La sequía, el mayor motor de las migraciones climáticas

La sequía, el mayor motor de las migraciones climáticas

La sequía, el mayor motor de las migraciones climáticas

El Banco Mundial analiza en un informe cómo los impactos hídricos del cambio climático influye en los desplazamientos de población y pide a los gobiernos de los países en vías de desarrollo que prioricen las inversiones en resiliencia urbana para mitigar las consecuencias del exceso o falta de agua


Nicolás Pan-Montojo
Madrid | 3 septiembre, 2021


El agua siempre ha influido en el lugar donde vivimos. Un rápido vistazo al mapa de cualquier país del mundo sirve para comprobar la enorme importancia que han tenido y tienen los recursos hídricos a la hora de determinar la situación de ciudades, pueblos o explotaciones agrícolas, que buscan siempre situarse junto a fuentes que les garanticen el líquido vital como ríos, lagos o acuíferos. Sin embargo, a medida que el cambio climático acelera la crisis hídrica mundial con un aumento de las temperaturas y cambios en las precipitaciones, cada vez más personas se ven obligadas a abandonar su lugar de residencia por culpa de la falta o el exceso del agua. De los más de 1.000 millones de migrantes que se estima existen en el mundo, al menos un 10% está motivado a buscar una vida mejor en otro lugar por culpa del déficit hídrico, según un informe publicado recientemente por el Banco Mundial y presentado en la Semana Mundial del Agua de Estocolmo.

En concreto, el estudio está dividido en dos partes. El primero, titulado Agua, migración y desarrollo examina el vínculo entre el agua y la migración, centrándose principalmente en las implicaciones para el desarrollo económico de los movimientos de población entre diferentes países y basando su análisis en  del mayor conjunto de datos sobre migración interna jamás reunido, que abarca casi 500 millones de personas en 64 países entre 1960 y 2015, y varios conjuntos de datos a nivel nacional y mundial que se han combinado por primera vez. El segundo, Agua la sombra del conflicto, aborda la interacción que tienen las guerras con los recursos hídricos y la dinámica migratoria, especialmente en una región de Oriente Próximo y África del Norte que, como alertaba Unicef la pasada semana, está viendo cómo los conflictos armados exacerban sus problemas de agua.

En cualquier caso, el informe despeja cualquier duda sobre el hecho de que el cambio climático esté impulsando las migraciones y el agua sea un importante factor en ellas, ya que sobre todo “la fuerte variabilidad de las precipitaciones impulsa a las personas a buscar mejores perspectivas en otros lugares”. Actualmente, diecisiete de los países del mundo, hogar del 25% de la población mundial, ya están experimentando un estrés hídrico extremo que plantea desafío que se sienten de manera desproporcionada en el mundo en desarrollo: más del 85% de las personas afectadas por la variabilidad de las precipitaciones viven en países de ingresos bajos o medianos.

“Explorar la relación entre el agua, las migraciones y el desarrollo se vuelve aún más relevante a medida que el cambio climático agrega cada vez más tensiones al ciclo del agua”, explican los autores del estudio, liderados por el académico Esha Zaveri, en el prólogo del mismo. “Los choques de precipitaciones, en los que las lluvias están muy por debajo o por encima de los niveles normales, ya son cada vez más frecuentes, y hacerles frente puede presentar uno de los desafíos más difíciles que enfrenta la humanidad”, aseguran, antes de alertar que los impactos del calentamiento global en el agua “no son una amenaza inminente en el horizonte lejano, sino que están sucediendo aquí y ahora“.

sequías
Las sequías producen impactos de gran envergadura en las poblaciones.

Según apuntan desde el Banco Mundial, las personas migran porque sienten que sus vidas mejorarán y tienen los medios para hacerlo. Además, por lo general, la mayoria de las migraciones ocurren dentro de un país y no a través de fronteras internacionales. Sin embargo, las mayores presiones ambientales que se ejercen sobre las zonas rurales que dependen de la agricultura para su sustento están detrás del hecho de que la sequía aparezca como el gran motor de los desplazamientos por motivos climáticos: los habitantes del planeta tienen hasta cinco veces más probabilidades de moverse después de sufrir condiciones prolongadas de sequía que después de inundaciones o períodos de exceso de agua.

Tal y como explicaba Zaveri durante su conferencia en la Semana Mundial del Agua de Estocolmo, el hecho de que las inundaciones tengan menor probabilidad de inducir a migraciones que la sequía se explica por varias razones que, en cualquier caso, deberían ser estudiadas más a fondo en futuros estudios. Por un lado, las comunidades “pueden ser más capaces de adaptarse a las inundaciones periódicas” que a una sequía prolongada, ya que el ser humano cuenta con mas medios técnicos y humanos para frenar las crecidas. Por otro lado, las fuertes lluvias pueden producir en los agricultores “una perspectiva de mejores cosechas en el futuro”. Lo único que sí parece claro es que esta tendencia no hará más que magnificarse a medida que el cambio climático se intensifica y las crisis meteorológicas exacerban inevitablemente las vulnerabilidades y tensiones sobre los recursos hídricos.

