Mejorar el impacto ambiental, tarea pendiente del emprendimiento español

Mejorar el impacto ambiental, tarea pendiente del emprendimiento español

Un nuevo estudio revela que gran parte del emprendimiento en España se preocupa aún relativamente poco por su impacto ambiental, aunque hay importantes diferencias según la provincia


El emprendimiento, entendido como el proceso de diseñar, lanzar y administrar un nuevo negocio, es una de las patas del sistema económico actual. Motor de cambio del capitalismo gracias a la innovación que aporta, muchas de las revoluciones tecnológicas que ha experimentado la humanidad en los últimos siglos vienen precisamente de emprendedores que apostaron todo por una idea. Sin embargo, al igual que tantas otras prácticas económicas habituales, el emprendimiento puede tener externalidades negativas sobre el medio ambiente o la sociedad si se preocupa únicamente por la rentabilidad y el beneficio.

Por eso, en los últimos años, la preocupación ambiental, climática y social que cada vez se extiende por más capas de la sociedad ha propiciado la aparición de una forma distinta de lanzar un negocio: el emprendimiento de impacto. Es decir, una actividad emprendedora que a través de su propio modelo de acción contribuye a generar un impacto social o ambiental positivo, dando respuesta a los retos sociales que definen los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, ¿cuál es la situación de este tipo de emprendimiento en España? ¿Qué diferencias existen según las provincias y el modelo de negocio? Para tratar de responder a estas cuestiones, la red Impact Hub acaba de publicar un informe que analiza la realidad de los ecosistemas de impacto en España. El estudio, además, busca ir más allá del prisma económico para entrar de lleno en el terreno de lo socio-cultural y lo ambiental.

“Normalmente, todos los autores que hablaban de emprendimiento lo hacían desde una aproximación meramente económica. Nuestro modelo incluye con la misma importancia el eje social y el ambiental, porque, para que un ecosistema de emprendimiento genere valor, debe tener en cuenta todas las variables”, explica Alberto Alonso de la Fuente, coordinador de la red ibérica de Impact Hub y responsable del Índice de Ecosistemas de Impacto 2020.

Y ha sido precisamente esta aproximación holística la que ha permitido a Alonso y sus colaboradores revelar la preocupante desconexión de las esferas económico-empresarial y sociocultural de la ambiental en el emprendimiento español. “Tenemos un sistema que cuanto mayor desarrollo económico y social aporta, mayor presión a la baja o negativa realiza sobre el medio ambiente”, explica este consultor que ejerce también como profesor universitario en el País Vasco.

Cambiar de mentalidad

El estudio consiste en un modelo estadístico de correlación que permite ver las relaciones existentes entre 103 indicadores que miden cosas tan diferentes como la ruralidad de un territorio o los planes públicos de apoyo económico al emprendimiento. Y ha sido gracias a este trabajo académico que se ha podido probar que el eje ambiental es muy necesario para la generación de riqueza y empleo, por lo que mejorar en este ámbito beneficiaría al conjunto de la economía española.

“No podemos seguir pensando que solamente con medidas de fomento económico los sistemas de emprendimiento van a ser más potentes”, explica Alonso, que pide a los poderes públicos que mejoren la regulación para orientar el emprendimiento hacia el impacto ambiental. Es decir, es necesario que desde el Gobierno se fomente un cambio de mentalidad, por ejemplo a través de leyes que obliguen a medir las consecuencias sobre el medio ambiente y la sociedad de cualquier plan empresarial.

economía de impacto
La economía de impacto contribuye a generar externalidad sociales o ambientales positivas.

“A final de año, por ley, es obligatorio si tu tienes una empresa presentar una cuenta de resultados, un balance con documentos que permiten medir al detalle el impacto económico de una empresa ¿Por qué no se proponen leyes para que se mida ese impacto y las empresas presenten planes de impacto social y ambiental?”, resume Alonso.

Pero, más allá de posibles regulaciones, el informe pone de manifiesto que muchos emprendedores cometen también un error económico al no abordar la cuestión del impacto de manera holística. Y es que, en un mundo en el que el consumidor está cada vez más concienciado, el no centrarse en cuestiones sociales o ambientales es una vía para fracasar en también en lo económico. “Ya no se puede separar la rentabilidad de lo demás, en el siglo XX se podía, pero en el siglo XXI no”, considera Alonso.

Las zonas más dinámicas

Más allá de estas cuestiones generales, el informe también se encarga de clasificar a las diferentes zonas geográficas españolas según la competitividad económica, social y ambiental de sus ecosistemas de emprendimiento. En concreto, las 10 provincias que ocupan las primeras posiciones en ecosistemas de impacto en España son: Álava, Madrid, Guipúzcoa, Girona, Barcelona, Vizcaya, Lleida, Navarra, Tarragona y Huesca.

Aunque aquí se ve claramente la lógica pujanza de las grandes ciudades en temas de emprendimiento por su músculo económico y demográfico, este ranking también evidencia que no todos los ecosistemas mejor valorados son necesariamente los territorios más grandes o poblados. De hecho, provincias como Álava (que encabeza la clasificación), Navarra o Girona, menos pobladas y sin grandes urbes, puntúan de manera muy alta, lo que significa que favorecen mucho el emprendimiento de impacto.

Integrar el cuidado del medio ambiente en las estrategias de empredimiento es clave también a nivel económico.

Además, curiosamente, en el eje ambiental del estudio las cinco provincias más valoradas son las que conforman la comunidad de Castilla La-Mancha. “En el eje ambiental la número uno es Ciudad Real, porque tiene una densidad muy potente de economía rural, una alta sensibilidad de su ciudadanías por cuestiones ambientales y una apuesta del Gobierno regional por la economía de impacto”, explica Alonso, que puntualiza que “lo rural no puntúa por definición mejor en lo ambiental”, como evidencia el caso de Lugo, que está en las últimas posiciones a pesar de su composición demográfica.

En cualquier caso, el hecho de que comunidades como Cataluña, Madrid o País Vasco puntúan muy alto en el ranking de Impact Hub, tiene que ver también con las decisiones políticas que se toman a nivel regional. “El estudio de manera rigurosa no trata la descentralización de competencias, pero podemos intuir que aquellos territorios que tienen un mayor control competencial sobre los ecosistemas de emprendimiento, obtienen mejores resultados”, explica Alonso. Es decir, el hecho de que Madrid, Navarra o Euskadi tengan competencias mucho más desarrolladas en temas de emprendimiento puede influir positivamente en el desarrollo de sus ecosistemas.



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