contemplado cómo la presencia de CO2 en la atmósfera alcanzaba las 410 partes por millón, un nivel no conocido en millones de años.

Al mismo tiempo, el virus ha impedido que se llevara a cabo la cumbre del clima de Glasgow, donde los países debían tratar de ponerse de acuerdo para reducir emisiones.

Podría pensarse que ha sido un año negro para el clima. Y, sin embargo, hay numerosas señales de que las cosas han cambiado para mejor.

En primer lugar, hemos tomado conciencia de hasta qué punto somos vulnerables a problemas globales. Y coronavirus y cambio climático son los dos frentes que afrontamos. También hemos comprobado que la acción concertada puede solucionar problemas. De hecho, hasta hemos visto cómo el parón de actividad hacía disminuir de forma brusca las emisiones. Hemos tomado conciencia de nuestra capacidad de acción y hemos recuperado el interés por vivir en ciudades y entornos habitables.

Al mismo tiempo que los mercados de petróleo se desplomaban, acelerando un proceso que ya estaba en marcha, ha habido cambios en China y EEUU, los dos grandes emisores de gases de efecto invernadero. El nuevo presidente Biden promete una agenda verde basada en las renovables. Y Pekín ha declarado por primera vez que aspira a ser carbono neutral en 2060. Es un cambio radical que augura un 2021 de avances en la negociación climática internacional.

“En tiempo récord, la colaboración entre gobiernos, comunidad investigadora y empresas ha logrado la aprobación de las primeras vacunas”

Reconstruir en verde

El gran debate ha sido cómo volver a la actividad tras la pandemia. Y ha quedado claro en Europa, en nuestro país y en muchas naciones que tiene que ser una reconstrucción verde, centrada en la sostenibilidad, la economía circular y baja en carbono.

Esa es la gran esperanza, que el golpe del coronavirus haya generado un cambio en las agendas y las mentalidades.

El agua es el camino

Este año también ha servido para darnos cuenta de hasta qué punto son importantes los recursos hídricos en nuestras vidas. Jabón y agua han sido útiles herramientas de prevención. Y durante el confinamiento, los ciudadanos han disfrutado de abastecimiento y depuración asegurados. De hecho, el análisis de las aguas residuales se ha mostrado como un indicador eficiente de la presencia de virus en la población. A todo ello han contribuido las empresas y actores del ciclo urbano del agua, que demandan las inversiones necesarias para mantener la calidad del sistema y prepararlo para la adaptación al cambio climático.

Desde El Ágora, solo cabe desear que 2021 sea mejor que 2020… y que viremos al verde y al azul del agua en la reconstrucción.



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