Las ciudades como destino

Por supuesto, las diferentes características de cada crisis hídrica influyen mucho tanto en el volumen como en el espacio temporal de las migraciones climáticas. Es más probable que una estación seca u otro evento a corto plazo que reduzca los salarios agrícolas conduzca a una migración estacional, mientras que un evento catastrófico, como una sequía profunda o prolongada, una inundación devastadora o un conflicto, es más probable que lleve a un mayor número de reubicaciones permanentes. De manera similar, la distribución de oportunidades, las leyes internacionales y las características individuales de los migrantes serán factores que determinarán si los migrantes se reubican a tanto a nivel nacional o internacional.

Eso sí, esta realidad no significa que haya oleadas de pobres “refugiados del agua” que migran para escapar de la sequía. En realidad, son los más pobres quienes a menudo carecen de los medios para migrar, incluso cuando hacerlo podría mejorar sus medios de vida y perspectivas: los residentes de países poco desarrollados tienen hasta cuatro veces menos probabilidades de mudarse que los residentes de países de ingresos medios. Sin embargo, centrarse en las características y factores que llevan a la migración no deben hacernos olvidar, según apunta el Banco Mundial, la otra cara de la moneda: las ciudades y su condición de receptoras netas de inmigrantes.

Centro de refugiados en Ciudad Hidalgo (México). | Foto: Saeschie Wagner

Y es que, a nivel mundial, las migraciones climáticas se dejan sentir más agudamente en las ciudades, que ahora albergan al 55% de la población de la Tierra. Ante esta situación, las ciudades deben considerar las implicaciones políticas de su creciente población, lo que implica planificar de manera acorde no solo a la cantidad de migrantes que reciben, sino también al capital humano que traen consigo. Según apunta el informe, “los trabajadores migrantes que abandonan regiones con menos precipitaciones y frecuentes sequías suelen poseer niveles educativos y de habilidades más bajos que otros trabajadores migrantes”, lo que implica “salarios significativamente más bajos y menos acceso a servicios básicos en su destino”.

Dado que el cambio climático y la afluencia de nuevos residentes ejercen una presión cada vez mayor sobre la infraestructura hídrica existente (que incluso en países desarrollados tiene problemas de ineficiencia por la baja renovación), muchas ciudades corren el riesgo de llegar al “día cero”, que designa en el momento en el que las reservas de agua están casi agotadas y es necesario proceder a cortes en el abastecimiento. En este sentido, no debe haber solo una perspectiva social sino económica, ya que tal y como apunta el Banco Mundial “las políticas y la infraestructura necesarias para desarrollar la resiliencia del agua son costosas, pero una sequía es mucho más costosa y puede reducir el crecimiento económico de una ciudad hasta en un 12%”.

Aumentar la resiliencia urbana

Además de realizar un análisis de cómo el exceso o falta de agua afectan a las migraciones, el Banco Mundial también aprovecha su extenso informe en dos volúmenes para formular recomendaciones sobre los pasos a seguir para evitar que se intensifique el problema. Por supuesto, la lucha climática y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero es una prioridad absoluta tanto el medio como en el largo plazo, pero hasta el mundo se sitúe en el buen camino para llegar a este objetivo es importante buscar soluciones y políticas más concretas y realizables, sobre todo en ese ámbito urbano que es receptor neto de migraciones.

Las ciudades situadas en las regiones en desarrollo son las que tienen mayores oportunidades para reorientar su planificación hídrica.

Tanto en las ciudades como en las zonas rurales, existe una necesidad urgente de desarrollar la resiliencia del agua. Las inversiones centradas en las personas como la mejora del suministro de agua y saneamiento urbano o la creación de redes de seguridad financiera, además de en sectores clave la educación, la atención médica y la vivienda para los migrantes pobres pueden ayudar a proteger a los más vulnerables contra las crisis graves relacionadas con el agua. Las ciudades también pueden implementar mejores prácticas hídricas, como reducir la demanda de agua, reciclar las aguas residuales, recolectar aguas pluviales y rediseñar las áreas urbanas para que se asemejen a esponjas que absorben agua y la almacenan bajo tierra.

Al mismo tiempo, también es necesario proteger los medios de subsistencia en las áreas desde las que las personas están migrando. Estas comunidades vulnerables se beneficiarían de innovaciones y mejoras como las técnicas agrícolas climáticamente inteligentes, el riego teledirigido por agricultores y las infraestructuras verdes para amortiguar la variabilidad y la escasez del agua. Eso sí, es importante que las medidas a corto plazo para reducir el impacto de las crisis de agua se complementen con estrategias a más largo plazo para ampliar las oportunidades y desarrollar la resiliencia en estas comunidades, sobre todo en un escenario de calentamiento global que supere lo expuesto en el Acuerdo de París.



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